Arturo Estaba sentado en el despacho de la casa donde me estaba escondiendo, con una copa en mi mano. La había cagado, la había cagado en grande, pero no era mi culpa; era culpa de Sara. No sé por qué diablos había vuelto aquí; nada se le había perdido. Cierro los ojos y el recuerdo de ella atada a nuestra cama me hace revivir el pasado. La primera vez que la vi, quedé deslumbrado: esos ojos tan hermosos, su piel tan blanca y su cabello n***o. Jamás había visto una mujer tan bella, así que decidí conquistarla y lo logré. Logré mi propósito. Sonrío al recordar lo ingenuo que era. Me desesperaba tanto que si yo decía blanco, ella decía que sí era blanco, aunque fuera n***o. Así que la Sara de ahora es una mujer completamente diferente, alguien atrevida, guerrera. Así que cuando la vi ahí,

