**LEONEL** El abogado estaba allí, junto con mi padre. La pantalla ya estaba encendida. Un video pausado, una imagen detenida de un hombre en un escenario. Bien vestido. Elegante. Con esa confianza que solo tienen los que se creen poderosos. Ese hombre era yo. O, al menos, el hombre que fui. Amelia tomó el control y le dio Play. La voz del pasado llenó el cuarto. Firme, clara, en inglés fluido. El hombre en el video hablaba de inversiones, de expansión internacional, de ética empresarial —una ironía, sabiendo ahora lo que había detrás de todo eso—. Sonreía con carisma, con esa chispa en los ojos que seduce a multitudes. La multitud lo aplaudía. aplaudía. Pasaron a otro video. Esta vez en Londres. Un foro económico, flashes por todos lados, entrevistas, reportajes. Mi rostro aparecía en

