En el camino hacía Trigo Dorado, Andrés iba de copiloto y Remigio conducía el vehículo. —Me parece que nos están siguiendo. —Andrés veía por el retrovisor constantemente. —¡Siguiendo! —respondió Remigio risueño. —¡Si! , ¿Vez aquellos dos autos azules? —Andrés señalaba a los autos a través del retrovisor—. Desde que salimos del hospital nos vienen siguiendo. —¡No! No creo joven Andrés, quizás con cosas suyas, Remigio aceleró el auto a toda velocidad dejando a los autos que le seguían bien atrás—. Si nos están siguiendo intentarán alcanzarnos. Remigio ya tenía todo planeado para un caso así por lo que le dijo a sus compañeros que si aceleraba a toda velocidad mantuvieran la distancia solo estaba realizando una acción evasiva. Minutos después llegaron al pueblo y los autos no se veía

