2. Rechazo.

2815 Palabras
Punto de vista de Natalia: Guardando mis emociones, me mantengo de pie y le entrego el documento a mi pareja, afirmando que soy infértil. —Solo léelo. —Susurro, fingiendo estar herida. Frunce el ceño preocupado y me mira con sus grandes ojos azules. —¿Qué es esto, Nat? Quiero vomitarle en la cara por llamarme así, pero en cambio trago la bilis. —Es un análisis de fertilidad. Lila verificó mi función ovárica y reserva hace unos días. —Susurro, negándome a mirarle a los ojos. Estudia las páginas, su rostro se vuelve más sombrío segundo a segundo. —¿E-eres infértil? —Pregunta, hojeando las páginas una vez más para confirmar. Antes de que pueda responder, un fuerte gruñido ruge en su pecho y retrocedo inmediatamente, casi tropezando con mis pies. Su respiración es agitada y sus ojos se vuelven verdes de furia. —¡¿Eres infértil?! Esta es exactamente la reacción que esperaba de él, pero no me asusta menos que su lobo esté apareciendo. Sabía que Jack, su lobo, nunca me haría daño. Pero entonces, pensaba lo mismo de mi esposo y sin embargo, durmió con mi hermana. —S-sí. —Balbuceo, mi cuerpo se tensa de miedo mientras observo los ojos verdes de su lobo. Jack era conocido por tener un temperamento casi incontrolable y nuestro vínculo como pareja era lo único que lo calmaba. Sin embargo, mientras se alza sobre mí con un gruñido amenazador rasgando su pecho, me pregunto si sería suficiente para mantenerme a salvo ahora. Sus ojos se dirigen a mi vientre e instintivamente coloco una mano sobre él para proteger a mi bebé. Un terrible pensamiento cruza por mi mente. ¿Acaso puede sentir la vida creciendo dentro de mí? Retrocedo lentamente y gimo cuando choco contra una pared directamente detrás de mí, mi corazón latiendo a mil por hora. —J-Jack. —Balbuceo, cerrando los ojos con fuerza, demasiado asustada para mirarlo. —, l-lo siento tanto. —Sollozo, dándome cuenta ahora de que esta fue una mala idea. —¿Te arrepientes? —Ríe, el sonido de su puño haciendo un agujero en la pared junto a mi rostro, haciendo que rompa a llorar. —, ¿te arrepientes maldita sea? ¡el arrepentimiento no pone un cachorro en tu vientre, Nat! —Gruñe. —, ¿qué diablos se supone que haga ahora, eh? —Pregunta, agarrando mi barbilla entre sus dedos con tanta fuerza que sé que tendré un hematoma por la mañana. —, necesito un heredero. Esa era tu única tarea como mi Luna. Tu única utilidad para mí.  Mi corazón se rompe en mil pedazos. ¿Eso es todo lo que fui para él? ¿una maldita perra reproductora? ¿qué hay de todos nuestros paseos nocturnos bajo la luz de la luna? ¿nuestros besos robados en el pasillo? ¿nuestras noches de pasión tan intensas que pensé que me quemaría bajo él? ¿nada de eso fue real? Abro la boca para responder, pero una bofetada en la cara me deja atónita y caigo al suelo. Acunando mi estómago, rezo a cualquier diosa que exista para que mi bebé esté bien. Jack nunca me había golpeado antes. Nunca. Ni siquiera Christian, y mientras miro al hombre que una vez llamé mi esposo, siento amargura crecer en mí. Fingiendo estar herida, lo miro, acariciando mi mejilla ardiente, pero por dentro estoy ardiendo de ira. Recordaría esto… y nunca lo perdonaría. Sus ojos azules vuelven y Christian se dirige al armario, agarra una maleta y mete mi ropa adentro. —Terminamos, Natalia. —Gruñe mientras empaca mis cosas. —, quiero que te vayas de aquí en la próxima hora. No me importa a dónde vayas o qué hagas. ¡Solo sal de mi casa! Un alivio llena mi corazón. Estaba siendo liberada y pronto mi bebé y yo estaríamos en el otro lado del país, donde viviríamos nuestras vidas lejos de él. Sus ojos se nublan mientras mete mi ropa en la bolsa y me la lanza. Debe estar enviando un mensaje mental a los ancianos. —Los ancianos estarán aquí pronto para completar la ceremonia de rechazo. —Dice mientras se dirige hacia la puerta. —, y también el abogado para entregar los papeles de divorcio. Quiero que te vayas después de que firmemos los papeles, ¿entendido? —Sí, señor. —Respondo con un gemido, aún fingiendo estar herida al acariciar mi mejilla. Sale de la habitación, cerrando la puerta de un golpe al irse. —Estaremos bien. —Susurro para mí misma, abrazando mi estómago. —, estaremos libres.  Acaricio mi vientre plano, deseando poder sentir a mi pequeño cachorro crecer dentro de mí. Es reconfortante saber que no estaré haciendo esto sola, pero también aterrador. Éramos solo nosotros ahora. —Somos solo tú y yo ahora, frijolito. —Susurro, conteniendo mis lágrimas mientras acaricio mi vientre. —, pero está bien. No necesitamos a nadie más.  Me recupero del suelo y encuentro mi teléfono. Todos los autos eran de Christian, así que organizo que un taxi me recoja en una hora. Mientras espero que Christian me llame para completar el divorcio y el rechazo, jugueteo impotente con mi anillo de Luna y de matrimonio, recordando la alegría que una vez sentí al ser parte de esta manada. Tenía tanto miedo el día en que Christian me mostró por primera vez su lobo. Solo llevábamos saliendo unas semanas, pero las chispas entre nosotros eran innegables. Era un poco posesivo, pero lo tomé como un halago de que valía la pena protegerme. El día que me llevó a la casa de la manada, casi lo terminamos. Pensé que me estaban iniciando en una secta mientras todos se referían a él como el Alfa. Tomó un poco de convicción, pero acepté seguir viéndolo. No podía explicarlo, pero me había enamorado profundamente de él. En la noche de la luna llena, Christian me llevó a un picnic a la luz de la luna en el bosque. Las cosas tomaron un giro inesperado cuando mi novio de repente se convirtió en un lobo n***o gigante y salí corriendo gritando. No hablé con él durante una semana, aterrorizada de que él o sus amigos licántropos me fueran a comer. Vino a buscarme a mi departamento, diciéndome que me necesitaba, que no podía respirar sin mí, y no pude negarlo. Me sentía atraída hacia él de formas que no podía explicar. Él fue paciente en aquel tiempo, permitiéndome adaptarme al extraño mundo del que venía y enseñándome las formas de vida en la manada. Me pareció hermoso la forma en que todos vivían por el otro... como una gran familia protegiendo a los suyos. Pero cuando me pidió que me convirtiera, me negué. Amaba que él fuera un hombre lobo, pero si quería que estuviera a su lado, tendría que aceptarme tal como su Diosa Lunar me había decidido, como humana. Nuestra relación casi termina otra vez, pero cuando un ex novio mío dejó en claro que todavía tenía sentimientos por mí, Christian se dio cuenta de que me quería más y cedió a mi petición. Fui marcada esa misma noche, dejando claro a quién pertenecía. Pasé meses entrenando bajo la madre de Christian para aprender mis deberes como Luna, dominando el arte de la resolución de conflictos en las reuniones de la manada y con el Alfa, estudiando las leyes de la manada e incluso completando entrenamiento de guerrero para defenderme. Mi ceremonia de Luna fue absolutamente perfecta. Mi apuesto Alfa me pidió que liderara esta manada con él ante todos sus miembros, y acepté la responsabilidad. Me propuso matrimonio ese día y nunca había sido más feliz en mi vida. Todo parecía encajar. ¿Quién hubiera sabido lo trastornada que se volvería mi vida? Que un día estaría sentada sola en mi habitación, esperando a que mi esposo se divorcie de mí, mientras secretamente llevo a su hijo en mi vientre. Escucho que la puerta hace clic de nuevo, Jordan asomando la cabeza. —El Alfa solicita tu presencia, Luna. —Dice secamente, cerrando la puerta sin ni siquiera mirarme una segunda vez. Borro las lágrimas que hayan caído de mi rostro, quitándome los anillos de los dedos y agarrándolos en mis manos. El pasillo parece más largo de lo normal, pero camino rápidamente hacia la oficina, donde encuentro a Christian, los ancianos, el abogado, Jordan, Derek y Vanessa esperándome. Vanessa evita mi mirada, moviéndose incómoda en su lugar, y decido no mirarla de nuevo, concentrando mi atención en el hombre que rompió mi corazón. Mientras llego al centro de la habitación, levanto la cabeza y saludo a los ancianos. El abogado se acerca, presentando los documentos que había preparado para mí. —El señor Hart ha solicitado que todos tus activos sean divididos equitativamente. Los activos de la manada, por supuesto, seguirán siendo suyos, pero las propiedades personales, cuentas bancarias y …  Antes de que pueda seguir con su tontería, tomo los papeles de su mano y agarro un bolígrafo, firmando cada línea requerida de mí. —Que se quede con todo. —Murmuro, haciendo todo lo posible por mantener mi voz firme. —, solo quiero mantener mis cuentas bancarias intactas. Trabajé duro por mi dinero y merezco quedármelo.  Como Luna, había ganado una asignación mensual por ayudar a dirigir la manada. Trabajé, por lo tanto, tenía todo el derecho de tomar cada centavo que gané de esta manada. Christian asiente al abogado y este escribe una nota en un papel que me entrega. —El dinero será transferido al final de la semana a esta cuenta. —Dice, guardando los papeles de divorcio en su maletín. —, con permiso.  Con el abogado fuera, el Anciano Robin saca la tableta de la manada y un puñal n***o. —Luna Natalia, tu Alfa ha solicitado que seas despojada de tu título y que abandones esta manada de inmediato. ¿Tienes alguna objeción? Unas lágrimas caen por mis mejillas mientras me vuelvo hacia Christian y los chicos. Derek no puede mirarme y Jordan me mira con las manos en blanco. Nunca me había sentido tan sola en mi vida antes de este momento. —N-n... no. —Murmuro, limpiando mis lágrimas y forzando una pequeña sonrisa en mi rostro. —, no, no tengo.  El Anciano Robin me mira con lástima mientras coloca la tableta de la manada frente a mí. La tableta de la manada es una gran pieza negra de obsidiana con grabados de lobos en la cara de la piedra y un pequeño agujero en el centro. La tableta se utilizaba para iniciar a nuevos miembros y otorgar títulos a los miembros existentes. Era la misma piedra que me dio la bienvenida como su Luna y unió a esta manada… y hoy, me arrancaría de ella. —Harás entrega de tu título de regreso a la Manada Cresta de Plata primero. —Dice, indicándome que levante la mano en el aire. —, ¿admites, Natalia Vásquez, que has fallado en cumplir tu deber como Luna de la Manada Cresta de Plata? Mis venas hierben de rabia. Nunca había fallado a la manada antes. Nunca. Si algo, había ido más allá del llamado del deber para servir a esta manada y era injusto ser considerada un fracaso. Pero mis sentimientos no importan. Necesito este rechazo antes de que sea demasiado tarde. —Sí. —Casi escupo entre dientes apretados. —¿Aceptas que has fallado en cumplir tus obligaciones hacia tu Alfa como su Luna y esposa? —Continúa. Miro con furia a Christian. Él sabía quién era el verdadero fracaso. Pero trago mi orgullo y me muerdo la lengua. Necesitaba mi libertad más que mi título. —Sí. —Susurro, temerosa de que pueda gritar si hablo más alto. —Entonces, por el poder que me ha sido conferido, te libero de tu título y deberes con esta manada.  El Anciano Robin toma el cuchillo y hace una pequeña incisión en mi palma, que luego coloca en la tableta. Una pequeña ráfaga de aire pasa a mi lado, borrando cualquier conexión que sentía por esta manada. —Gamma Jordan. —Llama el Anciano Robin. —Un vínculo Gamma una vez formado es irrompible. Puedes elegir seguir a tu protegida a cualquier lugar al que vaya, o quedarte aquí con tu Alfa.  —Elijo a mi Alfa, señor. —Responde Jordan, sin dudar en su voz. Evita mi mirada y yo ignoro la pequeña disculpa que murmura en mi dirección. Ahora libre de mis deberes y ya no bajo el cuidado protector de mi gamma, dirijo mi atención a Christian. Ni siquiera me está mirando, demasiado ocupado coqueteando con mi hermana, quien está riendo descaradamente.  Es otro golpe en la cara verlos coqueteando mientras me despojan de mi título. El Anciano Robin me mira nuevamente con lástima y tose para llamar la atención de Christian. —Alfa, cuando estés listo, puedes comenzar el rechazo.  Christian luce completamente disgustado al volver a mirarme. Mi pecho comienza a apretarse y por un segundo, considero arrodillarme y suplicarle que me ame de nuevo, que me deje quedarme a su lado para siempre. Incluso después de todo lo que me hizo, una pequeña parte retorcida de mí todavía quería sentir sus brazos a mi alrededor mientras me prometía amarme siempre. Pero sabía que era mentira. Christian nunca me había amado y nunca lo haría. Nuestro tiempo se había acabado. —Yo, Christian Hart, Alfa de la Manada Cresta Plateada, te rechazo a ti, Natalia Vásquez, como mi compañera y Luna. —Dice con indiferencia, como si no me estuviera destrozando. Un dolor recorre todo mi ser, quemándome el pecho y extendiéndose por todo mi cuerpo como mil pequeños cuchillos que me apuñalan al mismo tiempo. Grito mientras colapso en el suelo, luchando por respirar. De reojo, noto que Jordan se estremece incómodo. Hay lágrimas en sus ojos. —Alfa. —Instruye el Anciano Robin. —, tu lobo también debe rechazarla.  Los ojos de Christian pasan de verde a azul hasta que se establecen en verde y Jack da un paso adelante. Por un breve momento, veo el miedo destellar en los ojos de Jack, pero desaparece casi tan rápido como lo vi. El Alfa se arrodilla a mi lado, chispas hormigueantes recorren mis brazos mientras Jack me levanta para inspeccionar la marca en mi cuello. A través de mis lágrimas, fulmino con la mirada al lobo que me había prometido el mundo y contengo un sollozo. —Hazlo. —Silbo, resistiendo las ganas de acariciar mi vientre y consolar a mi bebé. Él me mira fijamente a los ojos, las características de su rostro endureciéndose. —Yo, Jack, Alfa de la Manada Cresta Plateada, te rechazo a ti, Natalia Vásquez, como mi compañera y Luna. —Gruñe, inclinando mi cuello y hundiendo sus colmillos en mi carne. Grito de agonía mientras la sensación hormigueante de su contacto se convierte lentamente en una sensación de ardor. Jack pasa su lengua por la herida, besándola suavemente en un último adiós. —Adiós, Pequeña. —Suspira en mi pelo, mis ojos se llenan de lágrimas mientras me llama por mi apodo cariñoso por última vez. Me deja caer en el suelo y se aleja de mí mientras me retuerzo de dolor. Mi cuello está caliente al tacto, el rechazo de Jack y Christian borra nuestra marca. Me resulta más difícil respirar y abro la boca de par en par para aspirar desesperadamente el aire, mis llantos se vuelven silenciosos. —Natalia. —El Anciano Robin se arrodilla a mi lado. —, debes aceptar su rechazo para completar la ceremonia.  Jadeo furiosamente mientras el dolor se propaga por mí, apretando y soltando las manos para soportar el dolor. Asiento con la cabeza al Anciano y después de luchar por respirar, logro murmurar mi respuesta. —Yo, yo, Natalia Vásquez, acepto tu Rechazo. —Gimo, el dolor se intensifica en mi marca. De repente, Christian se dobla de dolor y gime, Vanessa corre a su lado para frotarle la espalda y consolarlo. La odio aún más por consolarlo a él y no a mí. Después de unos minutos de tortura, el dolor disminuye, aunque la quemazón en mi marca sigue persistiendo. —Tu cuerpo seguirá rechazando la marca del Alfa durante los próximos tres días. —Explica el Anciano Robin. —, y luego desaparecerá.  Asiento mientras me repongo del suelo, sacudiéndome y secando mis lágrimas. Había reclamado oficialmente mi libertad y ya no estaba casada ni atada a esta manada. Satisfecha de que mi plan hubiera funcionado, giro sobre mis talones para irme cuando la voz de Christian me detiene en seco. —Me gustaría reclamar a Vanessa Vásquez como mi compañera elegida y Luna. —Anuncia a los Ancianos. —, háganlo oficial, Ancianos. —Ordena.
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