Punto de vista de Natalia:
—¿Qué? —Exclamo, manteniendo mi cordura por un hilo. —, ¿la estás tomando como tu Luna?
Christian encoge los hombros sin disculpa. —Lo que haga ahora ya no es tu problema. —Sonríe con suficiencia, señalando hacia la puerta. —, sal por tu cuenta. Ahora.
Vanessa enlaza su brazo con el de Christian y me hace una disculpa tonta con la boca.
Mi mente se llena de un millón de pensamientos venenosos, pero simplemente me inclino en una reverencia baja para ocultar mis lágrimas. —Les deseo a los dos un largo y feliz reinado juntos. —Susurro fríamente, aún aferrando los estúpidos anillos de nuestro matrimonio y asociación en mis manos.
Una pequeña parte de mí espera que todo esto sea solo una broma cruel que él estaba jugando y que no me está dejando realmente por mi hermana, pero ese pensamiento se desintegra rápidamente cuando él besa a Vanessa.
Para empeorar las cosas, Vanessa responde a su beso con un gemido, saltando a los brazos de Christian y rodeando sus piernas alrededor de su cintura. Las lágrimas se derraman involuntariamente de mis ojos mientras salgo corriendo de la habitación, incapaz de soportarlas por más tiempo.
Contengo mis sollozos hasta que encuentro la habitación de invitados y rápidamente saco la bolsa que tenía escondida en el armario, mi garganta ardiendo por los lamentos que quería liberar. Llevo la bolsa a la habitación principal solo para encontrar la bolsa que Christian había empacado para mí todavía en nuestra cama.
No quería tener nada que ver con las cosas que él me había dado. Reuniendo todas las prendas y zapatos de diseñador en la bolsa, lo tiro todo por la ventana y hacia los arbustos. Ya no me importa. Estaba lista para ser libre.
Comienzo a buscar el resto de mis cosas cuando el sonido de la puerta abriéndose me sobresalta y me giro para encontrar a Vanessa parada detrás de mí.
Mi cuerpo se endurece de ira y necesito varias respiraciones profundas para mantenerme lo suficientemente tranquila para quedarme quieta.
—Debes estar molesta. —Dice en voz baja, una pequeña sonrisa persistente en sus labios mientras mueve sus dedos por un tocador.
En nuestra infancia, nunca fuimos cercanas. De hecho, éramos polos opuestos y prácticamente no teníamos nada en común… pero ella todavía era mi hermana y nunca la traicionaría de esta manera. ¿Cómo podía hacerme esto?
—, pero solo quería decirte algunas cosas antes de que te vayas. —Agrega, animándose un poco.
No respondo, volviendo a mi bolsa y metiendo mi pasaporte, licencia y certificado de nacimiento dentro de ella.
—Amo a Christian. —Continúa a pesar de mi falta de respuesta. —, siempre lo he amado… y me lo quitaste el día en que los presenté. —Añade con amargura en sus palabras. —, se suponía que él estaría conmigo y tú entraste y te lo llevaste. —Dice con enojo. —, así que no lo siento. —Niega con la cabeza. —, ya era hora de que supieras que él y yo nos amamos.
Quiero reír a carcajadas por su último comentario. ¿Qué tan ilusa era?
—Nos vamos a casar en una semana y para que quede claro, no estás invitada. —Encoge los hombros. —, es mi turno de ser amada. Tú... tú siempre has sido el centro de atención, el orgullo y la alegría de nuestra familia. ¡La que todos querían amar y yo siempre he sido la segunda mejor! —Las lágrimas llenan sus ojos mientras me sonríe cruelmente. —, ¡bueno, ya no más! ¡gano yo! Yo me quedo con el príncipe y tú no obtienes nada.
La miro, completamente sorprendida por su confesión porque no podría estar más lejos de la verdad. Vanessa era el alma de la fiesta, la hermana más bonita, aquella por la que todos suspiraban. ¡Ella fue la reina del baile de graduación, por amor de Dios! Yo era la ratoncita de biblioteca, la que nadie notaba en la escuela mientras todos la adoraban a ella. ¿Cómo podía pensar ella que podría eclipsarla alguna vez?
—Entonces ahí está. Eso es todo lo que tengo que decirte. —Suspira con una sonrisa en aparente alivio por habérselo sacado de encima.
Una ira inimaginable hierve dentro de mis venas al darme cuenta de que mi hermana no era más que una perra egoísta a la que estúpidamente dejé entrar en mi vida. Apretando los dientes, asiento con la cabeza y regreso a empacar mi bolsa.
—De acuerdo. —Susurro, apretando los anillos que aún tengo en mi mano. —, bueno, entonces, mejor me voy. No quiero seguir entorpeciéndote. —Mi reacción la deja atónita.
—¿En serio? —Pregunta, con cierta sospecha en su voz. —, ¿simplemente te marcharás sin pelear?
—¿Por qué debería pelear contigo por él? —Encogo los hombros, cerrando mi bolsa con cremallera y lanzándola sobre mi hombro. Acorto la distancia entre nosotras, una parte retorcida de mí deseando lastimarla. —, pero recuerda esto la próxima vez que él chupe tus tetas mientras tú lo cabalgas. —Sonrío de manera burlona, disfrutando de la mirada de sorpresa en su rostro. —, me dejó porque no podía darle su cachorro. —Gorjeo, tomando la botella de aspirinas de mi mesita de noche. —, no porque te amara más.
Puedo ver la ira ardiendo en su interior y me siento bien al hacerla enfadar por una vez. —Y si él pudo dejarme a mí, su compañera destinada, tan fácilmente... ¿cuánto tiempo crees que tardará en dejarte cuando se aburra de ti también?
Sus ojos se estrechan al mirarme, pero no le presto atención y observo la botella en mis manos. Cuando abre la boca para hablar, le doy un golpe con la botella de aspirinas en el pecho.
—Oh, y pronto las necesitarás tú… —Sonrío, pestañeando coquetamente. —, solo alégrate de que no tengamos otra hermana.
Cierro la puerta de un portazo mientras ella grita y me insulta sin parar. Ahogando mis risas, choco accidentalmente con Christian en el pasillo, sus ojos fríos enviándome un escalofrío por la espalda.
—¿Qué le dijiste a mi futura esposa? —Gruñe, agarrando mi brazo con sus grandes manos.
Un pequeño gemido escapa de mis labios al darme cuenta de que las increíbles chispas que una vez sentí con su contacto se estaban desvaneciendo. Realmente todo había terminado entre nosotros.
Los anillos en mi mano parecen brasas calientes, recordándome lo afortunada que era de estar libre de él ahora. Él nunca volvería a lastimarme. Reuniendo la poca fuerza que me queda, endurezco mi rostro y sacudo mi brazo de su agarre.
—Aquí. —Gruño, golpeando los anillos contra su pecho. —, puedes empeñarlos, realmente no me importa.
—Quédatelos. —Vanessa ríe cuando entra en el pasillo. —, necesitarás el dinero más que nosotros. —Se ríe, pestañeando coquetamente a Christian. —, quizás cómprate un vibrador. Pareces un poco tensa.
Tengo que morderme la lengua para no lanzarme sobre ella. Ya no soy la compañera de Christian y no quiero imaginar lo que él me haría si lastimara a su nueva Luna.
Christian sonríe ante ella, olvidando por completo mi existencia y apartándome a un lado. Las lágrimas afloran a mis ojos al ver con qué facilidad me ha olvidado, pero parpadeo y las aparto todas, aprovechando su distracción y corriendo hacia las escaleras.
Desafortunadamente para mí, encuentro a Jordan esperándome en la puerta, una expresión de culpa en sus ojos oscuros. Maldita sea.. ¿No podía simplemente irme en paz?
—Nat… Yo yo… Yo… —Se frota la nuca nerviosamente, sus ojos vagando por los pasillos sin rumbo.
Limpio las lágrimas de mis ojos y enderezo mi espalda. —No necesito que me consueles, Jo. —Encogí los hombros. —, no hay necesidad de fingir que todavía somos amigos. Por fin estás libre de mí. —Digo, forzando una sonrisa. —, nos vemos.
—Nunca estaba fingiendo, Luna- quiero decir, Nat… —Argumenta. —, y-yo solo… Cresta de Plata es mi hogar. Mi único hogar. —Añade en voz baja. —, no podría simplemente dejarlo todo atrás.
Le doy la espalda y coloco mi bolso sobre mi hombro. —No te preocupes por eso. Estaré bien por mi cuenta. Ya no soy tu problema.
Intento pasar junto a él, pero agarra mi muñeca y me detiene.
Por instinto, muevo mi brazo y lo abofeteo en la cara, tomándolo completamente por sorpresa.
—Oh, lo siento. ¿Te dolió? —Pregunto, cubriendo mi boca fingiendo sorpresa antes de encogerme de hombros. —, probablemente solo fue cosa tuya.
—Nat… Y-yo… —Tartamudea, buscando desesperadamente una explicación.
—Guárdatelo. —Le interrumpo, levantando la mano para detenerlo y caminando alrededor de él hacia la puerta. —, gracias por ser tan amigo todos estos meses. —Añado. —, me alegra mucho que este vínculo de gamma haya significado tanto para ti.
Giro el pomo de la puerta cuando escucho su voz de nuevo.
—Nat, yo-yo lo siento... Mira, al menos déjame acompañarte a donde sea que te vayas. —Llama. —, solo quiero asegurarme de que estés a salvo.
Casi encuentro sus palabras reconfortantes, pero mi mente me gritaba que dejara de creer en las mentiras de un lobo. ¿Dónde estaba toda esta preocupación cuando mi esposo me engañaba con mi maldita hermana?
—No, gracias. —Respondo secamente. —, como dije, ya no soy tu problema. Puedo arreglármelas por mi cuenta.
Y con eso, salgo corriendo de la Mansión de la Manada Cresta de Plata, decidida a nunca volver nuevamente. Mi taxi me espera afuera y cargo mi bolso en el auto.
—Al aeropuerto, por favor. —Instruyo, entregándole al conductor un fajo de dinero. —, Y ni una palabra a nadie sobre a dónde me llevas.
—Sí, señora. —Responde, guardando el dinero en su bolsillo.
Observo por la ventana cómo la mansión de la manada se convierte en un punto diminuto en la distancia. Puedo sentir el hielo envolver mi corazón, adormeciendo cualquier emoción que pudiera sentir.
Todavía tengo los estúpidos anillos en mi mano y bajo la ventana para tirarlos. Parece apropiado simplemente desecharlos. Nunca significaron nada de todos modos.
Saco la tarjeta SIM de mi teléfono y la destrozo. No hay manera en el infierno de que arriesgue que Christian me rastree una vez que descubra mi mentira.
En el aeropuerto, compro un boleto hacia el Medio Oeste, seleccionando Wyoming como mi destino. No conocía a nadie en el estado, pero también sabía que Cresta de Plata no tenía aliados allí. Me quedaría allí por un tiempo, recuperaría mi dinero, cambiaría mi nombre y encontraría a alguien que me ayudara con el nacimiento de mi cachorro antes de seguir adelante. Era lo mejor que podía hacer mientras resolvía las cosas.
Mientras alcanzamos los 10.000 pies, miro por la ventana, acariciando mi vientre plano en busca de consuelo.
—Estaremos bien, frijolito. —Murmuro para mí misma. —, estaremos bien.
…
Dos meses después…
Punto de vista de Christian:
Paso mi lengua sobre el coño de Vanessa, sumergiéndome en su estrechez hasta que ella grita, sus gemidos resonando en las paredes. Sus deliciosos jugos fluyen en mi boca mientras introduzco dos dedos y froto su clítoris, trabajando en movimientos circulares hasta que sus piernas tiemblan.
—¡Oh, Diosa, Christian! —Grita, moviendo las caderas contra mí.
Sigo lamiendo con mi lengua los pliegues húmedos de su coño hasta que se le seca la garganta de tanto gritar. Sus respiraciones se vuelven entrecortadas, llevándome al límite, y la levanto y la pongo debajo de mí. Empujo mi polla en su estrechez, viendo cómo la cabeza desaparece en el refugio húmedo de su coño. Ruedo uno de sus pezones entre mis dedos y observo el éxtasis de su orgasmo construyéndose en sus ojos mientras la follo. Su boca se abre de deleite mientras la penetro.
—¿Quieres probar? —Purré, cubriendo mis dedos con su dulce néctar.
Ella gime un sí y meto mis dedos cubiertos en su boca, observándola con placer mientras lame y chupa sus propios jugos. Bombeo mis dedos en su boca, mi polla se pone más dura mientras la penetro.
Sus labios forman una "O" cuando ella explota sobre mi polla, sus paredes vaginales me aprietan más hasta que me corro.
Esta era una delicia divina.
Han pasado dos meses desde que Natalia se fue y ¡qué gloriosos dos meses han sido! Vanessa fue un regalo, una diosa que vivía para complacerme. Hemos estado follando sin parar desde su ceremonia como Luna y nuestra noche de bodas.
Por supuesto, no todo fue un camino de rosas. Mi lobo extrañaba a su compañera y la manada también. Nunca di ninguna explicación sobre la partida de Natalia, no que tuviera que explicar mis asuntos a nadie, pero podía sentir que la manada extrañaba a su antigua Luna. Y no puedo mentir; una parte de mí también extrañaba a Natalia. Era una Luna perfecta, fuerte, calculadora y amable con los miembros de la manada. A pesar de ser humana, podía dominar una habitación con tanta facilidad y tenía una gracia que Vanessa no podía igualar. Lástima que tenía un fatal defecto. Vanessa era buena en la cama, pero era una cabeza hueca cuando se trataba de liderar. Pasaba la mayor parte de su tiempo planeando fiestas o cenas lujosas con los ancianos, pero ser Luna era mucho más que ser una planificadora de fiestas. Necesitaba que ella tomara el mando cuando los guerreros y yo salíamos en expediciones o viajábamos por asuntos del grupo.
Aunque no estaba demasiado preocupado. Vanessa solo tendría que entrenar bajo mi madre como lo hizo Natalia. Pronto sería una Luna aún mejor que su hermana y podría darme un heredero.
Necesitaba un heredero pronto. Ya tenía 26 años, bastante mayor para un Alfa que aún no tiene un hijo al que pueda transmitirle mi título. ¡Mi padre me tuvo antes de tomar su título!
Puede que la gente piense que soy cruel por haber expulsado a Natalia como lo hice, pero ¿qué se suponía que debía hacer? Yo amaba a mi esposa. La amaba más de lo que podría explicar. Y aunque era una humana humilde, fui paciente con ella, incluso permitiéndole seguir siendo humana. Me costó mucho convencer a mi padre de que me permitiera tenerla como mi compañera y Luna, pero todo fue bajo la premisa de que ella me daría mi heredero. Eso era todo lo que tenía que hacer. Pero a medida que pasaba el tiempo y ella no producía nada, me enfadaba con ella. Empecé a resentirla porque había invertido tanto tiempo y energía en estar con ella. ¿Por qué no podía hacer lo mismo y darme un heredero?
Fue entonces cuando empecé a ver a Vanessa. Ella me consolaba, diciéndome que Natalia solo necesitaba más tiempo. Pero a medida que el tiempo pasaba sin que se vislumbrara un heredero, Vanessa se convirtió en algo más que una persona con la que podía hablar. Al principio parecía un pecado y mi lobo protestaba enérgicamente, pero pronto la emoción se apoderó de mí y esperaba con ansias mis tardes con Vanessa.
Natalia se quejaba del dolor, pero parte de mí disfrutaba infligiéndoselo. Se lo merecía por fallarme.
Mientras termino de lamer a Vanessa, recibo una conexión mental de Derek.
—Alfa, la doctora Lila está aquí para verte. Dice que es urgente.
Rodéo los ojos ante la interrupción, pero sé que es mejor no hacer esperar a la doctora Lila. Rara vez viene a la casa de la manada, así que si dice que es urgente, es un asunto urgente.
Me aparto de mi nueva esposa, besando sus labios y prometiendo volver para otra ronda. Una vez vestido, salgo a mi oficina, donde la doctora está sentada en una silla con una caja pequeña en su regazo.
—Doctora Lila… —Suspiro, acomodándome en mi asiento. —, ¿en qué puedo ayudarte?
—Hola, Alfa. Lamento interrumpir tu día. Simplemente no sabía qué más hacer. —Responde, golpeando los dedos contra la caja.
Me reclino en mi silla y espero a que continúe.
—No conozco las circunstancias de tu divorcio ni es asunto mío. —Comienza, sonriendo nerviosamente. —, pero sé que, en su condición, la salud de Natalia sigue siendo importante para ti.
Levanto una ceja.
—¿Te importaría explicarte, doctora? No estoy seguro de lo que quieres decir. —Pregunto, tratando de recordar si Natalia alguna vez mencionó estar enferma.
—Está embarazada, Alfa. —Responde, como si eso fuera la respuesta más obvia. —, sé que están divorciados, pero seguramente te preocupas por la salud de tu primogénito. —Agita la caja en sus manos. —, estas son algunas vitaminas prenatales y medicamentos que necesitará para llevar a término este bebé. Ella es una humana que lleva dentro a un Alfa. Necesita preparar su cuerpo para el parto si quiere sobrevivir. Investigué y encontré varias fórmulas que creo que la harán lo suficientemente fuerte para el parto. Quería enviárselas por correo, pero luego me di cuenta de que no tenía su información de contacto ni una dirección a la que pudiera recibirlas.
—¿Embarazada? —Casi me río, su rostro se ilumina de confusión. —, doctora, parece que tiene a sus pacientes confundidos. Natalia no puede tener hijos. Es infértil.
Ahora es su turno de estar confundida.
— ¿A qué te refieres con que es infértil, Alfa? —Pregunta la doctora Lila.
Empiezo a molestarme. El embarazo no era una broma y me aseguraría de que la doctora lo supiera.
—Ella me mostró los análisis de fertilidad donde claramente dice que es infértil y nunca será capaz de concebir. —Estallo, golpeando mi puño en el escritorio. —, no es que sea de tu incumbencia, pero eso es exactamente por qué nos divorciamos.
Ella niega con la cabeza con vehemencia, como si estos hechos pudieran negarse.
—Administre yo misma la prueba de embarazo, Alfa. —Insiste. —, puedo asegurarte que Natalia está lejos de ser infértil. Aproximadamente lleva 3 meses de embarazo ahora. —Saca una copia de la prueba de embarazo y la ecografía de la caja y me las entrega. —, este es el resultado de la prueba que le hice hace dos meses.
Leo el documento tres veces solo para asegurarme de que lo estoy entendiendo correctamente, pero simplemente es innegable. Natalia está embarazada... y lleva a nuestro hijo.
¡Ella me mintió! ¡maldita mentirosa, me mintió sobre su fertilidad!
Una ira inimaginable arde en mí. ¿Cómo pudo hacerme esto? ¡sabía lo importante que era un bebé para mí!
"¡Maldito idiota!" gruñe Jack. "Te dije que fueras paciente, pero tenías que meter tu maldita polla dentro de esa estúpida zorra de su hermana. Ahora mira lo que has hecho. ¡Has enviado lejos a mi Pequeña para que dé a luz a nuestro cachorro ella sola!"
Ni siquiera puedo discutir con él. Humillé a Natalia cuando todo lo que hizo fue hacer exactamente lo que se le ordenó. Iba a darme un heredero.
Mierda... suspiro, sabiendo que la he fastidiado. Mi compañera… Mi cachorro…
"¡Encuéntrala!" gruñe Jack. "Encuéntrala y tráela a casa conmigo o juro por la Diosa Luna que destruiré todo lo que has construido. Mataré a cada m*****o de la manada si es necesario, empezando por esa zorra a la que llamas esposa ahora."
Sé que Jack no está bromeando.
Destruiría Cresta de Plata por mi error y no puedo permitir que eso suceda.
Despido a la doctora antes de que Jack pueda tomar el control de mi cuerpo y llamo a Derek y Jordan.
Me miran con miedo mientras me siento en mi escritorio con los puños apretados y los dientes apretados.
—Encuentren a Natalia. —Ordeno, temblando mientras alejo a Jack hacia el rincón de mi mente. —, su próximo Alfa está llegando.