Sara Ustedes ni siquiera se pueden imaginar la satisfacción que se siente al ver a esta mujer aquí, de pie, moviéndose de un lado a otro, tratando de buscar su ropa sin que yo se lo permita. Yo sonrío y la miro de arriba a abajo. Ella trata de tapar su desnudez, pero esos intentos son fallidos. Cuando Rosaura sale del despacho, cuatro de sus hombres entran y se paran tras de mí. Uno de ellos se acerca y me habla al oído: —Señora Betancourt, la señora Rosaura dijo que nos pusiéramos a su disposición. Cuatro de nuestros hombres han encontrado a la señorita Aurora y a Arturo. Necesitamos saber qué quiere que hagamos con ellos y con la chica aquí presente. Yo volteo y le sonrío. —Necesito saber si Jason y Alejandro están bien. Hay que llevarlos al hospital. De Arturo y Aurora me voy a enc

