3

2101 Palabras
Una semana. Ha pasado una semana desde que Thomas y yo decidimos participar en el concurso. Las practicas han sidó duras, pocas veces dormimos y cuando lo hacemos nos quedamos doblados en un mueble. Nunca creí que trabajar fuera así, insomnio, horas haciendo lo que debes y esmerarse más de la cuenta. Estaba sentada con una pijama de fresas y observaba a mi jefe tomarse una tasa de café. Ayer nos habíamos quedado en local. Fue estresante. —¿Quieres café?—preguntó pasando una mano por su cabello, lo miré cansada y negué. —Necesito dormir Thomas—mi cuerpo se recargó de la silla y cerré los ojos. Sentía una fuerte opresión, como si necesitará dormir y no despertar en tres días. —Mañana es el concurso—mencionó como si no lo supiera—¿Crees que ganemos? —Espero que sí, deberíamos ir recogiendo la ropa que llevaremos. —Roma nos espera—soltó una risa. El concurso se organizaría en Roma, teníamos el día de hoy para ir, reservar el hotel y preparar los platos que presentaríamos. Me daba miedo arruinarle la oportunidad a Thomas, había estado tan emocionado que cada hora sin dormir valió la pena. En el trascurso de la noche logramos preparar unos cannolis perfectos, su felicidad me hizo sonreír, incluso salió corriendo para abrazarme y besó mi mejilla. Ambos hemos convivido bastante en estos últimos días, mis amigos han estado llamándome, no he contestado, no he querido sentirme mal e inferior por trabajar. Sabía lo que significaba esto para mí. Pero ellos no. Ellos no conocían el significado del esfuerzo. Le sonrió a Thomas y el agarra un vaso de agua; su sonrisa no termina de ser completada, parece que su mente quedó en otro lugar. —Alfred irá con nosotros, dijo que necesitaríamos apoyo moral. —Tiene toda la razón—agarré el vaso de jugo que me dió y lo alcé—No podré sobrevivir si alguien no grita por nosotros. —Imagino a Alfred gritando con un sombrero con temática de vaca—rió—No puedo pensar en él como alguien serio. —No he visto ese lado suyo, pero—me levanté—Quiero pensar que vamos a ganar. —Ya verás que sí Stel. Nunca pensé estar en un concurso ¿Cómo lo lograste? —Solo se necesita dinero—admití —¿Era muy caro?—se alarmó—¿Necesitas que te pague algo? —Para nada—me apresuré a decir—Estoy bien con ser tu compañera. Asintió. Thomas Maverick era un hombre increíble, amaba como siempre se preocupaba por los demás, como siempre quería compensar lo que hacían por él. Había descubierto como le ponía comida a los gatos de la calle, como siempre salía, saludaba a la gente y dejaba un rastro de pan para los perritos. Siempre estaba ayudando. Siempre estaba haciendo algo que merece reconocimiento. Mi atracción por él empezó como algo físico y termino siendo sustituida por admiración. Después de pensar toda la noche, decidí que dejaría de lado mis hormonas. Me quedaría tranquila e intentaría ayudarlo a surgir. De esa forma, si me convierto en su manager también habré hecho algo por mí. Ambos estaríamos ganando, el cumpliría su sueño y yo sería alguien en la vida. ¿No les pasa? Que han vivido toda su vida con deseos de hacer algo y nunca lo logran, que las personas quieren hacerte sentir menos, que estar sentada en tu casa es lo único bueno que hacías, hasta que de pronto, llega alguien, una situación y tu vida torna un giro inesperado. Mi jefe había sidó ese «alguien» que me hizo creer en las posibilidades, que me hizo pensar que podía llegar, fijarme una meta y cumplirla. A raíz de la situación, me había apegado a la idea de hacerlo crecer, porque si el crecía. Yo lo haría también. Terminamos de comer y me levanté para recoger todo, mi cara estaba hinchada, tenía ojeras, el cabello desordenado y una miga de torta en la comisura de mis labios. La aparté con cuidado y suspiré resignada. Cuando salí, Thomas estaba con Alfred. Me quedé quieta en mi sitio, ninguno me había observado. —¿Estás seguro de llevarla? Siempre se tropieza con todo—susurró —Va a estar bien, hemos practicado por días —No confío en ella Thomas, a penas la conoces. Ni siquiera sabes porque está ayudándote. —Stel es buena persona, no creo que sea una loca psicótica. —Las locas psicóticas se esconden—respondió en broma. Su espalda se enderezó y volvió a poner un rostro serio—Debes tener cuidado, no la conoces. Ya lo he dicho ¿Y si está loca? —No lo está. Llevo más de una semana con ella Alfred. —Solo ve con cuidado. ¿Cómo debía tomarme eso? ¿Le caía mal a Alfred?. Me sentí mal, haber escuchado eso, removió algo en mí y quise salir corriendo. Sin embargo, Thomas me vio, alzó sus cejas y negó con rapidez tomando mi brazo. —Lo lamento —No he escuchado nada—Mis ojos querían soltar más lágrimas de las que debería. Estaba sosteniendo mi corazón, intentando que no se rompa. —Stel, se que lo escuchaste, puedo verlo en tus ojos—suspiró—Lamento esto, Alfred solo tiene miedo. —Esta bien—respondí—Debo irme Thomas, fue un placer verte. —¿Vendrás más tarde?—preguntó temeroso. —Lo dudo, arreglaré todo para mañana. —¿Te paso buscando? —Todo va a salir bien Thomas—aseguré—No es necesario que lo hagas. Salí del local sin argumentar nada más. Me sentía ofendida, no por el, sino por Alfred. Había intentado que todo saliera bien, para que ellos pudieran tener lo que siempre soñaron. Y aquí estaba, sentada en la esquina del local con un helado en la mano. Caminé un poco más lejos para no sentirme observada, mi falda se engancho de una reja e intenté quitarla, me calmé, y un chico de baja estatura se acercó con una sonrisa. —¿Necesitas ayuda? Asentí—Siento que voy a romper la falda Quizás quedé desnuda frente a todos ¿Lo imaginas? Sería patético Rió—Cuando te vi de lejos pensé que eras tímida, pero ya he descartado esa opción. —Suelo hablar mucho—Un rubor se extendió por mis mejillas y el hizo un gesto con la cabeza, le permití que tocará parte de mi pierna, intentaba soltar con delicadeza cada hilo, mi piel sintió un escalofrío, como sus largos dedos tocaban mi pierna y hacía acobracías para liberarme. Y al final, con un poco de paciencia lo logró. En italia las personas eran increíbles, sin embargo, eran de mente cerrada. En las calles, escuchabas como los policías se burlaban de jóvenes con top, la ropa no tiene género. No define quien eres, ni siquiera le da derecho a los demás a opinar sobre tu sexualidad. Vestirse, actuar, los gustos. Todo forma parte de la vida, de quién eres y de hacía dónde quieres ir. Hace poco comprendí cosas importantes, entendí que la libertad de expresión existe, que ser quien eres no tiene nada de malo. Los estereotipos deberían empezar a cambiar. Di un paso hacía atrás y el chico hizo un gesto con su mano, pensé que iba a irse. —Mis amigos y yo iremos a un bar ¿Te apuntas? —No los conozco—sonreí—Pero gracias por haberme ayudado. —Un placer bonita. ¡Nos vemos!—gritó alejándose. —Nos vemos—susurré para mí misma. Seguí mi camino a casa y tomé la ruta más larga, quería caminar hasta despejar mi mente, olvidar lo que había sucedido con Thomas y Alfred era necesario para mí. ¿Quien no quisiera dejarlo atrás? No venía con malas intenciones, solo quería ayudar. A veces sentía que era demasiado ingenua. Llegar a casa se sintió liberador, caminé hasta la cocina con pasos lentos. Mis pies parecían pegarse del piso, los libros estaban regados por el suelo y miré el pequeño cuadro donde estaba mamá «La extrañaba» extrañaba lo que alguna vez fuimos, extrañaba tener una familia. Me quedé parada sosteniendo el cuadro y lo solté cuando María entro. Su mirada recorrió mi rostro, se acercó a mí y tomó el cuadro. —No deberías torturarte. —No lo hago—respondí con una mini sonrisa—Solo intento recordar lo que éramos. A veces lo olvido. Es extraño, pero quiero que papá vuelva con sus sonrisas a media noche, que regresé con sus chistes, historias y me haga sentir que aún sigo siendo pequeña, que aún tengo esperanza de crecer. De cumplir mis sueños quizás—Lo último lo expresé tan bajito, que mi voz pareció no oírse. Había ocultado lo que sentía por meses, incluso me atrevía a decir que por años. Pero hoy quería hablarlo. —Ellos te van a querer siempre Stella. Estén dónde estés, fuiste la luz que iluminó su camino. —Gracias—sonreí en medio de lágrimas—Creo que necesitaba oírlo. Mis pies tomaron rumbo a mi habitación. Sostenía el cuadro entre mis manos y tropecé con un control, caí de rodillas, el ardor no tardó en llegar y la imagen rota de mi familia empezó a hacer que me faltará el aire. La mujer junto a mí corrió para agarrarla, la miró y me mostró como estaba. Intacta. Nada malo había sucedido, solo se había roto el marco. Estar tirada en el suelo me hizo darme cuenta de varias cosas. La más importante, es que la familia significa más de lo que pensamos. Me levanté y agarré la foto, caminé hasta mi habitación y me encerré para empezar a organizar mi ropa. Roma. La magnitud de cumplir con tus sueños no te llegan hasta que los vives, quería estar en Roma y disfrutar de la ciudad. Pero al mismo tiempo, quería pararme y cocinar junto a Thomas. Siempre odie hacer oficio, trabajar, encargarme de algo. Y aún así, todo parece maravilloso ahora, desde las practicas, hasta los malos ratos que nos ha tocado vivir. Cuando estemos en Roma, las malas experiencias no van a ser nada más que eso «recuerdos que nos llevaron hasta la meta». Terminé de prepararme y Clara entro a mi habitación furiosa, tiró las bolsas en la cama y apunto su dedo contra mí. —¿Por qué no has respondido mis mensajes? —He estado ocupada ¡Iré a un concurso!—exclamé feliz. —La hostia Stella ¿Por eso desapareciste? ¿Por qué tenías que estar con Thomas? —No es estar con él—aclaré—Ambos trabajamos. —¡Sabes que es mentira!—gritó dando vueltas en la habitación—Has estado detrás de él desde el festival. No es sano, debes renunciar. —No estoy con el porque me guste—mascullé—¡Quiero ser alguien Clara! Quiero poder lograr algo. —No Stel—negó—Solo quieres meterte en sus pantalones. Y lo entiendo—respondió—Esta bueno, pero ya fue suficiente. —¿No me conoces?—espeté molesta—Estas aquí gritándome y haciendo un berrinche. Si te molesta, entonces vete—señalé la puerta. —¿En serio quieres trabajar? Asentí—Quiero hacerlo. Suspiró y alzó su vista. Clara no conocía la vida cotidiana, sus padres eran igual de adinerados que los míos. Eso nos afectó, nunca supimos separar la ficción de la realidad. —Voy apoyarte, lamento mi comportamiento—murmuró—Fui una idiota. —Lo fuiste—reí sentándome junto a ella—Quizás esto es parte de crecer. —¿De crecer? Asentí—Pase con Thomas días sin dormir, debiste ver nuestras ojeras. Éramos como dos muertos andantes. —Mañana iré contigo —No—negué—No es necesario, Alfred vendrá con nosotros. Es el cajero—acote—También es amigo de Thomas. —Se llevan bien ¿Eh? —Bastante, aunque Alfred tiene miedo de que le haga daño a mi jefe. —Y una mierda Stel, solo son miedos de amigos. Yo estoy aterrada—confesó—Nunca pensé que mi mejor amiga quisiera trabajar. —Sorprendete—sonreí tirandome a la cama. Había disfrutado pasar mi tarde con Clara, extrañaba hablar con ella, me sentía ajena a todo cuando me alejaba de mis amigos, pero era necesario, siempre sería necesario para crecer como persona. Redes Sociales. Instagram: Zehyna6 Facebook: Zehyna Pérez Twitter: Zehyna Pérez.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR