Sara Cuando era pequeña, veía cómo mis padres se amaban. Mi padre siempre consentía a mi madre, y yo era su princesa. Toda la vida soñé con ese tipo de amor incondicional. Cuando me casé con Arturo, todos mis sueños se destruyeron, pero siempre pensaba que había una razón para que él actuara de esta manera. Cuando murió mi ángel, me di cuenta de que ninguna razón, ningún motivo, es suficiente para que actúe así. Y ahora que estoy aquí, atada a una cama en mi vieja casa, la que tanto deseaba recuperar, y él, frente a mí, sentado solo, mirándome sin decir una palabra, me doy cuenta de que siempre ha estado mal, demasiado mal, diría yo. Él me sonríe y se acerca a mí, acaricia mi rostro, pero yo me volteo. Entonces, él me toma fuerte, aprieta mi mandíbula hasta lastimarla y se acerca a mi ro

