Sara Hay momentos en la vida que no tienen una explicación real. ¿Quién se imaginaría que Arturo daría la vida para salvarme? Es que esto no tiene sentido. Tampoco me voy a poner a averiguar qué pasaba por su mente tan retorcida. Estaba enfermo, pero esto ya acabó. Ahora sí, mi atención está completamente en Valeria. Cuando volteo a ver, ella está temblando, abrazada a sus piernas. Cuando sus ojos se cruzan con los míos, le sonrío. Me gusta verla de esa manera, aterrada, como si yo realmente fuera a matarla. Tomo una silla y me siento frente a ella, cruzo mis piernas y suspiro. —Ay, Valeria, ¿qué voy a hacer contigo? Lo que sí te tengo que asegurar es que, desgraciadamente, no vas a salir bien librada de esto. Cometiste muchas estupideces y simplemente tienes que pagar por ellas. Sus l

