POV. Ella El silencio no era paz. Era contención. La casa respiraba distinto de noche. Los muros parecían absorber los sonidos, como si incluso ellos supieran que cualquier error podía delatarnos. No había grillos, ni viento, ni el rumor constante del mar que me había acompañado desde que llegué a Grecia. Aquí el silencio era denso, compacto, incómodo. Me senté en el borde de la cama sin encender la luz. No quería acostumbrarme a verla. No quería sentirme segura. Porque no lo estaba. Mi mano volvió, casi sin darme cuenta, al vientre. Ese gesto ya no me pertenecía del todo; era una reacción automática, primitiva. Protección. Ancla. Miedo. Había cambiado mi vida por completo sin pedirme permiso. No el embarazo. La verdad. Cerrar los ojos no ayudaba. Cada vez que lo hacía veía tit

