**LEONEL** Su voz me atravesó como un rayo. Giré la cabeza de inmediato, y ahí estaba. Amelia. De pie, en el umbral del pasillo, con el cabello un poco desordenado, descalza, como si hubiera salido corriendo, apenas escuchó que había llegado. Sus ojos brillaban. No de sorpresa, no de duda… de algo más profundo. Todo lo que sentía se resumía en ese instante. Mi pecho se tensó, mis pasos se adelantaron antes de que pudiera pensarlos. El mundo alrededor se desdibujó. Solo ella. La mujer que hacía que mi corazón latiera con una fuerza que ninguna mentira ni traición había podido apagar. —Amelia… —susurré, pero ya estaba corriendo hacia mí. Nos encontramos a medio camino, y cuando me abrazó, sentí cómo mi alma volvía a su sitio. Su rostro se enterró en mi cuello, sus brazos me rodearon con

