127

939 Palabras

Eduardo sonrió. Se lanzó encima de ella y la besó, a cambio recibió una mordida que dejó su labio doliendo y con una gota de sangre saliendo. —Tu boca dice una cosa, pero tu corazón y tus sentimientos dicen otra, tú me amas, cariño. Lo he notado cuando te beso y... te toco. —Me amas, pero tu orgullo de mujer no te deja aceptarlo. —Estás muy equivocado. Mira, si es por mí que vas a dejar de casarte, no lo hagas, no pierdas tu tiempo en rogarme, mejor aprovecha la oportunidad que la vida te da para que compartas tu vida con alguien más. Los niños siempre van a estar para cuando desees venir a visitarlos. La casa no te la puedo despreciar porque es algo que a ellos les corresponde, pero si no estás de acuerdo en ello, nosotros con mucho gusto nos vamos de aquí a otro lugar, total nunca he

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR