**LEONEL** Sonreí, asentí, escuché sus palabras como si todo estuviera en orden. Pero por dentro… yo ya estaba librando una guerra. Y esta vez, pensaba ganarla. Pasé el resto del día en la empresa, moviéndome como un fantasma entre oficinas y pasillos, sonriendo lo justo, escuchando más de lo que hablaba. Fingí estar agradecido, algo más lúcido, pero aún confundido. Era el disfraz perfecto. La mayoría de los empleados me saludaban con una mezcla de respeto y lástima. Me veían como ese hombre en silla de ruedas, víctima de un destino injusto, aun sin memoria, supuestamente al cuidado de una familia generosa. Ninguno imaginaba que detrás de esa fachada estaba reuniendo piezas para derrumbar todo desde adentro. A media tarde, pedí acceso a los archivos digitales del área de finanzas. Usé

