No podía sacarla de su cabeza ni un solo segundo y no era como si lo intentara, no quería.
Recordaba la manera en la que ella le miraba con admiración, la forma en la que le sonreía, o cuando él la llamaba y esta se giraba hacia él de inmediato y se notaba que se reprochaba a sí misma por hacerlo, lo cual le causaba gracia y ternura.
Sentía calidez cuando la recordaba llamándole, siempre por su titulo y nunca por su nombre, se negaba a decirle de otra manera que no fuese:
—¡Capitán! — la recordó emocionada girarse hacia él en aquel pasillo una noche, antes de irse a la misión de alto riesgo.
— ¡Capitán Kang! — le llamó otro día cuando estaba entrenando.
Sonrió y suspiró.
Había perdido tanto tiempo cuando estuvieron en el mismo lugar, a causa de no haberle sido claro respecto a lo que sentía por ella, como lo había hecho Darat cuando le habían proporcionado la vacuna.
Recordar ese momento seguía causándole gracia, por lo que no podía evitar sonreír. Ella se había mostrando tan tierna al mostrar su frustración y declarar sus emociones.
Kang se reprochaba por no haberla abrazado con más fuerza en ese instante, pedirle al entrenador Holland que los dejara solos, no dejar a Darat irse de su oficina hasta no dejarle en claro que estaba equivocada y que él se sentía irremediablemente atraído por ella.
Golpeó la cabeza de la pared y llevó la mano hasta su frente sintiéndose frustrado.
Hubiera hecho…
¿Qué tal si…?
Eran pensamientos que lo atormentaban, y se esforzaba por no pensar en eso, nada lograría imaginando lo que pudo haber hecho mejor y no hizo, pero cuando no tenía un camino que tomar, cómo mirar hacia adelante para hacerlo mejor, no le quedaba otra que mirar hacia atrás a los momentos en los que estuvo cerca de ella y pudo hacerlo mejor.
¿Por qué no había podido tan solo decirle que la quería? ¿Por qué no se le había ocurrido explicarle que se sentía atraído por ella desde el primer instante que la vio?
Ella se había sentido atraída por él desde antes que supiera de su existencia, pero él la había querido desde el primer instante en el que había cruzado delante de sus ojos.
Nunca creyó en las palabras, para él lo importante eran las acciones, las palabras lo tenían sin cuidado, pero se le olvidó que para ella era importante escuchar lo que él sentía.
Pensó que con tratarla lo mejor que podía, con cuidado y delicadeza sería suficiente, pero lo cierto era que si solo las acciones fuesen suficientes, los humanos no habrían tenido necesidad de hablar para comunicarse.
¿Cómo fue tan idiota para pensar que ella no necesitaba una declaración al menos? Incluso para iniciar la guerra se necesitaba una.
Ella lo atraía tanto, la forma en la que la añoraba le estaba consumiendo.
Kang tenía frío, se sentía congelado, pero no porque en ese instante la temperatura fuese baja, sino porque no la tenía a su lado.
Recordó cuando empezó a llover de un momento a otro convirtiéndose rápidamente en una tormenta, y se le informó que había ocurrido un error en el sistema de seguridad y los combatientes iniciales habían quedado atrapados en el campo de entrenamiento bajo la lluvia porque ni siquiera la compuerta se estaba cerrando.
Nunca había sentido tanta preocupación ni había experimentado esa sensación de pánico acelerarle el corazón y robarle el aliento, como lo hizo en ese momento.
Miles de ideas cruzaron por su mente, Darat era una esencial por lo que era más débil que los demás, ¿y si la torrencial lluvia le causaba una enfermedad que le impidiera seguir su vida? Ella apenas había vivído, no podía ser tan corta su oportunidad de hacerlo.
Claro estaba que también le preocupaban los demás combatientes, todos eran parte del cuerpo de batalla y estaban bajo su cuidado, pero en ese momento, fue egoísta de su parte, pero no pudo evitar sentir terror por Darat.
No tuvo idea de cuántas órdenes dio, ni lo mucho que intentó con el equipo de tecnología que las puertas se abrieran. Envió a los combatientes y al cuerpo médico a estar preparado para recibirlos y atenderlos por si las puertas se abrían, pero luego no pudo soportar la frustración de no poder hacer nada con el equipo de tecnología, por lo que corrió a través de los pasillos y listo para abrir manualmente las puertas, las destrozaría si fuese necesario.
Pero justo cuando estaba por dar la orden para hacerlo, las compuertas se abrieron.
Kang recordó la forma en la que un escalofrío recorrió su pecho al buscar a Darat y no encontrarla a primera vista.
Condujo a algunos combatientes a la entrada para ser ayudados por el cuerpo médico hasta que al fin vio a Darat intentando levantarse del suelo sin mucho éxito al otro lado campo. No supo de dónde tomó una toalla, pero lo cierto es que la sujetó con fuerza en su mano.
Sus piernas se movieron más rápido de lo que nunca lo habían hecho y de manera inconsciente hasta Darat, al llegar junto a ella, colocó la toalla sobre su cabeza y hombros y la ayudó a colocarse de pie.
—Hocaplatán — Recordó que habló descordinada, su voz había sonado tan débil que fue como si le apretaran el pecho.
—Vamos, Darat, rápido — le había contestado haciéndola caminar rápidamente bajo techo.
No fue como si no se le ocurriera cargarla, sus pasos eran torpes a causa del tiempo que había paso expuesta al agua tan fría de la lluvia, pero le ayudaría más ponerla en movimiento, que los latidos de su corazón se aceleraran para aumentar su temperatura corporal.
Tomó el camino corto hacia su oficina, haciéndola entrar por las puertas más cercanas a ella y que eran contrarias a aquellas por las que entraban los demás combatientes.
Kang no estaba muy familiarizado con casos de hipotermia, probablemente lo mejor hubiese sido llevarla con el cuerpo médico, pero quería atenderla de inmediato, el cuerpo médico tenía a muchos que atender.
La hizo entrar a su oficina, supo que no estaba tan grave porque se mantenía en pie y eso le dio un poco de alivio.
—¿Puedes cambiarte tú misma? — había preguntado sacando un uniforme suyo de un pequeño armario que tenía en su oficina.
—S…í.
Kang no se sintió muy convencido.
—Toma, hazlo rápido, estaré afuera —le extendió el uniforme.
Darat lo había tomado con manos temblorosas. Kang había tenido que respirar profundo para controlar sus nervios y dejarla sola en la oficina. Incluso ahora que lo recordaba, parecía que los minutos que esperó a que ella se cambiara fueron eternos.
—¿Capitán? — su voz le había devuelto la respiración.
—¿Listo? Acá estoy — había entrado de inmediado.
Luego, al entrar y verla con su ropa, la cual le quedaba inevitablemente ancha, tuvo que esforzarse por concentrarse en atenderla de la mejor manera que recordaba.
—Tienes que sentarte.
La hizo sentar en una silla, tomó unas toallas del armario y entonces con una cubrió su cuello, colocó otra sobre sus piernas, se sentó frente a ella y con otra secó su cabello con cuidado. Solo quería que entrara en calor, recordó cómo sus parpados se cerraban y le llenaba de preocupación.
—¿Estás bien?
—Sí, solo estoy helada.
—Entonces no estás bien. ¿Cómo te sientes?
—Débil, cansada.
—Oh, Darat, vamos, entra en calor — había rogado, practicamente.
Frotó sus brazos, pero luego recordó que eso no debía hacerse por lo que se detuvo, se colocó de pie y frotó su espalda. Quizás estaba haciendo efecto, pero para él nada había sido suficiente. Tomó la toalla que había puesto en sus piernas y la lanzó en el suelo, luego tomó a Darat y la hizo sentarse junto a él.
La había abrazado con fuerza por mucho tiempo, bien pudo haber pasado una hora entera, la movía para que no se durmiera y constantemente llamaba su nombre.
—¿Darat?
—¿Sí, capitán?
—No te duermas.
—No, capitán.
Sonrió al recordar la manera en la que ella se había aferrado a él en aquel momento. Supo en ese instante que no podía ni quería perderla y debió haberselo dicho allí mismo, pero no lo hizo.
—Te extrañé.
Susurró ella luego de un tiempo, no podía describir cómo eso detuvo sus pensamientos coherentes en aquel momento. Y ahora que lo recordaba se sentía omo una daga clavada a la boca de su estómago. Quería devolver el tiempo para decirle que él también la había extrañado, es vez había pasado una semana en la que no habían tenido interacciones mayores a solo un saludo a la distancia, lo cual lo estaba volviendo loco, sin embargo, no se lo dijo, en cambio le contestó:
—Ya estoy aquí, así que, por favor, entra en calor.
Luego de un buen tiempo, Kang había apartado la toalla y tocado su cuello para verificar su temperatura, al darse cuenta que ya era normal fue que pudo respirar.
—Creo que ya estoy bien — le había indicado ella.
—Lo estás —ahora que lo pensaba, quizás había sonado demasiado aliviado.
Sin embargo, no fue capaz de soltarla en aquel instante.
—¿Nota lo que está haciendo, Capitán?
Cuando Darat le había preguntado aquello sintió un poco de vergüenza al pensar que ella se referiría al hecho de que no había dejado de abrazarla, por lo quela soltó de inmediato. En aquel entonces, a pesar de que notaba o sospechaba de sus sentimientos, ella no le había dicho nada.
—No, ¿a qué te refieres? — había respondido colocándose derecho.
—Me está hablando informalmente, Capitán.
Se había arrepentido de haberla soltado de forma precipitada.
—Oh, eso — la miró con confianza —, es que ya no lo veo necesario, puedes hablarme directamente.
—¿Está seguro de eso? — notó una ilusión en el rostro de Darat, se vio tan tierna que quiso tomar su rostro, pero se contuvo.
—Sí, pero solo cuando estemos los dos.
—Eso es muy agradable —notó la emoción en su rostro y verla así le había llenado de energía.
Y en ese momento que estaba recordando, le producía nostalgia.
La había llevado después al hospital y pidió que se aseguraran bien de que no estuviera enferma. La misma preocupación e interés por ella le había hecho estar cerca de ella más seguido.
Pero aún así pudo haberlo hecho mejor.
¿Tendría la oportunidad de ser mejor con ella?
Aunque esa vez fue la oportunidad que le hizo afirmar que debía estar cerca de ella, no fue la primera vez que se preocupó por ella. La primera vez había sido cuando, al pedir el informe del estado de los esenciales, le habían reportado que habían varios que estaban a punto de desistir, entre ellos, estaba Darat.
Cuando un esencial estaba a punto de desistir, en muchas oportunidades ni la misma persona lo sabía, era algo a nivel subconsciente. De esa manera, Kang había decidido darles un poco de aliento con algunas palabras.
Al entrar a la habitación de inmediato ubicó a Darat como si supiera dónde se encontraba. Al verla tan débil y vulnerable había sentido una angustia repentina.
No recordaba qué palabras había dicho, solo supo que habló intentando demostrar seguridad y ocultar que se había puesto nervioso. Intentó que Darat no notase que él la veía de vez en cuando, pero quizás debió hacerlo notorio.
Pero no podía reprocharse por todas las acciones que había llevado a cabo, al final de cuentas, todas le habían conducido a Darat.
Así que decidió levantarse del suelo y echar agua fría en su rostro para serenarse. Todo lo que le quedaba ahora era armarse de paciencia e idear la mejor estrategia que le permitiera traer a Darat lo más pronto posible.
Porque no podía darse el lujo de paralizarse y dejarla sola más tiempo. A partir de ese momento, cada segundo formaba parte de una cuenta regresiva.
—Resiste solo un poco más, Darat —pidió cerrando los ojos, esperando que, de alguna ilógica manera, ella pudiera percibirlo—. Estoy en camino.