Sara En algún momento de la vida, ¿no han sentido que la han cagado en grande? Bueno, pues aquí estoy, montada en un coche rumbo a casa, con mis pensamientos en un solo hombre. Si es que me hizo gritar con una desquiciada que me dio unos orgasmos tan deliciosos que me tocó como jamás nadie lo había hecho, ni siquiera Arturo. ¡Ja! Arturo, por Dios, no hay punto de comparación. Ese hombre apenas duraba unos minutos y, si él se había sentido satisfecho, ya era suficiente. Dios, pero qué ciega fui con ese idiota. Jason me saca de mis pensamientos cuando carraspea. Yo volteo a verlo con fastidio, pues sé que lo hace para burlarse de mí. —Ya no seguiré hablando, pues no me estás prestando atención y es algo muy importante. Yo solo suspiro. —Lo lamento, sabes que de repente me pierdo en mis

