Capítulo 8

2017 Palabras
Un contrato vinculador es profundo, cuidado, vale sangre por sangre Hiere latido por latido, Hasta que deje de sangrar… Su pelaje me cubrió del frío y cuando despertaba adolorida, él susurraba palabras amables y yo le creía. A veces lograba abrir mis ojos; pero sin ventana alguna la oscuridad no me permitía verlo. Me sentía demasiado cansada y adormecida, los sueños me llamaban y yo me ahogaba en ellos. El humo llenó mis pulmones, estaba rodeada de fuego por un círculo mágico que nunca había visto antes, fuera de este habían cuerpos inertes y frente a mí una mujer vestida de blanco. No podía ver su rostro por las altas llamas de fuego, pero ella hablaba, decía cosas ininteligibles, en una lengua desconocida para mi. Quería decirle que se detuviera, que no dijera nada más, que me dejara salir de allí. Las llamas empezaban a quemar mi cuerpo y todo a mi alrededor; pero, dolían demasiado, se sentía demasiado real.   —Auxilio —grité. —Debes soportarlo, Katerina —ella gritó de vuelta y lloré. —¿Por qué me haces esto? Me estás matando… Auxilio… Un hombre  muy alto apareció e hizo desaparecer las llamas, miré sus ojos azules sorprendida y nuestro alrededor se cubrió de paredes de piedra y un techo de cristal en forma de cúpula, con enredaderas sobre ella, que bloqueaban un poco la luz del sol. —¿Ha dejado de doler? —preguntó con voz suave y revise mi cuerpo, mis manos aún lucían rojas, pero, ya no ardían en carne viva como antes —. Katerina, sí, luces más como una Katerina. Mis ojos se abrieron ante el sonido de la puerta al abrirse, Madre había regresado por mi y si estaba sorprendida de verme viva, no lo demostró ni un poco. Me puse de pie con energías renovadas y controlé los temblores de mi cuerpo a causa del frío que se filtraba por mi estúpido camisón rosa. —¿Ha terminado mi castigo? —pregunté sin temor y Madre arqueó un poco sus cejas, luego restó importancia a mi súbita valentía y se marchó, dejando la puerta abierta para mi. Salí con cierta duda y revisé el pasillo por si algo más se escondía allí, me encontraba en el segundo piso, en un lugar recóndito de la casa. El suelo de madera no dejaba de hacer ruido con cada pisada que daba, realmente necesitaba una renovación; pero, no veía que Madre estuviera muy interesada en ello. Caminé con lentitud hacia las escaleras, quería volver a mi dormitorio y tomar un buen respiro, mientras pensaba en los últimos acontecimientos. Leonor había enloquecido, Madre me culpaba por no haberla revivido más rápido y con ello justificaba su locura. Y a causa de ello, Madre había intentado matarme, aunque no quería aceptar tal cosa. Siempre fui bien tratada, soy alimentada y Madre me enseña sobre rituales y purificar… No, Bastian dijo que aquello no era purificar. ¿Bajo qué mentiras estaba viviendo? ¿Qué mentiras quería creer más? ¿Qué verdad dolía menos? Cerré la puerta de mi pequeña habitación con seguro, aunque nunca sirvió, con magia es difícil hallar una puerta lo suficientemente fuerte a hechizos. Me dejé caer sobre mi cama y me cubrí los ojos con mi brazo izquierdo, no es que la luz me molestara, apenas y entraba por la pequeña ventana. Necesitaba pensar, necesitaba olvidar y necesitaba… —Niña, lo siento… —¿Por qué? —le pregunté sin mirarlo, podía sentir su peso sobre el colchón, justo a mi lado —, me protegiste de Leonor, es tu trabajo. —También te metí en problemas, han intentado matarte por mi culpa. Soy consciente de ello y es un tema del cual deberíamos hablar con extrema dedicación. —Me salvaste de nuevo, ¿no? —le pregunté y aparté mi brazo para mirarlo —. ¿Usaste mi grimorio? —Mi magia poderosa, también tuya, te protegerá, ¿recuerdas? —explicó. —Supongo que realmente no preste mucha atención a lo que decía —confesé. —¿No sabes nada de ti misma? —me preguntó con sus cejas arqueadas. —No, soy huérfana, ¿recuerdas? Probablemente fui abandonada, mis padres nunca me quisieron y puede que todo esto de ser bruja sea la razón, estoy sola en este mundo porque nací siendo un bicho raro y por eso mismo terminé en este lugar —intenté no llorar, no quería parecer inmadura y actuar como una niña; pero, en el enojo y confusión termine derramando unas cuantas lágrimas de angustia. —No llores niña, es un poco molesto y tu nariz se pone roja y arruina tu cara bonita —dijo a modo de disculpa, se notaba que no era muy bueno consolando. —¿Tengo una cara bonita? —le pregunté. —Bueno, no eres pálida, me gusta tu piel, es clara, cerca de un tono oliva… —explicó mientras me miraba con fijeza, detallando cada parte de mi rostro —, pero un poco más claro… eres como la primavera, cuando el color empieza a regresar al mundo, después de haber sido engullido en un eterno blanco. —Bastian, estás un poco poético hoy —le dije sorprendida y él hizo una mueca extraña que casi me pareció una sonrisa de medio lado. —Como sea, me gusta tu piel —confesó, orgulloso del discurso que había dado. —¿De qué color era tu piel? —pregunté. —Solamente diré que yo soy el invierno —esa fue su corta explicación. —¡Bastian! —¿Qué pasa ahora? —Tus ojos están azules de nuevo —me senté de golpe y lo miré sorprendida —. ¿Qué pasó con el rojo? ¿A dónde se fue? —lo envolví en mis brazos y lo miré más de cerca, él intento escapar. —El rojo se ha ido porque tuve un buen banquete —explicó molesto. —¿Banquete? ¿Tus ojos se ponen rojos cuando tienes hambre?  —Algo así, ahora suéltame que me asfixias —dijo molesto y lo dejé caer sobre mi regazo —. Es bueno ver que ya recuperaste tu energía, estuviste semi consciente por dos días enteros, fue difícil deshacerse del veneno… —Espera, ¿cómo entraste a esa habitación? No vi ninguna ventana y la puerta estaba cerrada… —Soy tu protector, puedo estar donde sea que estés —dijo con indiferencia y se acomodó sobre mis piernas —. ¿Algo más que quieras preguntar? —Te convertiste en un gato gigante —recordé. —Sí, yo tampoco sabía que podía hacerlo, fue una sorpresa para los dos; pero, debía protegerte, así que actué sin pensar, supongo que eso hace parte del hechizo que hiciste. Lamentablemente, tu amiga sabía mal, su carne estaba iniciando su proceso de descomposición —dijo sin mirarme, sus ojos estaban entrecerrados, una señal de que algo le inquietaba, un enigma que no lograba resolver. —Bastian, creo que quieren matarme —confesé, intentando no asustarme del todo aún. —Niña tonta, ¿hasta ahora te das cuenta? Creo que fue obvio desde el momento en que empezaron a enviarte a esas misiones, que tus compañeras murieran debió haberte servido como señal y con lo que dijo la chica de carne en mal estado fue más que… —¿Puedes dejar de hablar sobre su carne? Creo que se me está revolviendo el estómago —le dije, sintiendo náuseas. —Eso es porque no has comido nada —dijo él —, intenté darte un poco de agua y no voy a explicarte cómo, para no empeorar tus náuseas; pero, no fue una tarea fácil. —¿Qué debo hacer ahora, Bastian? —Es sencillo, tenemos que irnos —dijo. —¿A dónde exactamente? Nunca he estado sola, ya sabes, sin un techo y comida. No sé si pueda valerme por mi misma. —Ya lo resolveremos todo a su tiempo —intentó tranquilizarme. Alguien tocó a mi puerta y nos interrumpió, ambos miramos hacia ella con un poco de miedo y esperamos a que quien estuviera al otro lado dijera algo. Ciertamente, alguien dijo mi nombre y se invitó a pasar sin mi permiso, apenas anunciando quién era. Bastián se escondió debajo de la cama mientras Dalila entraba con un plato en sus manos lleno de comida fresca. Dalila se sentó a mi lado y puso la comida en mi regazo, la vi inspeccionar mi piel con cuidado y luego me sonrió con amabilidad, lamentablemente ella siempre lucía terrorífica aunque sonriera. Al ver que no me movía, tomó la cuchara y la lleno de arroz para dirigirla a mi boca. Acepté el bocado porque ella realmente me intimidaba, nunca se me había acercado tanto y su repentino interés en mí me causaba calosfríos. Solamente la había visto hablar con sus proyectos, las chicas revividas a quien les cosió partes del cuerpo, no le gustaba acercarse a los demás.  —Pobre de ti, debiste estar muy asustada —dijo con pesar y pasó su mano por mi cabello —, no te preocupes, ahora todo irá bien —aseguró —. Veo que eres inmune al veneno de serpiente —dijo de repente —, incluso tu piel luce muy limpia, ni una sola marca. ¿Has aprendido un hechizo de sanación a escondidas? Me gustaría aprender también, aunque para eso prefiero usar hilo y aguja. Hubiera sido lindo poder decorar tu cuerpo un poco. Ella tomó mi brazo y empezó a acariciarlo, yo me dediqué a masticar antes de que me diera otro bocado, planeaba seguirle el juego hasta que se aburriera. —Otro poco para ti —me dio otra cucharada y esperó a que lo masticara para meter otro poco de arroz a mi boca —, hice este arroz especialmente para ti, tiene un poco de huevo y cerdo, quiero que recuperes tu energía para que podamos realizar nuestra misión —explicó y tragué con fuerza. —¿Iremos a la misión? ¿Acaso no es tarde ya? —Oh, no. Estamos justo a tiempo, aunque no tendremos mucho tiempo para merodear por allí como me hubiera gustado; pero, estaremos a tiempo para ultimar los arreglos del ritual de la muerte. —¿Muerte? —Sí, es un ritual de lo más bello, hay sacrificios y mucha sangre para compartir, haremos un pacto de por vida y daremos nuestra vida a nuestra señora. Ella nos dará un poder inimaginable y todo irá bien, solamente las brujas más poderosas han sido invocadas, tú ciertamente tienes mucho poder… —Dalila, ¿tú también estás muerta? —pregunté de repente. —¿Tienes miedo de la muerte? Vamos, todos morimos en algún momento. No te sientas mal, no sentirás dolor, ni te darás cuenta. Ni siquiera el animal más fuerte se da cuenta cuando va directo al matadero… —sus dedos se enredaron en mis cabellos —, no más charla, termina tu arroz —me dio otra cucharada y mi labio inferior tembló un poco, así que ella le dio una caricia y sonrió —. Siempre fuiste mi favorita. Empezaba a pensar que en realidad los animales siempre sabían cuando iban al matadero, no me preguntaba cómo se sentían, porque ya tenía una idea al respecto. Sin decir nada más me comí todo el arroz que Dalila había preparado para mi y cuando terminé ella me dejó sola para terminar de empacar para el viaje.  Después de un largo tiempo en silencio, con la sensación de un horrible nudo en la garganta, me armé de valor y busqué mi equipaje debajo de la cama. Puse la maleta sobre mi espalda y sentí el peso extra de un animal vivo en su interior, Bastian estaba allí y lo escuché susurrar, que esperaba tomar una larga siesta. El infeliz me exigió no hacer movimientos bruscos durante el viaje y yo decidí no informarle que viajaría por medio de un vórtice mágico que revolvería todos nuestros estómagos.
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