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2114 Palabras
¿Cómo me siento? Temerosa. Esa sería la respuesta correcta, estar rodeada de gente, ver a los chef moverse de un lado a otro, había congelado cada trozo de fortaleza que prepare en la mañana. Antes de salir del hotel, Thomas agarró mi mano y me susurró un pequeño: "Gracias". El estaba vestido de n***o, yo iba a la par. Estábamos en una especie de camerino y veíamos las presentaciones de los demás. Nunca pensé estar aquí. Mis amigos me hicieron una videollamada por la mañana. Walter estaba fumando un cigarrillo y me sonrió en broma, Alexander alzó sus pulgares y me saco la lengua. Esos pequeños gestos, hacían que me sintiera mejor conmigo misma. Incluso los gritos de Layla y Amelia apoyándome. —¿Te sientes bien?—Le pregunté observando sus manos sudorosas. —Tengo miedo—confesó—Pero me siento feliz de estar aquí. —También tengo miedo, espero no arruinar esto. —No lo harás—aseguró—Y si lo haces, no habrá problema, ya has hecho mucho por mí. —Voy a morirme si lo arruinó—murmuré —¿Por que haz hecho esto?—Dio un paso hacía atrás y agarró su brazo derecho con miedo. Había tardado mucho en preguntarlo. —Quería demostrarle algo a Clara—confesé—No solo a ella, sino a todos. He vivido mi vida en una burbuja Thomas y si logró que crezcas, yo lo haré. Quiero ser tu manager. Alzó ambas cejas y se recargó de la mesa. Cuando iba a responderme, uno de los encargados entró, miró a Thomas y le señaló los platos para que saliera. Debíamos hacer el plato en una hora y media, entregarlo y dejar que los jueces deliberen. Mi corazón estaba acelerado, quería salir corriendo y esconderme debajo de una roca. ¿Que hacía Stella Stone aquí?. Salimos tomados de la mano y las personas nos vieron, la mayoría puso una mueca, Thomas se encogió y miró el suelo. Eso le había dolido. Cuando salieron los otros dos participantes con sus ayudantes, todos gritaron, parecía que habían visto a una celebridad y eso me hizo sentir insegura, nadie estaba apoyándonos. Alfred no había llegado y el tiempo empezó a correr. Le pase la harina, el azúcar, el cacao y el fue haciendo su magia. Los movimientos que realizaba eran certeros, no había ningún rasgo de equivocacion. Me sentí orgullosa por como íbamos. Cuando la masa estuvo lista, empecé a hacer el relleno. Un chico terminó primero, entrego el plato y ambos intentamos apresurarnos. Nos tomo un poco más de veinte minutos, agarramos los cannolis y se los llevamos al juez. Habían quedado en un buen orden, todo se veía armónico y cuando ellos lo metieron a su boca, tuvieron una expresión de felicidad. Alzaron las cejas y una señora sonrió. —¡Saben estupendos! —¿Cuántos años tienes?—preguntó uno de ellos. —Ventíuno—respondió Thomas. —El relleno ha quedado en su punto, la cocción está increíble. Sin embargo, debieron organizar un poco más la ralladura de naranja. Ha quedado un poco esparcida. —Pudo haber quedado mejor, seguiste todos los pasos. Pero no tiene tu toque personal. Miré sus ojos, y me sostuve de su ropa. Cuando terminaron de probar todos los platos, nos paramos en fila, los tres grupos veían a los jueces con nerviosismo. Hasta que anunciaron que la chica que entregó de último fue la ganadora. Thomas y yo quedamos de segundo lugar, la otra persona perdió. Y nos entregaron una pequeña medalla. Me sentí mal, estaba estancada en mis pensamientos y tenía la leve sospecha de que el estaba igual, no había levantado la vista desde que salimos del lugar. Simplemente caminamos sintiendo como el viento caía en nuestro rostro. —No salió tan mal—susurré viendo el suelo—Al menos no perdimos. —Fue lindo participar—forzó una sonrisa. —Thomas. —¿Stella? —Volveremos cuando hagan otro concurso, no dormiremos en un mes si es necesario. Pero vamos a ganar. —No es necesario que hagas esto por mí—respondió dolido—Gracias Stel, eres como una hermana pequeña. —Tenemos casi la misma edad Se encogió de hombros. —Sigues pareciendo mi hermana pequeña. —Vale—contesté conmocionada. Mi primera impresión de Maverick no fue «como un hermano mayor». Y eso hizo que la situación fuera incómoda para mí. No quería que me viera de esa forma, prefería que fuéramos amigos, que sea mi jefe y que nos divertíamos sin necesidad de pensar que somos hermanos, o algo más. Dos personas vinieron corriendo hacia nosotros con la medalla que habíamos ganado, ambos nos frenamos y la chica de cabello rosa se recostó de un chico. —Los hemos pillado—hablo cansada—Han dejado esto en el camerino. —Se supone que tú la habías cogido—Le susurré a Thomas. —No sabía que la había dejado, muchas gracias—La agarró —También hemos participado—habló el chico de cabello n***o con mechas azules—Desgraciadamente perdimos. —¿Por qué no se ven afectados? —Perder—chasqueó la lengua—Va de la mano con ganar. —Un día estás abajo y al otro en la cima del mundo—mencionó la chica—El esfuerzo lo vale chicos. —¿Son de aquí?—pregunté —Somos de Milán, hoy volvemos. —También vamos para allá ¿Se apuntan? Asintieron. Viajar con ellos fue divertido, no pude dejar de reír. El chico se llamaba Hayls, le gustaba cocinar comida china y era fans de estar sin camisa mientras lo hacía, ella también era cocinera, pero se iba más que todo a la comida japonesa, le gustaba viajar, conocer y apegarse a las recetas cuando aprendía. Luego experimentaba con ellas y creaba su propio mundo. Mi jefe pareció sumergido en la conversación, me dió pena admitir que solo era una empleada, sin embargo, ellos supieron llevarlo bien y alejar mis inseguridades. Entendí que la cocina no era solo algo práctico, que iba más allá que eso. Recordé cuando mi madre preparaba pasteles y me decía que era escencial darle tu toque personal, agregar un ingrediente que creas necesario. Los pequeños detalles valen más que lo pensamos. Estaba en el avión sentada junto a Hayls, ninguno había hablado, sin embargo, sentía como sus manos se movían con nerviosismo. Me aclaré la garganta y me gire hacía él. —¿Quieres hablar de algo? —Juro que pensaba hablar—expulsó—¿Cuanto llevas cocinando? —No mucho—aclaré—El primer día trabajando con Thomas cocine. Los demás días me encargué de otras cosas. —¿Otras cosas?—alzó una ceja. —Use un traje de mesera. A los hombres pareció gustarles —Claro que sí—rió—También te verías bien de conejita Playboy —Pensé que eras tímido—sonreí. —Solo para dar el primer pasó. —Lo he pillado. —Cuando entramos al concurso estaba temblando, pensé que teníamos posibilidades. Pero aprendí algo. Todo es demasiado grande, cualquier paso que quieras dar, va de la mano con la seguridad. Y debemos adaptar eso a nosotros. —Es así. Ganar no es fácil Stella, me ha sorprendido que quedarán de segundo lugar. —Thomas tiene talento. —Vaya que si—comentó, pasó su mano por la silla y pidió un vaso de agua. Cuando aterrizamos todos nos despedimos, Hayls le dió su número a Thomas y el me lo paso. En cuestión de segundos un grupo de w******p había sidó creado con nosotros en él. Cuando pisamos el local, se sentía poco real, sentía que nunca habíamos ido a Roma, que nuestro mundo había sidó desconectado. Miré el techo, las sillas de madera y las luces colgando en las paredes. Deseaba pasar más tiempo aquí. —Stella puedes retirarte. —Pensé que íbamos a cocinar. —Yo lo haré—aseguró—Pero no estoy pagandote para que te quedes tanto tiempo. Es necesario que cumplamos con el papel de jefe—empleada. —¿Es porque perdimos?—intenté acercarme. —Es porque me dejé llevar por la emoción. Pensé que era posible, y solo fue un fraude. —Llegamos de segundo lugar, tenemos una medalla. El otro equipó ni siquiera obtuvo eso Thomas. —¿Estoy actuando mal?—susurró sentándose, miró el techo y agarró con fuerza su brazo—¿Crees que soy un crío? —Estas actuando como uno. Los grandes artistas tardan en alcanzar su meta. Quizás un año, dos o más. Todo a su tiempo. —Tienes razón—suspiró—Lamento mi comportamiento. Tienes un moco en la mejilla. —¡¿Que?! —Es broma—soltó una carcajada. Me senté en la silla junto a él y miré el techo. Justo como lo había hecho minutos atrás, no quería apegarme a nada, ni a este trabajo, ni al mundo de la cocina pero ya empezaba a hacerlo. Thomas Maverick era un buen jefe. —¿Que te parece si mañana vengo temprano? Así me enseñas a cocinar. —Eres pésima en la cocina—sonrió—Pero podríamos intentarlo. Mi mamá me decía que las mejores manos siempre pueden descubrirse. —¿Descubrirse? Rodó los ojos. —Quizás tengas talento pero no lo sepas. A eso se refiere. Me acomodé en la silla y apoyé mis manos entre mis piernas. —Es difícil imaginar que pueda tener talento para algo. Con la vida que he llevado —¿La vida que has llevado? Tosí—Nada, nada... Thomas se levantó para ir a la cocina. Lo miré sobre el hombro para ver cómo lo hacía. Sus manos tenían agilidad, controlaba a la perfección cada movimiento. Si algún día llegaba a realizar eso mis sentimientos serían un torbellino. Quedarme quieta y observar es lo que he hecho durante toda mi vida. Quien dice que no puedo aventurarme y tomar un poco de riesgos. —¿Vienes? —Iré a casa—contesté—Necesito dormir, primero llegar temprano —Bien. Descansa Stel. —Igualmente Sr. Maverick. Abrí la puerta respirando un poco de paz. Caminar me hizo sentirme tranquila, más conectada con el mundo que empezaba a rodearme. Una mujer me observo de pies a cabeza. Y la odie, la odie por ese momento. Deteste la forma en la que sus ojos me juzgaron, con esa mirada acusadora. Me enfada cuando te miran y ven cada defecto en ti, cuando te hacen sentir que tú «no vales nada». Seguí caminando sin detenerme y abrí la puerta. Todos mis amigos estaban ahí, con globos, comida y una sonrisa. Ellos habían venido a apoyarme. Walter se acercó y plantó un beso en mi mejilla, algo pequeño y sentimental. Clara salió corriendo para abrazarme y se colgó de mi cuello. —¡Te he extrañado idiota! —Todos te extrañamos—recalcó Walter dando un paso hacía atrás. Alexander me miró con una sonrisa divertida y se sentó en el mueble. La música no tardó en sonar, bebimos un poco de vodka, nos reímos de los comentarios de Clara y bailamos la conga en una fila. Se había convertido en una noche para recordar. Al fin de cuántas, no perdimos. Solo dimos un paso hacía delante. Cuesta entenderlo, cuesta entender que el segundo lugar no es «perder» es forjar cimientos para tu futuro. Pasé mi brazo por encima de Alexander y su hombro se callo un poco. —¿Quieres caerte? Porque pienso soltarte Stella. —Se que estás orgulloso de mí—susurré con un vaso rojo en la mano—Lo he podido ver en tus ojos. —Has estado bebiendo mucho—subió sus lentes—Necesitas dejar el alcohol. Afecta la vista Stel. —¿Que tanto susurran ustedes?—mencionó Amelia—Deberían ir a una habitación, es más privado. —¡Para nada!—pusimos una mueca de asco. Ambos reímos, sin embargo, decidimos separarnos y me fui hasta la cocina, mi mejor amiga estaba ahí. Quieta con su vista en el móvil, una lágrima deslizando su pómulo y una mueca de disgusto. —¿Que sucedió? —He perdido un bebé Stella. —¿Que?—preguntó Alexander detrás de mí. Mi cuerpo se tensó, mi amiga se quedó quieta en su sitio sin saber que hacer. Tomé su hombro. Y nos giramos. Nota: No había actualizado porque enfermé. Solo falta está semana que entra para mí cumpleaños y he estado algo ocupada comprando cosas para eso, para la casa y así. Lamento mi ausencia. Prometo esforzarme..
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