**LEONEL** Siempre vestido impecable, siempre con esa expresión de superioridad pegada al rostro como una máscara. Pero esta vez no tenía la sonrisa falsa de costumbre. Esta vez sus ojos eran duros, inquisidores. Casi… desesperados. —¿Qué estás tramando? Su voz no fue elevada, pero cada palabra cayó como un martillo. Lo miré con calma, intentando mantener el disfraz. —No sé de qué hablas. Él sonrió; sin embargo, no había nada amable en esa sonrisa. Era una línea seca de advertencia. Caminó lentamente hacia la oficina detrás de mí y, con un gesto de su cabeza, indicó que entrara. —Vamos. Hablemos como hombres —dijo. Dudé. Cada fibra de mi cuerpo me decía que no entrara ahí. No obstante, retroceder sería más sospechoso. Así que lo seguí. Apenas crucé la puerta, la cerró y echó llave.

