Ella El día del control amanece gris, como si el clima hubiera decidido acompañar mi estado interno sin pedir permiso. No llueve, pero el cielo está cubierto de una capa uniforme que no deja pasar demasiada luz. Me visto despacio, eligiendo ropa cómoda, casi neutra. No se nota, pero no quiero a mi hijo en todos los medios de comunicación. Reviso la hora tres veces antes de salir. Falta. Siempre falta. El tiempo se dilata cuando una espera se carga de significado. El trayecto hasta la clínica se me hace corto y eterno al mismo tiempo. Camino unas cuadras, respiro aire frío, me detengo frente al edificio y dudo. No es una duda espectacular. No pienso en huir. Es una pausa mínima, un segundo en el que mi cuerpo parece preguntarme si de verdad quiero cruzar esa puerta. La respuesta es sí

