bc

Punto de fuga: Realidad

book_age12+
56
SEGUIR
1K
LEER
secuestro
destinado
independiente
decisivo
valiente
inspirador
drama
sweet
bxg
centinela y guía
like
intro-logo
Descripción

El dolor es directamente proporcional a la fuerza con la que era anhelado lo perdido, y cuando se trata de algo que fue soñado toda la vida, una persona podría ser capaz de perderse a sí misma al perder su mente.

Cuando solo anhelas y sueñas, las circunstancias y las limitaciones son el principal factor de aumento de la desesperación. Luego, cuando ese anhelo se vuelve tangible, la euforia experimentada no es superada ni eclipsada volviendo al soñador indestructible, después de todo, lo que solo parecía estar en su mente se volvió una realidad.

Pero si entonces, ese anhelo tangible es arrebatado, los recuerdos de saber cómo fue tenerlo y disfrutarlo, rompen sin remedio al soñador, dejándolo en un estado agonizante del que es muy difícil salir.

Ahora, si ese quebrado soñador es alguien a quien amas, la impotencia de no poder aliviar su agonía, es desesperanzadora.

Y en ese lugar se encontraba el Capitán Kang, ese que lo definía como el amante atormentado de una mente quebrada.

¿Sería capaz de brindarle la ayuda que ella necesitaba? ¿Podría traerla de regreso del mundo de las vidas destruidas antes que no quedase aliento en su cuerpo?

No sabía qué era peor, ser quien estaba perdido o ser quien buscara.

Ser quien estaba roto o ser quien intentaba reparar.

[ Punto de fuga, Libro 2]

Libro 1. Punto de Fuga: Perspectiva

chap-preview
Vista previa gratis
Prologo
Entendió el por qué se había mantenido aislado de las relaciones casi toda su vida: amar irrevocablemente a alguien y no ser capaz de estar a su lado, era como ser privado del oxígeno mismo. Kang sintió que su mundo se volvió pedazos en el momento en el que se dio cuenta de lo que había sucedido. Estuvo esperando el impacto de cualquier material que saliese volando en su dirección tras la explosión, estaba cubriendo con su cuerpo al Sargento Garren. La situación había resultado de esa manera, no había podido cambiarla o hacerla diferente. Durante el enfrentamiento, Darat se había alejado de él. Así que, para cuando supo que la explosión tendría lugar, solo pensó su mejor opción para intentar protegerla a ella y al Sargento Garren al mismo tiempo. Ella corrió hacia él, seguro para cubrirlo, pero este la empujó hacia un lado, haciéndola caer detrás de una camilla que se encontraba tumbada y era lo suficientemente grande y pesada como protegerla. Así, no le quedó suficiente tiempo, ni ninguna otra cosa cercana que pudiese cubrirlo a él y al Sargento Garren, por lo que respondió a su deber cubriéndolo con su cuerpo. Pero aunque escuchó el estruendo y el ruido de los objetos cayendo en cualquier parte, ninguno impactó con él. Y supo que algo había sucedido. Levantó la vista y su mente entró en negación. Sobre ellos se encontraba una superficie cubriéndolos. Pronto entendió que se trataba de la camilla detrás de la cual había lanzado a Darat. ¿Qué había pasado? Miró detrás de él, a tan solo un par de metros, Darat yacía en el suelo siendo golpeada por escombros y vidrios. Junto a su cabeza había una caja cuadrada que probablemente la había golpeado con tanta fuerza que la dejó inconsciente. —¡Darat! —¡No, Kang! — el sargento Garren lo sujetó por los brazos deteniéndolo. —¡Suéltame! —¡No! ¡Espera! Seguían cayendo objetos en todas direcciones y sabía que su compañero lo estaba reteniendo para que no resultase herido también, pero no le importaba. Sin embargo, el sargento Garren supo hacer un agarre sobre él que cumplió la función de retenerlo. —¡Basta, por favor! ¡Déjame ir! Veía, como si el tiempo se hubiese relentizado, cómo cayeron sobre ella escombros, pedazos de acero y vidrios. Era como si estuviesen desgarrándole el pecho, ella estaba resultando gravemente herida. Su sangre pronto comenzó a manchar el suelo debajo de ella. —¡No, por favor! ¡Sargento! Y entonces, su agarre sobre él desapareció, no supo si lo soltó o fue él mismo quien se libró, lo cierto es que corrió hacia Darat rogando que estuviese viva. —¡Darat, no, por favor! Sus ojos estaban cerrados, había sangre y suciedad cubriendo su rostro. Quitó  con cuidado un pedazo de escombro que había caído sobre su brazo izquierdo, apartó otro en su pierna derecha y otros más pequeños de sobre su torzo. Su cabeza ladeada hacia la izquierda reposaba sobre un pozo de sangre que crecía de manera constante. Por debajo de la rodilla podía observar los extremos de dos huesos que sobresalía por la rasgadura de la tela del pantalón, en el brazo tenía varios cortes, pero al nivel del codo se notaba uno profundo en el que la sangre brotaba con pulso. Se estaba desangrando. Nunca había sentido que su garganta ardía tanto, ni que su mente haya estado tan abrumada como lo estaba en ese momento. ¿Qué debía hacer primero? ¿Era revisar su pulso o detener la hemorragia de su cabeza? Quiso tomarla y abrazarla y aferrarse a ella, pero sabía que no podía moverla. Estaba fuera de sí, siempre había sabido trabajar bajo presión, pero eso era completamente diferente. ¡Darat estaba en estado crítico! —¿Qué es lo que has hecho? — preguntó enojado, pero no se escuchó como si lo estuviera. Observó su cuerpo, sus brazos estaban cubiertos por vidrios que se habían incrustrado en su piel. El terror corrió por sus venas. Respiró profundo y pesar de que estaba temblando, se obligó a centrarse para poder ayudarla. —Vas a estar bien — aseguró —. Tienes que estar bien. No puedes morir. Lo primero que hizo fue asegurarse de que siguiera con vida, verificar los latidos de sus corazón tomando su pulso. Luego, se quitó la chaqueta y la rompió como pudo en tiras para hacerle un torniquete por encima del codo y así disminuir el sangrado del brazo. —Kang, tenemos que… —Un momento, sargento.  Indicó mientras intentaba tratar de inmovilizarle la pierna fracturada con tablas que consiguió en los escombros. Al corte que tenía en la sien izquierda le estaba haciendo presión mientras decía: —Sargento, por favor, tiene que salir de aquí. Estaba tan enojado con él por haberlo detenido de acercarse a Darat y protegerla. —Kang, escúchame… —No, por favor, solo salga, tiene que ir a donde puedan verlo — contestó sin dejar de hacer lo que podía por Darat—, y tiene que mandar aquí al cuerpo médico, tiene que hacerlo. Kang visualizó que la herida de la cabeza era la que más emanaba sangre, sus manos temblaron a pesar de que luchaba por controlarlo, la verdad era que no tenía idea cómo ayudarla, la situación era caótica. —¡Kang, Kang! — lo tomó por los hombros haciéndolo que lo mirara. —Estoy intentando... —Ayudarla, lo sé, pero está demasiado herida. La ira y la frustración lo hicieron explotar. —Usted ocupese de su función— se soltó —, salga de aquí y revele nuestra ubicación para que puedan extraernos. —Kang, tienes que dejarla. —¡No! ¡Ya basta! — se hartó de que lo frenara. ¿Cuál era su problema? ¿Por qué estaba tan decidido a detenerlo? —Kang, eres un eficiente combatiente, por favor piensa con lógica. —¿Por qué insiste en que la deje morir? —¡No estoy insistiendo en eso, Kang! ¡Sé que estás perturbado, pero sigues siendo un hombre de estrategias! —habló con fuerza — ¡Ya está demasiado herida, así que debes pensar la opción con más probabilidades de que viva! —Y eso sería que salga cuanto antes a revelar nuestra ubicación para la extraccion, así llegará el cuerpo médico y la atenderá y… —¿Estás viendo esto? — señaló a un vidrio de cinco centímetros clavado en su brazo izquierdo — Es un problema grave ¿estás consciente de eso? ¿y donde dejas todas estas heridas? —señaló a su pierna — ¿O la contusión en su cabeza?  ¿Y todos los vidrios clavados en todas partes? Hay incluso más problemas y heridas de los que vemos. Kang era consciente de lo que le estaba señalando el sargento Garren. La angustia subió por su pecho. —Pueden intentar ayudarla, pero sabes bien que no podemos estar tanto tiempo aquí, no contamos con los implementos necesarios, ademas, hay mucha distancia entre este lugar y nuestro refugio, Kang. Apretó sus dientes al saber que el sargento tenía razón. —¿Y qué propone? ¿Que solo me resigne y la deje morir? — se encontró horrizado — No puedo hacer eso, sargento, no puedo. Kang observó su rostro, su piel estaba aún más blanca que lo habitual, el color había abandonado sus labios. ¿No verla más? Siguió presionando la herida de su cabeza. —No puedo. —No la dejarás morir, le darás la oportunidad de ser salvada, Kang —colocó una mano en su hombro. —¿De qué habla? —Escuché que ella era una de las que había sido seleccionada por el orden dar a luz, ¿no es así? Asintió. —Sabes bien que ellos son como experimentos, los viste en acción hace un momento, están géneticamente alterados — continuó hablando rápidamente —. Necesitan seguir creandolos, y no todas las mujeres pueden dar a luz, así que esta mujer es valiosa para ellos. Tienen más recursos que nosotros para salvarla. Lo sabía bien, tenía razón, Darat era una joya para el orden, podía haber trabajado con la organización, pero porque ellos la habían sacado a la fuerza, y su condición de poder aportarles uno más a su retorcido ejercito, más aún tiempos críticos como ese. —Aún así, ¿cómo sabes que la encontrarán aquí y la ayudarán? —Hay que tener fe — alzó los hombros —. Creo que saben quienes se les fueron arrebatados, saben que teníamos a ella entre los nuestros, supongo que regresarán por sobrevivientes, tanto de los nuestros como los suyos. Seguro intentarían tomar como rehenes a los combatientes que pudieran salvar. —También es valiosa porque tiene en su mente información sobre nosotros — afirmó Kang. —Exacto —asintió el sargento —. La encontraremos después, lo importante es que pueda sobrevivir. —Debo quedarme entonces —dijo firme —, me quedaré, me aseguraré de que sea encontrada, yo… —No, Kang, no, sabes que no puedes hacer eso — volvió a tomarle por los hombros —. A ti si te encuentran, te matarán de inmediato porque saben quien eres, saben lo importante que eres para nosotros, no te van a dejar con vida. —¿Y? No tengo otra opción, no voy a dejarla aquí, yo… ¿Cómo podría dejarla así? —Tienes y vas a hacerlo — ordenó —. No podrás rescatarla del orden si estás muerto, imbécil, ¿y tienes idea de a cuantos de los nuestros tomarán como rehenes? ¿Quién la buscará incesantemente a parte de ti? Fue como si le dieran una patada a la boca de su estómago. Así debía sentirse que le arrancaran el corazón. —Yo.. —La encontraremos, Kang — afirmó el sargento soltándolo —. Te ayudaré, pero eres tu quien debe encargarse. —¿Lo haremos? —Sí, lo prometo —aseguró —. Despídete, iré a anunciar nuestra posición —golpeó su hombro y se levantó alejándose. Kang observó a Darat. ¿Despedirse? ¿sería capaz de hacerlo? Tenía que dejarla allí, agonizando. Tenía que dejarla sola y luego, ¿cuándo podría encontrarla? —Te dije que no te preocuparas por mí. El quejido salió de sus labios haciendo que ya no pudiese ser capaz de contener sus lágrimas. Kang tocó su rostro con una mano, mientras mantenía la otra haciendo presión en el corte. Darat no se movía. Estaba desesperado y sentía que también estaba agonizando, el dolor lo ahogaba, ¿cómo podría dejarla cuando estaba muriendo? Pero, si lo pensaba, su mejor estratégia era dejar que el orden la salvara. Las probabilidades de que consiguiera vivir era mayor, implicaba el riesgo de que no llegaran a tiempo, pero llevarsela era sentenciarla a la muerte. No podía soportarlo, pero aún así, tuvo que tomar la decisión. —Lo siento, Darat, lo siento mucho — se aferró a su mano —. Si dejarte es lo mejor que puedo hacer para salvarte— tragó para poder continuar —, entonces lo haré, pero te prometo, que no descansaré hasta encontrarte. Quería que ella se despertara al menos un poco, saber que lo estaba escuchando, que recordaría sus palabras. Pero le rompía el corazón saber que no era el caso, ella despertaría solo pensando que él la abandonó. —¡Kang, tenemos que irnos! — el grito del sargento produjo desesperación en su ser desde sus entrañas. —No — salió de sus labios aferrándose a la mano de Darat —. Despierta, por favor. Sacudió su mano, pero ella no se movió ni un poco, sus ojos no se abrieron. —¡Kang, ya están aquí, los demás están subiendo a la nave, tenemos que irnos! —Lo siento, Darat — ignoró al sargento —. Perdóname por no haber sido capaz de protegerte. —¡Vamos, kang! ¡No podemos quedarnos más tiempo! —Por favor, por favor, sobrevive, hazlo por los dos — le rogó acercándose a su rostro y recordándole una de las conversaciones que habían tenido tiempo atrás —. Sé egoísta y vive para tenerme a tu lado, pero piensa en mí y en el dolor que pasaré si no lo haces. —¿Me harás arrastrarte? ¡Vamos, Kang! — llegó a su lado —. Ella va a lograrlo. Kang asintió. —Resiste hasta que llegue a tu lado. Y depositó un beso en su mejilla. Cada movimiento después de ese fue como entrar en agua hirviendo. Soltó su mano y se colocó de pie, pero no encontró la fuerza para alejarse. —Debería quedarme yo… —No. Lo siento, Kang, pero nos vamos. Y con esas palabras, el sargento tomó su brazo y lo jaló con tanta fuerza que sacudió cuello. Lo hizo correr. Su propio cuerpo lo traicionó al permitirle a sus piernas moverse. Aunque había salido en una sola pieza, era como si su corazón se hubiese quedado atrás, porque de una estúpida manera sentimental, su corazón se había quedado con Darat. El sargento lo arrastró hasta que estuvieron fuera del edificio. El frío de la noche golpeó su rostro y lo hizo reaccionar como si le hubiesen dado una cachetada. Se detuvo en seco, al entender algo demasiado tarde. —Kang, no… —Debo volver — explicó —, no puedo irme, debo decirle. Kang giró su cuerpo y se dispuso a correr de regreso, pero los brazos del sargento Garren lo tomaron por la cintura. —¡No seas estúpido! —¡Suéltame, tengo que decirle! —¡Muchachos, ayuda! Se soltó del agarre del sargento y corrió de nuevo sintiéndo el tirón de adrenalina. Pero justo cuando la entrada estaba a solo tres metros, alguien se lanzó a su espalda tomándolo por el cuello. Fue lo suficientemente rápido para inclinarse y luego lanzar al hombre en cuestión hacia adelante sobre su cabeza. Quiso rodearlo. Otros dos combatientes lo tomaron por los brazos y el pecho impidiéndole avanzar. Al darles una rápida mirada se dio cuenta de que se trataba de dos ex esenciales. —¡Sueltenme! ¡Por favor! — gritó forcejeando con ellos, pero estos le doblaban la fuerza. Lo jalaron llevándolo hacia la nave de transporte, alejándolo de la puerta y de esa manera de Darat. —¡Tengo que ir! ¡Basta! ¡Déjenme! — rogó incansable — ¡Ella tiene que oírlo! ¡Tiene que oírlo! El sargento Garren entró en su campo de visión mientras lo metían a la fuerza en la nave. —Kang, tienes que calmarte. —Sargento, no — intentó no sollozar —… yo debí decirle antes… debí y no… Se dejó caer en el suelo una vez que lo soltaron al cerrarse las puertas. Había entendido muy tarde por qué Darat insistía en que él no solo le demostrara sino que le dijera, al menos una vez, de forma directa lo que sentía por ella. Kang recordó que les explicaron que en las perspectivas nunca se les decía a los esenciales que estaban en la realidad para no confundirlos. Era por eso que ella quería que él lo dijera, porque escucharle declararlo era su única prueba de que lo que estaban viviendo era real. Era crear el recuerdo al que aferrarse sabiéndo que sus sentimientos eran reales. Y él nunca se lo dijo. Nunca le dejó escuchar que él estaba irrevocablemente enamorado de ella. Ahora, Darat no tendría manera de saber que todo había sido y era real. La había abandonado, sin dejarle nada a lo que aferrarse. 

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
57.0K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
26.2K
bc

MI POBRE ESPOSO MILLONARIO

read
6.0K
bc

Bajo acuerdo

read
48.6K
bc

La esposa rechazada del ceo

read
220.5K
bc

Bailando con el Diablo (+18)

read
41.9K
bc

Tras Mi Divorcio

read
575.2K

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook