Luna se dio la vuelta, sus piernas estuvieron a punto de fallarle. Se agarró del escritorio para no caer, quería demostrar que no tenía miedo, pero era imposible. —¿Por qué te quedas paralizada? ¿Acaso no te da gusto que haya vuelto por ti? He viajado desde mi país para que nos volvamos a ver, preciosa, debes de alegrarte porque de nuevo estaremos juntos como se debe. Luna se estremeció. —¿Cómo entraste aquí? —¿quién te permitió la entrada, si se supone que personas ajenas a la empresa no pueden pasar sin una cita previa? Cuestionó muy agitada y asustada. —Por la plata dicen que baila el mono, cariño. Y hoy lo he comprobado, al parecer hoy es mi día de suerte porque me he encontrado a un viejo conocido y él me ayudó a llegar directo hasta tu oficina. —Pero eso no importa, he venido

