La primera vida trae tragedias,
la segunda fluye en los días,
como un anhelo lleno de dudas,
sobre memorias no recordadas;
para que en la tercera siempre vivas,
como si fuera tu primera vida.
Fui directo a un área común donde pude tener acceso al viento y el olor de la naturaleza, necesitaba calmarme, aunque realmente no sabía porque estaba molesta. No me gustaba que molestaran tanto a Bastian, pero mi ataque de furia estaba dirigido hacia algo más, algo que no estaba segura de poder recordar. De repente me sentí como si Violet y yo nos conocieramos de otro lugar, pero no lograba recordar de dónde ni cuándo. Estaba segura que nuestros caminos no se habían cruzado antes, las únicas brujas que había conocido eran las del orfanato, y algunas que viajaban leyendo cartas y otras cosas para hacer dinero. Violet ni siquiera me resultaba un nombre conocido, aunque su rostro si me resultara familiar de algún modo extraño. De repente empecé a escuchar murmullos a mi alrededor, y miré por todos lados a ver si las hadas habían venido a molestarme, ya me habían advertido que podían ser bastante traviesas, y les gustaba estar dónde más naturaleza hubiera. Entonces, me di la vuelta y me encontré cara a cara con un hada verde que no dejaba de reírse de mí.
—¿Quién eres? —le pregunté de inmediato.
—Bluf —dijo, y no estaba segura de si se trataba de una broma o era su nombre real. —¿Cuál es tu nombre? —preguntó de vuelta.
—Ailish —le dije y se rió a carcajadas.
—No, ese no es tu nombre —aseguró.
—Ese es el nombre que siempre he tenido —le dije y ella negó.
—Ese no es tu nombre —insistió.
—Entonces, ¿cuál es mi nombre? —le pregunté.
—¿Debería decírtelo? —se preguntó, y empezó a volar a mi alrededor —. Si te lo digo podría causar muchos problemas —explicó —, no es una buena idea… O tal vez, sí es una gran idea.
Por supuesto, para las hadas los problemas podían resultar algo cómicos de ver, en lugar de algo trágico.
—Dímelo —pedí.
—No —se negó de inmediato —, Bueno, sí...
No dejaría de burlarse de mí tan fácilmente.
—Te lo diré.
—Te escucho —le dije un poco impaciente.
—Comienza por K —dijo como si se tratara de una adivinanza —, no muchas palabras comienzan por K, o bueno, eso depende de la lengua —cambió de tema de forma repentina y lo miré mal —, por ejemplo, tenemos la palabra Kiosko —señaló como sabelotodo y se rió de ello.
—Interesante —dije un poco aburrida.
—Vamos, no seas tan amargada —me dijo la hada —, está bien, eres una Kat —dijo y se rió a carcajadas —Kat, kat, kat, kat —repitió una y otra vez —. Te diré más si me das chocolate —negoció de repente.
—¿Chocolate? —pregunté.
—Sí —asintió a toda velocidad.
—Bien —dije y regresé a la cafetería, me sorprendió que ya no hubiera nadie allí, las personas habían terminado su comida, aunque las mesas seguían llenas de alimento —. ¿La comida aparece por arte de magia? —pregunté.
—Sí, nunca termina —dijo Bluf.
Me puse a buscar la ubicación del chocolate y encontré toda una zona de pastelillos y dulces de chocolate. Era sorprendente cuánta cantidad de cosas había en la mesa larga e interminable. Le pregunté a Bluf que deseaba y pidió un pastelillo no muy grande, tomé uno que tenía crema batida y lo puse en un plato para ella. Ella lo comió rapidamente y cuando terminó, su cuerpo se puso de todos los colores posibles y entonces empezó a saltar en el aire de forma descontrolada. Empezaba a cuestionarme si había sido una buena idea darle el chocolate que me había pedido. Tal vez ella no comía chocolate por alguna razón, y yo ni siquiera había preguntado.
—Te llamas Katerina, es el nombre que te pusieron tus padres —dijo ella muy contenta por el dulce en sus venas —, es tu nombre destinado.
—¿Destinado?
—Lo has tenido de generación en generación —añadió con gran dramatismo.
—¿Generaciónes? ¿Qué quieres decir?
—¿Nadie te lo ha dicho? —preguntó curiosa —, esta no es tu primera vida.
—Creo que alguien me lo dijo alguna vez —pensé en la bruja que me había leído la mano no hace mucho, y como no había creído en sus palabras —, pero, no le creí.
—Pues, es verdad, tu alma va y vuelve, tienes una misión por cumplir, pero no has podido cumplirla, y por eso siguen regresando. Hay algo que te impide avanzar…
—¿Qué cosa? —le pregunté un poco asustada.
—La muerte —dijo y se encogió de hombros.
—Creo que ese es el enemigo de todos, todos morimos en algún momento —comenté.
—Lo sé, aunque no a todos les afecta por igual, los inmortales tienen sus propias teorías sobre la muerte, le temen en menor o mayor cantidad, dependiendo de quien se trate. Nosotras las hadas vemos la muerte como un ciclo de la vida, los humanos lo ven como un final, las brujas como una maldición, los vampiros no le temen porque se creen invencibles; pero cuando les llega lloran como bebés —se burló.
—¿Los vampiros son malos? —le pregunté de repente, y el hada dejó de reírse.
—Todos son buenos y todos son malos en todas las especies y razas por haber, hay hadas que son malvadas y otras que son tan amigables como yo, también hay brujas que dan mucho miedo y otras que se ven tan amables como tú —dijo con una sonrisa bastante grande que mostraba todos sus dientes y hacía desaparecer sus mejillas.
—Gracias.
—Me agradas, así que voy a advertirte, escúchame muy bien —se me acercó —, hay una bruja muy mala, realmente malvada, que está poniendo el mundo de cabeza. Ella no sabe que tú puedes devolver el mundo a su estado original, aunque indirectamente te ha obstaculizado el camino una y otra vez. No le temas a la muerte, Kat, lo mejor es que la veas como la mejor forma de intentarlo de nuevo…
—Dices que voy a morir —dije sorprendida.
—Ya has muerto antes —me informó —, pero, hay algo que debes hacer antes de morir está vez… —se acercó más —, ¿no te gustaría recordarlo todo?
No sabía a qué se refería.
—Hay algo que debes encontrar, probablemente tus sueños te lo han señalado más de una vez —explicó —, hay un objeto que guardan las brujas, son contenedores de recuerdos.
—¿Recuerdos?
—Sí, sobre tus vidas anteriores, para que estés preparada —comentó y voló de nuevo alrededor —, ¿dónde estará tu contenedor de recuerdos? ¿Sabes qué objeto es?
Me llevé la mano al pecho de forma inconsciente, y entonces recordé mi último sueño. Aquel podría haber sido una señal, algo que no había entendido en aquel momento.
—Yo creo…
—No lo digas, es muy peligroso, si alguien lo destruye será tu fin, te quedarás sin respuestas por toda una eternidad de vidas fallidas —lo dijo de forma dramática y me asustó.
—Debo encontrarlo entonces —dije.
—Supongo —se encogió de hombros.
La miré sorprendida, mientras la luz a nuestro alrededor empezó a escasear.
—Llegó la hora de dormir, ¿te guío a los dormitorios? —me preguntó y asentí —, alguien te está esperando.
No tuvo que decir de quién se trataba porque lo vi entre las sombras, sus ojos azules brillaban en la oscuridad y me observaban fijamente. Me detuve y lo miré de vuelta, no me había dado cuenta de cuánto ansiaba su compañía hasta ese momento.
—Mira, ya vino por ti.
—¿Quién? —pregunté porque quería escuchar una de sus respuestas extrañas.
—La muerte.