Capítulo 16

1402 Palabras
Maloles paseaba tranquilamente por los jardines de palacio. Soñaba con poner en las escrituras de todos aquellos terrenos su nombre. Eligió su preferido, uno que estaba lleno de amapolas, sus flores preferidas y en el centro había instalada una gran cabaña de madera. En ella haría buenos cocidos en invierno. Una voz por megafonía la sorprendió: - Reina Manoli acuda urgentemente a Palacio, el Rey desea verla en su despacho para una audiencia. Maloles miró para todos los lados para comprobar de donde procedía esa voz que le recordaba a las llamadas de telemarketing que recibía en las siestas cuando empezaba a coger el sueño. - ¿Ha dicho una audiencia? ¿Pero eso qué es? Yo no estoy sorda para que me hagan ninguna prueba. Comenzó a caminar apresuradamente en dirección a Palacio. Los jardineros se levantaban la gorra a su paso y la saludaban con una gran sonrisa. - Cuando soy criada ni buenos días me dicen, falsos, que sois unos falsos-se quejó. Ahora no voy a dejar de mandaros a todos. El móvil comenzó a vibrarle en el bolsillo y a sonar la sintonía de Camela "Cuando zarpa el amor". Se lo sacó y miró de reojo la pantalla, temiendo que fuera un wasap de la Reina, le estaba cogiendo el gustillo a esa vida. Efectivamente era un wasap de ella. Lo leyó de mala gana: "Maloles ha surgido un imprevisto, me voy a retrasar, no es nada grave ni nada de eso pero es mejor esperar para que no nos descubran, espero que no te enfades... Wilt es muy gracioso y he conocido a tu marido Evaristo, que fastidio de hombre, no sé cómo lo aguantas. Por cierto, el fuego de la comida lo dejaste apagado, estate tranquila mujer ¿Me puedo quedar un poco más? Necesito desconectar de Palacio" Maloles comenzó a escribir rápidamente: "Ok ok ok ok ok ok" - Espero que no se note mucho que no quiero que vuelva. Se guardó el móvil y llegó hasta la puerta del despacho del Rey. Los escoltas dieron un paso al frente para interrogarla con las escopetas preparadas en las manos: - Dí-di-ga-nos la-la pa-pa-pa labra se-se-se creta-preguntó uno de ellos que era tartamudo. Es necesario por la seguridad del Rey, entiéndalo-dijo el otro. Él es el rey y usted es consorte simplemente. - j***r cómo está el patio-pensó la Reina. - A la de tres y nos dice la palabra secreta: una, dos y...tres. Maloles se estrujaba la cabeza para dar con la palabra secreta, no entendía cómo la Reina podía haber sido tan lela y no haberle dicho la palabra secreta. Pensó en sacar el móvil y enviarle un wasap pero no le daría tiempo y se notaría bastante que estaba haciendo trampa. Entonces se le ocurrió una palabra, decidió jugársela y arriesgar cómo en el póker: - La palabra secreta es "Rey". Los escoltas se miraron extrañados: - Falta algo...¿No cree? - "Rey Manolo" Asintieron, se hicieron a un lado y la dejaron pasar. Dejaron de apuntarla con las escopetas. Le tocó a Maloles abrir la puerta porque la criada abrepuertas no estaba en su puesto ese día, siempre estaba de bajas por depresión. Se ajustó la peluca con las manos y decidió que lo mejor era bajar la cabeza y mirar al suelo para que el Rey no notara nada raro en ella y la descubriera. Anduvo por un largo pasillo, giró a la izquierda, luego a la derecha, de nuevo a la izquierda y otra vez hacía la izquierda. Al fondo se encontró con el despacho del rey. Pensó que no sabría regresar de allí, era un laberinto y parecía que lo habían hecho a posta para joderla a ella. Llamó a la puerta suavemente, con mucha delicadeza cómo solamente saben hacer las reinas. Al otro lado de la puerta se oyó primero toser, después estornudar y finalmente un pedo que retumbó en toda la estancia. - No sabía yo que los reyes también hacen esas cosas-pensó Maloles sonrojada. Lo tenía que haber grabado con el móvil y me hubiera sacado un buen pastizal por ese pedo. Esperó unos instantes a que al Rey le diera tiempo a reponerse de sus ventosidades. Llamó de nuevo a la puerta con los nudillos de la mano. Dos golpes suaves. - Adelante ¿Para que coño llaman a la puerta? Con la rabia que me da, que manías j***r. Mira que lo he dicho veces, pues nada. Parecía que estaba de buen humor el Rey... Había oído Maloles que le solía pasar cuando tenía despacho porque le suponía mucho esfuerzo coger la pluma estilográfica y estaba hecho un perro rabioso. Abrió la puerta y el Rey ni la miró. Se escuchaba música de Omar Montes en el móvil del Rey. Maloles se acercó hasta la mesa de madera y comprobó que el Rey estaba jugando al solitario. Ella se quedó allí plantada de pie observándole, esperando a que él le dijera algo: - ¿Te la has estudiado? ¿Estás segura en todos los puntos?- le preguntó fríamente. Maloles no sabía a qué se refería ¿Estudiar el qué? Ella ya había acabado los estudios básicos hacía más años ya que matusalén. Del colegio no pasó. No la volvería a poner a estudiar ahora a sus años... Guardó silencio para disimular cómo que no le había escuchado. - El que calla otorga, así me gusta Manoli. Te tienes que ganar el suelo que para eso nos pagan. - Si claro, estoy de acuerdo alteza digo Manolo. El Rey levantó la cabeza del móvil y la miró de forma rara. -Yo si he estudiado tu propuesta de separación pero necesito más tiempo para pensarlo, consultar a mis abogados, no es tan fácil, tú ya me entiendes... hay mucho en juego y no podemos separarnos al tuntún. Vivimos muy bien sin hacer nada y no podemos jugárnosla. Además, tenemos que mirar por nuestro hijo Manolín que es el heredero y mi sueño es verlo algún día con la corona sobre la cabeza. Además, le encantan los brillantes que lleva, me dijo de quitárselos y hacerse un collar pero se lo prohibí, quizás en tiempos de crisis sí pero ahora no. Maloles se quedó traspuesta, le miraba con los ojos cómo platos ¿Había dicho separación? pero ¿Separación matrimonial o patrimonial y ella había oído mal? A veces estaba teniente. Era mejor aclararlo para evitar malentendidos. - ¿Ha querido decir separación matrimonial o patrimonial? preguntó con voz temblorosa. Es que estoy algo sorda. - ¿Es que acaso te has arrepentido ya? ¿No quieres la separación? Viniste ayer con mucha urgencia, que no me aguantabas, que estabas harta de la vida en palacio, que esto no estaba hecho para ti, que necesitabas libertad... que echabas de menos tus clases de molde. Maloles desconocía todo aquello y de la afición de la Reina por el molde, nadie había notado nada extraño en los reyes. Habían fingido divinamente bien. Ahora ella era conocedora de un secreto que podría valer mucho dinero en forma de exclusiva. El Rey iba vestido con un chándal de color rojo, nunca le había visto con un look tan deportivo e informal. En la cabeza llevaba una gorra Nike negra pero lo que más le sorprendió no fue eso sino que llevaba sobre el cuello un cordón dorado con una gran cruz en el pecho. Manolo se subió las mangas del chándal y ahora Maloles si que alucinó. Llevaba pintado un tatuaje sobre el brazo. Era una calavera. En su vida había visto tatuaje más feo que aquel y le sorprendió que fuera el rey el que lo llevara. Ahora entendía porque cuando aparecía en televisión siempre iba vestido de manga larga en pleno agosto: - Qué inteligente- pensó Maloles ante su descubrimiento. Ese punto macarra del Rey la puso loca, sintió algo en su interior que con su Evaristo hacía mucho tiempo que no sentía y no podía dejarlo pasar así cómo así: - He pensado Alteza que será mejor que nos olvidemos de la separación matrimonial y pongamos de nuestra parte para llevarnos mejor. Juntos podremos superar todos los problemas. El Rey se levantó del asiento, rodeó la mesa y se plantó ante ella. Le cogió las dos manos y le estampó un beso en los labios que a Maloles le sabio a beso de cuento de hadas.
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