Los dos días restantes de camino no presentaron gran problema a excepción de un percance con uno de los guardianes del Orden que intentó escaparse. Kang consiguió alcanzarlo y convencerlo de mantenerse con ellos, puesto que ahí en la intemperie iba a morir con lo salvaje que era la naturaleza y lo decidida que estaba a terminar con los humanos. Darat se había mantenido tranquila y serena, no había presentado ataques de pánico, aunque cuando Kang se alejó para buscar al guardián que se había escapado y regresó, Darat estaba a punto de llorar, pero le dio la impresión de que ella misma había luchado por controlarse. Eso le había conmovido y le había entristecido, sin embargo, confiaba en que Darat se estabilizaría con el pasar de los días, tal como había indicado su doctora. —Apaguen las

