EDWARD William sonrió de medio lado mientras se acercaba a mi pecho y dejaba algunos besos húmedos por encima de mi camisa blanca. Cerré los ojos sintiendo una corriente atravesar mi cuerpo de pies a cabeza. — ¿Estás seguro? —Murmuré mirando la puerta de la habitación y rogando muy en el fondo, que nadie llegara a entrar o estaríamos muertos por idiotas. — Si, amor. Creo que es buena idea inaugurar tu nueva casa. Solté una carcajada, pero la misma se cortó por un jadeo que no pude reprimir. Dios, ese niño estaba matándome. Tomé su cabello en un puño y dejé que descendiera con rapidez, para verle quitar mi pantaloneta y sacar mi m*****o del bóxer blanco que llevaba. — Hola, cariño —susurró divertido y besó
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