Sara Después de la plática que tuve con Néstor, la verdad es que me sentía mal. No sabía si lo correcto era quedarme aquí, pero me sentía demasiado cansada, así que solamente me metí a la ducha y me fui a la cama. Cuando cierro mis ojos, solamente el rostro de Alejandro aparece en mi mente. Dios, ¿qué hubiera pasado si no hubiéramos llegado a tiempo? Pero ya no quiero pensar más en eso, así que caigo rendida en un sueño profundo. Cuando me doy cuenta, está sonando mi celular. Veo en la pantalla que se trata del hospital, así que de inmediato me levanto y contesto. —Hola. —Buenos días, con la señora Sara Betancourt. —Así es, ¿sucede algo? —Solo para informarle que a su esposo se le dará de alta en una hora y creo que está un poco impaciente, pues me pidió que la llamara. Yo sonrío y n

