Capítulo

1441 Palabras
Wilt trabajaba de camarero poniendo copas en la noche en un pub llamado Abanico Copas, en el popular barrio de Chueca, en pleno centro del mariconeo de Madrid. Miró el reloj del móvil y tendría que empezar a cenar algo y después vestirse y arreglarse o yo llegaría a tiempo. Entraba a trabajar al pub a las once en punto y si se retrasaba un solo minuto, el dueño, conocido como Gina Boss, le quitaba un euro por cada minuto de retraso. Ese mes ya llevaba restados de la nómina quince minutos en retrasos o sea quince euros. - Si me vuelvo a retrasar paso hambre este mes-pensaba mientras hacía cálculos en el móvil. Al final cómo siga así le tengo yo qué pagar a la Gina en lugar de ella a mí. Se levantó del sillón y fue hasta la cocina a hacerse un sándwich de esos que te haces cuando no tienes ganas de cocinar. Sacó la mortadela y la mantequilla de la nevera y los dejó sobre el poyete de la cocina. - ¿A qué hora entras esta noche hijo?- le preguntó su padre que había aparecido por arte de magia en el marco de la puerta. Con estos horarios que llevas no coincidimos ya apenas, durante el día duermes y por la noche vives-se quejó el padre cómo otras tantas veces le había manifestado ya. Atravesó el marco y se puso junto a Wilt para comprobar que se estaba preparando de cenar. Evaristo que así se llamaba el padre de Wilt y marido de Maloles, era muy joven aún para ser el padre de Wilt pero es que sus padres se enamoraron muy jóvenes y se casaron también muy jóvenes y enseguida tuvieron a Wilt. Ya no tuvieron más hijos, Wilt era hijo único. Por eso sus padres, desde que había comenzado a trabajar en el mundo de la noche, tenían el sentimiento de que lo habían perdido, lo veían muy cambiado y pensaban que ya no era el mismo. Los amigos de Wilt suspiraban cada vez que veían a Evaristo, alguno había propuesto formar un club de fans: - ¡Qué padre más guapo tienes! Lo queremos de padre nosotros también-le repetían una y otra vez cada vez que venían a casa a tomar café o a desayunar o a cenar o a ver una peli o porque venían paseando y habían pasado por la puerta y habían dicho de entrar... cualquier excusa era buena para ver a Evaristo. - ¿Hacemos algo el próximo sábado por la tarde hasta que te vayas a trabajar?-propuso Evaristo. Tenemos mucha tarde para planear algo. Wilt restregaba concentradamente la mantequilla sobre la rebanada de pan de molde. De tanto repasar hizo un agujero en el pan. Después cogió una rodaja transparente de mortadela y la colocó sobre el pan. Hizo lo mismo con otra rodaja y después puso encima la otra rebanada de pan. Le pegó un bocado: - Está delicioso este sándwich papá ¿Lo quieres probar?-le preguntó ofreciéndoselo. Pero el padre lo declinó con la mano: - Te he hecho una pregunta hijo... desde que sales tanto por la noche no estás apenas con tu madre y conmigo, ya no hacemos cosas juntos cómo antes...y echo mucho de menos esos planes familiares. Tú madre también, además este fin de semana libra en palacio, nos vendría bien salir a divertirnos un poco. - ¿Cómo estáis mamá y tú? Últimamente discutís mucho, no sé que os pasa pero se os está yendo esto de las manos, llegará un día que no podáis ni miraros a la cara-le reprochó Wilt sentándose sobre un taburete y dejando el sándwich sobre la mesa. Bebió un sorbo del vaso de agua esperando a que su padre le diera tiempo a reflexionar la respuesta. - Bueno hijo, ya sabes qué los matrimonios tienen sus momentos de crisis y sus momentos de esplendor-le explicaba mientras buscaba un vaso en el armario cómo quitándole importancia a sus palabras. Nosotros estamos ahora en los primeros pero lo importante es estar juntos y superarlos, no tirar la toalla a la primera de cambio y nosotros somos una piña. Tu madre trabaja mucho con la Reina, que ya sabes que es muy marimandona, para sacarte a ti adelante y que puedas tener lo que desea cualquier chico de tu edad. Ella en su infancia tuvo muchas privaciones de pequeña, supo lo que era un juguete con veinte años y no quiere que tú pases por lo mismo, por eso echa más horas que un reloj en el palacio, casi más que la Reina que vive allí. Wilt se terminó el sándwich y se levantó del asiento. - Si, es cierto papá, trabaja mucho por eso no entiendo que con el poco tiempo libre que le queda lo dediquéis a discutir, cada vez gritáis más, sois el espectáculo del bloque, a los vecinos solo les falta sacar entrada. Anoche cuando llegaba a casa varias vecinas estaban asomadas en las terrazas de los patios escuchándoos, después me enteré que hacen apuestas entre ellas para ver quien gana. - ¿Cómo? ¿Y a qué apuestan?-preguntó Evaristo sorprendido. - Pues gana quien haya apostado por cual de los dos, si tú o mama, se quede sin argumentos y deje de contestar. - Vaya que interesante, qué vecinos más cultos y aburridos tenemos...no estaría mal que cobráramos. - Bueno papá voy a darme una ducha rápida y a vestirme. En nada tengo que estar en el pub y quiero llegar puntual que sino la Gina me quita dinero... - Ay que ver hijo cómo es esa gente, bien te podías buscar otro trabajo, ese empleo no puede ser para toda la vida, tienes que ser más selectivo y no quedarte con lo primero que pilles. Dijiste hola y te contrataron. Dedica a estudiar por las tardes que puedas terminar la carrera y ser algún día un gran abogado. Tienes la carrera descuidada desde que empezaste a trabajar en ese local de mala muerte. - No empecemos papá con el sermón de siempre... me viene bien para sacarme un dinero para mis gastos, además me lo paso bien trabajando, son gente muy divertida, especialmente las Drag Queen que son divinas de la muerte. Wilt se giró hacía el pasillo, le pareció haber oído una voz. - ¿Has oído algo tú también?- preguntó girándose hacía el padre. Evaristo asintió. Los dos escucharon atentamente. Efectivamente había una voz que procedía del rellano de la escalera y no era de la Angelines, la vecina de enfrente. Desde que habían arrancado la puerta de entrada de cuajo para venderla en la chatarra vivían cómo flanes temerosos de que alguien pudiera entrar y darles un susto de muerte. Wilt caminó de puntillas cómo si llevara tacones, por el largo pasillo para comprobar qué estaba sucediendo. Cuando giró en el pasillo comprobó que era su madre la que estaba allí plantada en el rellano de la escalera pero le extrañó porque la hacía trabajando: - ¿Hay alguien ahí? ¿Se me oye? 1,2,3 probando ¿Se oye?-gritaba la Reina. Wilt avanzó hasta ella, no entendía que hacía allí plantada y porque no entraba a casa: - Mamá... ¿Y para que me mandas un wasap si estabas aquí ya? ¿No tenías espera? ¿Es que no trabajas? Me extraña que la Reina te haya dado el día libre, eso es imposible...Estaba viendo mi serie favorita, no me acuerdo ahora cómo se llama-le dijo Wilt con cara de póker. Con lo poco que utilizas tú el wasap que del "ok" no pasas nunca. Has escrito hoy más que en toda tú vida... Evaristo apareció detrás de Wilt y miró a la Reina: - Maloles he pensado que ya que Wilt trabaja esta noche podríamos salir tú y yo a cenar algo fuera. La Reina se quedó prendada del marido de Maloles, no dejaba de mirarle, estaba ensimismada. Le guiñó un ojo. Evaristo dio un respingo, hacía ya mucho tiempo que Maloles no le miraba de esa forma y menos aún que le guiñara un ojo. Wilt miró a sus padres sonriente y se sintió feliz porque hacía mucho tiempo que su madre no miraba con esos ojos a su padre. - Mamá pero di algo a papá que está esperando... La Reina miró a Evaristo y a Wilt y pensó que no podía hacerle ese feo: - Claro que sí acepto. Wilt emocionado la abrazó muy fuerte y después fue hasta su padre y también lo abrazó. La Reina los separó y apretujó muy fuerte a Evaristo empujando a Wilt, que cayó directo al suelo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR