Capítulo 17

1323 Palabras
Wilt miró la hora en el móvil. - ¡Mierda ya voy con retraso otra vez! Ya verás la Gina esperándome en la puerta hecha un erizo. Cuando me vea me pincha. Recordó que esa noche le tocaba trabajar en el guardarropa porque la Gina le había castigado por haber descuadrado la última vez la caja en más de doscientos euros. Le había recriminado que no había ni cobrado el hielo de los vasos: - La semana que viene te toca abrigarte guapa en el guardarropa, además dan mucho frío así que te tocan bufandas...le dijo Gina con una sonrisa más falsa que la de Judas. Ningún camarero quería el guardarropa porque la gente te dejaba los abrigos sobre el mostrador y se iban locos pedíos a la pista a bailar y si la canción que sonaba era de Alaska, ni te miraban a la cara, te tiraban el abrigo a la cara y adiós muy buenas. Luego a ver quien lo encontraba... Y si había bufandas, ya ni te cuento porque se caían de las perchas y reptaban por el suelo cómo serpientes y no había maneras de encontrarlas. La última vez que a Wilt le tocó el guardarropas mezcló todas las bufandas y se montó una buena... La Gina tuvo varias denuncias de indemnizaciones y le dijo a Wilt que se las iba a restar de su sueldo. Ante la lágrimas de Wilt, ella se compadeció de él y llegaron a un acuerdo amistoso para pagarlas a plazos, cien euros cada mes. Entre retrasos e indemnización le quedaban a Wilt tres euros para pasar el mes. Vio el rótulo del pub a lo lejos, al final de la calle. Las letras de "Abanico copas" de color rojo rompían la oscuridad de la noche. Era una calle llena de pubs para todas las orientaciones posibles: bolleras, camioneras, boleras, gay, osos, fibrados, maduros... tenías más para elegir que una tómbola. La calle estaba atiborrada de gente. Wilt fue serpenteando cómo buenamente pudo. Hacía bastante frio lo cual significaba que tendría mucho trabajo esa noche. Cuando le tocaba guardarropa se tragaba el parte meteorologico entero del telediario: - ¡Ey Wilt! gritó un machorro a sus espaldas. Los machorros eran los que más ligaban en la noche. Wilt se giró y no le sonaba su cara de haberse liado con él pero lo grabó en su mente para cuando terminara de trabajar. - Ahora nos vemos en la barra-volvió a gritarle. Que sepas que dejo sin bebida esta noche. Llevo una buena cartera de billetes en el bolsillo parece que llevo dos paquetes. Un cliente anoche me pagó muy bien por mis servicios premium. Los amigos que le acompañaban le rieron la gracia. - Qué gracioso-pensó Wilt. Cómo traigas abrigo esta noche te quedas sin él subnormal, te vuelves a casa solo con las bragas. Divisó a lo lejos en la portería a la Gina. Esta noche estaba de portera también, era pluriempleada. Llevaba una porra en la mano y se daba golpes con ella en la otra mano. Los clientes entraban rápidamente para evitar que les diera con la porra. Wilt llegó hasta la puerta del pub. La Gina miró de reojo un reloj que estaba colgado en una de las esquinas de la pared y que había colgado ella para controlar la hora de llegada de los trabajadores del pub. - Guapa llegas tarde quince minutos, tienes quince euros menos esta noche y cómo te toca guardarropa y cobras menos que en las barras, esta noche ganas de sueldo ocho euros. La Gina llevaba encima un abrigo que Wilt calculó que pesaría una tonelada, iba chepada por el peso. Comenzó a quitárselo con mucha dificultad y tardó unos diez minutos en lograrlo. Wilt comprobó que era un abrigo nuevo, de piel, nunca antes se lo había visto, parecía de zorra. - Aquí tienes mí abrigo, así vas practicando, mejor coge cuatro perchas porque en una ni lo pienses... Se lo lanzó con fuerza de hetero y Wilt se tambaleó a punto de caer al suelo. - Será asquerosa la cara zapato esta, solterona de mierda. Wilt pasó delante de ella con el abrigo en peso y la Gina le dio con la porra en el culo. - ¡Arriba ese culo respingón que vale millones! Por eso te tengo contratada querida, tu culo debería poner las copas y no tú, ganaría más contigo-le gritó a sus espaldas. Te voy a poner en la barra con las piernas para arriba y la cabeza para abajo para que sea tu culo y no tus manos quien ponga las copas en la barra. Varios clientes que había en la antesala de entrada al pub bajaron todos discretamente la mirada hacía el culo Wilt y asintieron con la cabeza. La Gina volvió a gritar: - ¡Ahora entiendo porque ganaste Miss Culo 2022! Wilt levantó la puertecilla por la que se accedía al guardarropa y entró. Se agachó y de una caja comenzó a sacar perchas de madera y fue colocándolas una a una sobre una barra que había colgada de pared a pared. Colocó con mucha dificultad el abrigo de la Gina y le asignó el número uno. Ya tenía pensado a que cliente se lo iba a regalar cambiando las fichas para joderla, seguro que el abrigo lo había comprado a plazos. El cliente iba a ser uno conocido en el ambiente como "la tonta", le vendría muy bien porque el abrigo que llevaba, lo tenía ya adherido a la piel, decían que había nacido con él puesto. La música de fondo de la pista se oía con mucho volumen. A Wilt le llegaban los reflejos de las luces de neón allá en la oscuridad del guardarropa, parecía que estaba metido en una cueva, solo faltaban las pinturas rupestres. Sonaba la archiconocida canción "A quien le importa" de Fangoria que él la tenía aborrecida porque sonaba cada dos minutos y todas las mariquitas levantaban las manos pensando que la habían escrito para ellas. Se quedaban afónicas de gritar. El móvil comenzó a vibrarle. Resplandecía la luz de la pantalla en el estante en el que lo había depositado para no estar pendiente constantemente mientras trabajaba. - Un momento que me esta vibrando el móvil-le dijo a un chico que le estaba entregando la chaqueta en ese momento. Fue hasta el móvil y comprobó que era un wasap de su padre: - Hijo esta noche he salido a cenar con mamá. Hemos ido a un sushi. Tu madre tiene un lio con los palillos, aún no ha empezado a comer y yo ya estoy con el café. Me lo está moviendo con uno de los palillos. Quería decírtelo porque sé que te va a alegrar. Qué te vaya bien la noche hijo. Evaristo dejó el móvil sobre la mesa del restaurante y sonrió a la Reina que comenzaba a verlo ya doble y triple por culpa de la bebida: - Maloles gracias por la velada, estoy disfrutando esta cena mucho, hacía miles de años que no salíamos a cenar los dos solos. La Reina tenía veinticinco botellas de cerveza en su lado de la mesa, se había bebido hasta las etiquetas: - Me falta una copa para terminar la noche-le dijo a Evaristo agarrándole de la mano que la tenía extendida sobre la mesa. Quiero seguir mirándome en tus ojos amor. Evaristo abrió los ojos cómo platos. No salía de su asombro por dos motivos, uno porque desconocía que Maloles se hubiera aficionado a la bebida y dos porque nunca la había visto tan cariñosa con él. Hacía mucho tiempo que ella no le miraba de esa forma tan especial, recordó que la última vez fue cuando él le dijo su nombre el día que se conocieron. - Pues si te parece podemos ir a ver a Wilt y tomarnos una copa en El Abanico-propuso Evaristo. La Reina asintió encantada y le guiñó el ojo.
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