Narrador Omnipresente Van der Meer siempre había creído que el poder real no hacía ruido. No gritaba, no se mostraba, no necesitaba aplausos. Se movía en pasillos alfombrados, en llamadas sin registro, en favores devueltos con intereses silenciosos. Durante años, la NHL no fue una organización: fue una extensión de su voluntad. Nada importante se decidía sin que su nombre apareciera, aunque jamás figurara en ningún documento. Hasta ahora. La pantalla frente a él mostraba titulares que se multiplicaban como una infección. Corrupción estructural en la NHL. Investigación internacional por sobornos y manipulación de contratos. Jugadores, directivos y figuras clave bajo la lupa. Van der Meer no parpadeó. No porque no entendiera la gravedad, sino porque entendía algo peor: el control se

