Sara Mantenía una sonrisa en mi rostro, pero no podía creer todo lo que Arturo decía. Después de todo lo que había hecho y había pasado, todavía pensaba que yo iba a creer semejante estupidez. Definitivamente, este hombre estaba mal de la cabeza. Veo cómo Aurora se pone de pie, rodea el escritorio, se recarga en él y cruza sus brazos. Me mira a los ojos y me sonríe. —Deberías creer, Sara, en lo que dice. Jamás ha dejado de nombrarte. Si duerme, sueña contigo; si folla, grita tu nombre. Sabes que ya estaba cansada de verte en todas partes. Mi padre obsesionado contigo, Arturo de la misma manera. ¿Qué hace Sara Betancourt para ser tan especial? Porque no lo voy a negar, eres una mujer hermosa, pero ¿qué tienes que los idiotiza? No te veo nada en especial. Yo suelto una carcajada y salgo

