—Soy Lucifer, mucho gusto —declaró seguro de sí, destapando la capucha roja con lentitud, mientras que el brillo de la luna reflejaba su sonrisa burlona y macabra, intensificando el rojo sangre de sus iris. Podía notar la energía que emanaba de su cuerpo, donde solo notaba el odio y la ferocidad que gritaba su interior. La oscuridad lo rodeaba, como una señal, decía por si misma de lo que vivía y estaba hecho; un profundo abismo, lleno de fuego, deseos peligrosos y tentaciones. El peligroso mundo tras él, excitante y macabro a la vez. No era un hombre como lo describían las leyendas y mitos, no tenía cachos, ni cola, mucho menos era rojo, lo único que tenía era ese color profundo en sus ojos, que cada vez se volvían mas intensos. Bajo su traje n***o marcaba la fisonomía que se perdía entre

