Capítulo 18

1240 Palabras
Maloles apagó la luz de la lámpara de la mesita y desbloqueó el móvil. Buscó el contacto del wasap de la Reina y se puso a escribirle: "Reina Manoli tienes que venir cuanto antes o nos descubrirán, nos la estamos jugando y no está el horno para bollos. He salvado tu matrimonio, le he dicho a Manolo que tenemos que poner de nuestra parte y solucionar nuestras diferencias, he leído en Google que se dice eso cuando los matrimonios están en crisis" Le dio a enviar wasap. - Buenas noches- se dijo a sí misma. Sueña con los angelitos Maloles. Esto es lo que le decía su madre cuándo era niña y ella seguía haciéndolo para no perder la costumbre. Comprobó que la Reina no estaba en línea desde hacía varias horas, lo cuál le extrañó porque ella era de las que se ponían el camisón a las siete de la tarde y aporreaba el móvil hasta que se quedaba dormida. No quiso darle importancia pero una ráfaga de celos le pasó por delante de las narices. Bloqueó el móvil y lo dejó sobre la mesita. Se echó el edredón hasta taparle el pelo pero cayó en la cuenta de que se le había olvidado decirle una cosa sin importancia a la Reina. Cogió el móvil con una mano y lo desbloqueó. "Reina se me ha olvidado decirte que mañana hay una recepción en palacio de una embajada china o algo así porque yo los veo a todos chinos y va a venir la tele y todas esas cosas. Estate aquí a primera hora guapa que me vaya a mi casa a cambiarme las bragas que si las pongo en el suelo andan solas" Envió el wasap y dejó el móvil de nuevo en la mesita. Se metió dentro del edredón y a los cinco minutos estaba ya roncando como una cerda, nunca había visto colchón igual. Evaristo pagó la cuenta con la tarjeta y le dio las gracias al camarero. - ¿Ese aparato qué es? ¿Para qué sirve?-le preguntó a Evaristo mientras esperaba a que este le pusiera el abrigo. Evaristo la miró extrañado. - ¿Qué hablas Maloles? ¿Qué aparato? ¿El del aire acondicionado? - No ese con el que has dicho que has pagado ¿Es que ya no valen los billetes de toda la vida? Evaristo pensó que Maloles tenía un problema serio con la bebida, casi se bebe hasta la mesa del restaurante. Desconocía esa adicción secreta de su mujer con la bebida. Pensó que en palacio haría botelleos con la Reina y él tan tonto que no lo habían invitado nunca. No darse cuenta... suspiró, ni notarle el aliento, cómo podía haber sido tan ingenuo, se recriminó. Luego cayó en que llevaban años sin darse un beso ni siquiera en los cumpleaños, ni para felicitarse el año. - Es un datáfono Maloles. - ¿Por qué hablas en otro idioma Evaristo? ¿Para hacerte el interesante?-le preguntó la Reina trabándosele la lengua. - Mujer es una tarjetita que sustituye al dinero, se pasa por la ranura y hace la misma función, puedes pagar y comprar hija igual, nada del otro mundo. Parece que estás alelada como si vinieras de un país muy lejano, de Portugal por lo menos. La Reina asintió pero no se quedó muy convencida, pensó que se estaba quedando con ella. Evaristo salió a la calle, se colocó la bufanda y se abotonó el abrigo hasta los ojos. Miró a su lado y comprobó que la Reina no estaba junto a él. Se giró de nuevo hacía el restaurante y vio que la Reina le hacía señales con una mano mientras que con la otra sujetaba el abrigo. Evaristo no entendía que decía, ni porque hablaba ahora con mímica. - Vaya payasa-bufó. Fue hasta ella. Abrió la puerta: - Maloles ¿Qué te pasa? Hablas ahora con mímica cómo si fueras muda, has bebido demasiado no puedes ni hablar. La Reina lo miró furiosa, en su vida se había puesto ella un abrigo y menos lo iba a hacer ahora en un restaurante. - Evaristo ponme el abrigo, venga, rápido que tengo frio. Le entregó el abrigo y se dio la vuelta para que él se lo colocara por detrás. Evaristo obedeció y salieron a la calle. La Reina le cogió del brazo y comenzaron a caminar. Él pensó que hacía treinta años que no lo agarraba de esa manera tan juvenil por la calle. Le dio pudor porque parecían dos separados que se acababan de conocer. - ¿Queda muy lejos el pub ese donde trabaja Wilt? - Qué va mujer está cerquísima, a dos calles, al girar la próxima calle. La Reina se detuvo. - ¿Pedimos un taxi? - ¿Te has puesto loca? Son carísimos, no bebas más o me arruinas esta noche. - Pues tengo una idea mejor porque yo no sé tú pero yo no tengo ganas de andar. La Reina pensó que lo máximo que había andado en su vida había sido para ir al baño. Le pidió a Evaristo que se pusiera de espaldas que le iba a dar una sorpresa. Contó a la de tres, cogió carrerilla y se subió encima de él. - Arrea-le ordenó. Evaristo comenzó a andar en dirección al Abanico Copas. La Reina lo abrazó con todas sus fuerzas. - Me estás ahogando Maloles, voy con la lengua fuera, no puedo respirar. La Reina aflojó los brazos pero sin dejar de apretujarlo. Llegaron a la puerta del pub. La Gina seguía de portera. - Esta es la jefa de Wilt-le susurró Evaristo a la Reina. - Vaya cara de solterona tiene-replicó la Reina. Está hambrienta de hombre. La Gina comenzó a darse con la porra en la mano. Evaristo fue hasta ella. - Buenas noches Gina, somos Evaristo y Maloles, los padres de Wilt, uno de los camareros que trabajan aquí para ti. - Ay no me suena ese nombre ¿estáis seguros que se llama así? Dejarme que mire la lista de mis empleados-dijo ella haciendo la empresaria cómo que era la dueña del Corte Inglés. Ah, sí, mira está aquí pero ya entiendo mi confusión, Wilt no es camarero sino guardaropero, lo próximo será portero y después barrendero. El chico en vez de para dentro del local va para fuera, hice un buen fichaje, si me hubiera estado quieta. - ¿Tenemos entonces entrada gratis no por ser familiares de empleado?-le preguntó Evaristo mientras la apartaba para ir entrando al pub. - Guapa-contestó la Gina. Los familiares pagan más por la entrada porque entretienen a los camareros, por eso son 20 euros. Evaristo sacó furioso un billete de 20 euros, quejándose de lo cara que era la entrada, vaya estafa-gritó. Se lo entregó a la Gina. - No perdona, creo que no me he explicado bien, a veces mezclo idiomas porque soy artista famosa internacional. Son 20 euros cada uno. Evaristo encolerizó. - ¡Esto es una estafa! ¡Llama a mi Wilt ahora mismo! - Está prohibido entretener a los empleados y si lo hacéis, la sanción para tu Wilt es la limpieza de todos los wáteres en el horario de 6 de la mañana que es el peor de todos, por ser el de los vómitos, las potas, las diarreas... Evaristo se giró hacía la Reina: - ¿Entro yo Maloles y después tú y así compartimos entrada?
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