Néstor Cuando llegué a la ciudad, sabía el trabajo que tenía que hacer: encontrar a Sara sin que se diera cuenta y cuidarla. Pero cuando la vi aquel día en el lago, algo dentro de mí despertó, algo que hacía mucho tiempo estaba dormido. Para ser exactos, ocho años desde que mi esposa y mi pequeña hija habían muerto en aquel accidente, donde yo salí vivo. Jamás dejé de sentirme culpable, pues sabía muy bien que mi trabajo las había puesto en peligro. Estoy frente a Sara cometiendo la mayor estupidez de mi vida, confesando lo que siento por ella. Ella suspira y empieza a negar. Se sienta en su cama y me mira con una sonrisa en su rostro. —Como bien sabes, amo a alguien más. Lo lamento, lamento que te ilusionaras de esa manera. Agradezco todo, en verdad agradezco todo lo que has hecho por

