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874 Palabras

Luna no quería quedarse, pero al ver la felicidad reflejada en el rostro de sus hijos decidió darles la oportunidad de que se dieran un banquete. —Sí, yo tengo mucha hambre, ¿Qué vamos a comer mamá? Nosotros solo dos veces hemos comido en un restaurante y a lo mejor sea muy buena la comida que venden aquí. Pero si tú no andas dinero para comprar no te preocupes, en casa comeremos de tu comida que es mucho más rica. Comentó el niño. Eduardo sintió una punzada en su pecho al escuchar lo que su hijo ha dicho, se nota que su pelirroja ha sufrido bastante para poder ver crecer, alimentar y darles el estudio a sus hijos. —No se preocupen chicos, ustedes pidan todo lo que quieran comer, esta vez no va a pagar su madre, yo los estoy invitando. —¡Qué genial!, mamá, tienes un jefe muy bonda

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