Bueno. parece que ese pez ha seguido su camino sin mí. Menos mal, en serio me desesperaba. Ahora a ver, qué hago ante un lago tan grande y un arroyo estando rodeado de árboles. Un momento, ya no son solo árboles. Hay más que solo árboles. Acabo de darme cuenta, es en serio una jungla. Hay árboles , un montón de hojas y ¿tierra? Un segundo, ¿desde cuando la niebla cubre el cielo?
Vaya, ese pez en serio me estaba retrasando, ahora veo que el lugar donde estaba, la niebla cubría las hojas, y ahora, aquí donde estoy veo claramente que ahora la niebla es el cielo. ¿Debería preocuparme? Nah, al menos ya no es todo n***o. Bueno, sí lo es, pero.. ahora hay niebla blanca también. No sé por qué digo “niebla blanca”, o sea, no recuerdo ninguna niebla de otro color que no fuera blanco, por lo que es obvio que siempre es blanca. Aunque bueno, blanca blanca no es, es como blanco muy opaco o algo así. Solo sé que me recuerda al estilo retro que tienen algunas fotos. Digamos que va por ahí la cosa.
Es que como aquí todo es tan… ¿no normal? Espera, ¿cuál es lo contrario de “normal”? Ah, claro, anormal. En fin, me acabo de dar cuenta de que la niebla actúa como luz para dejarme siluetas que definen un ambiente, una jungla, concretamente. Aunque no veo ningún animal. Pero… si todos son igual de irritantes que el pez, mejor así.
Si si, ya sé que realmente no es irritante, solo no habla, pero eso me irrita, por ende, el pez es irritante. ¿de acuerdo? De acuerdo. A quién le hablo, no hay nadie escuchándome, ¿cierto? Cierto, ahora, me acabo de dar cuenta de que estoy parado ante el lago diciendo tonterías y quejándome del pez. Aunque, tampoco es como si voy a meterme a nadar en el lago. O sea, si estoy cansado (no literalmente) de caminar, pero no quiero nadar. Sería útil si tuviera una... ¡Canoa! ¡Oh, no puede ser! Qué conveniente, venga, viene perfecto, veamos a este chico ―la canoa estaba a unos cuantos metros flotando en el lago cerca de la orilla, cuando el chico se acercó, notó que había un remo en el suelo y un esqueleto del tamaño de un niño pero con ropa tirado en el suelo de la canoa―.
Ah, ¿en serio? ¿Un esqueleto? ¿Por qué hay un- ¿Por qu- ash, al menos debería terminar mis preguntas así nadie me las vaya a responder. No es como si tú pudieras hablar, ¿verdad? Bueno, al menos tú sí estás muerto, no como el… Bah, eso no importa. ¿Te molesta si yo… subo? ¿No? Bien, solo lo haré, con permiso ―el chico procede a subirse a la cana, al inicio casi la voltea, pero pudo subirse. Una vez sentado, observó el esqueleto―.
¿Cómo dices? ¿Me quieres ayudar a remar? Wow, y mira, hay cuatro remos, ¡Las maravillas de la conveniencia!A ver, déjame ―tomó al esqueleto con cuidado, lo sentó al otro extremo de la canoa, pasó los remos entre el cúbito y el radio de ambos brazos del niño, llevándolo hasta las costillas para que se quedara quieto; por supuesto, ya estaba tocando el agua. Luego, él tomo sus remos y se sentó de frente al chico, puso sus remos en su lugar y empezó a remar poco a poco―.
Eso es, ya estamos, de paseo por el río, perdón, lago. A ver, iremos por el lago hacía el arroyo y veremos a donde nos lleva, ¿de acuerdo? Jeje no tienes que hablar, tu mirada vacía lo dice todo. Ya nos movemos, siento una pequeña brisa húmeda, no lo sentía desde mis paseos por los ríos las pocas veces que pude salir.
No te molesta que te cuente un poco, un poco poquito, sobre mí, ¿no? ¡Perfecto! Vaya, eres agradable, me alegra haberme separado del pez, creo que para este punto seguiría caminando entre árboles, y ya habría perdido y encontrado mi cabeza varias veces. En fin, eso ya pasó.
Bueno, como te decía, recuerdo que una vez que pude salir a dar paseos en canoa, era como mi segunda o tercera vez, más o menos, que hacía eso (en total tuve menos oportunidades de ir a lagos que dedos tengo en mis manos); vi a un hombre con su hijo explorando las aguas. Era un señor mayor, y el niño era joven, tendría eso de 10 o 12 años. No parecía muy emocionado por el viaje, he de decir, aunque si lo noté un poco, un poco bastante, atraído por el agua.
Al principio estaba lejos para oír lo que decían, así que disimuladamente me fui acercando para poder escuchar y entretenerme en aquellas aguas solitarias. Como ahora, así como estamos tú y yo. Como si fueras mi hijo, aunque yo no soy tan viejo y no hay un tipo cerca escuchando lo que te cuento. Pero bueno, detalles, en fin, ¿en qué estaba? Ah, sí, bueno, me fui acercando hasta estar a una distancia donde podía escuchar perfectamente la conversación pero a la vez no estaba tan cerca para que se viera raro.
Estando tan cerca, pude escuchar al hombre decir:
―No olvides lo que te dije en la orilla, hijo. Le rezaste al río para que te guiara, para que te dejara unirte. Él te ayudará a encontrar comida y seguridad. Pero, tienes que quedarte en la canoa, la canoa es un lugar seguro, no importa lo que veas, no importa lo que escuches, solo mantente aquí.
Sé que dijo eso, pero sé que agregó algo más, tampoco recuerdo bien si ese era el orden de los enunciados, pero por ahí iba la idea. También recuerdo que el chico no prestó demasiada atención, si se sostuvo mejor al bote y contrajo un poco su cabeza, pero seguía con su mirada perdida en la profundidad del agua. Me acuerdo que miré al agua también, en búsqueda de eso que el niño miraba con tanta atención, y logré observar figuras de diferentes tamaños, siluetas deslizándose entre los resquicios de oscuridad evitando los haces de luz del sol.
Justo después, como si el hombre de pronto notara cómo estábamos mirando demasiado la profundidad del lago, volvió a enunciar para recapturar la atención:
―Por el día, el río duerme. Pero su poder sigue aquí, debajo de la superficie. Sí se mira con detenimiento se ven figuras moviéndose, ¿sabes que son esas? ―Creo que no hizo la pregunta, pero le da un toque interesante, no crees, ¿Hijo? ¿Te molesta si te digo hijo? Siempre quise un niño pero mi… no importa, te diré así igual―, eso que ves son los espíritus de las personas que el río se llevó. Y cuidado, si miras por mucho tiempo, puede llevarte también, tomar tu alma y hacer que te les unas ―ahí recuerdo que el chico ya se alejó más, pero no desvió su vista del mar.
Seguía con su mirada pérdida en los ojos del río, profundo, oscuro y silencioso. Y así fue, pero ya no se quedaba mirando tanto, si no que también hacía otras cosas. Como pescar con su padre; la pasaron bien realmente. Recuerdo que lamenté no haberme llevado una caña de pescar aquel día, hubiera sido entretenido a pesar de la soledad. Como sea, si vi que atraparon varios peces, no eran muy grandes, pero ellos lo celebraban como si lo fuera.
Luego se fueron, sin más, y yo me quedé ahí, solo. Ahora que lo pienso, sería bueno que hubiera tenido una caña de pescar. Podría enseñarte a pescar, luego aprendí. Aunque ahora el hecho de que no tenga caña no es que no lo haya pensado para nada y hubiera comprado una porqué hasta ese momento no recordaba lo que era pescar, como lo fue en aquella ocasión.
Ahora es diferente, no pesco porqué no puedo, ya que, bueno, ni sé cómo terminé aquí en primer lugar, mucho menos sé cómo salir. Pero… no es tan malo. Pues mírame, aquí estoy pasándola de lo mejor contigo, hijo, es una experiencia gratificante sin duda. Es mejor que caminar al lado de un pez flotante gigante no parlante. Si ya sé que pude decirlo de una mejor manera pero quería hacer la rima, ¿okey? No me juzgues por querer darle estilo a mis pensamientos en voz alta.
Bah, no puedo enojarme contigo. Ven aquí ―dejó de remar por un momento, se acercó al chico y le abrazó. Sintió el frío contacto del calcio, tan helado como si hubieran estado enterrados en el polo sur, en una helera. Tras ello, se despegó pronto, claramente perturbado por el frío aunque este no le hiciera nada a su cuerpo; solo le era incómodo. Igual, de todos modos disimuló delante del chico, para no hacerle ver que aquel había sido el abrazo más incómodo de su vida, y mira que en su su vida tuvo muchos de esos―.
Cielos, jeje, sí que estás helado, y es irónico porqué tienes ropa, lo que parece una chaqueta de lana. Se parece un montón a la que yo usaba cuando era pequeño. De hecho ―se acercó para ver mejor, con ayuda de la niebla pudo, con esfuerzo, distinguir los detalles de la chaqueta―, sí es la misma, estás usando la misma chaqueta que yo usaba. Un segundo, no serás tú… nah, eso es muy loco, ¿cómo sería eso posible? Bueno, la verdad ya ni sé, o sea, mira donde estoy, estoy en medio de un lago, con una jungla envuelta en siluetas bajo un cielo compuesto por niebla.
De todos modos es descabellado pensar que eres la versión de mí mismo pero en esqueleto. Eso es raro por donde se vea. Si ya sé que todo es raro aquí, hace rato estuve con un pez flotante, pero ajá, ¿comprendes el punto o no? Nah, seguiré pensando que eres mi hijo, que eso sinceramente es más fácil que pensar que eres la versión esquelética de mí cuando era niño.
Sí, por esta vez, prefiero dejarme llevar por una dulce mentira que caer en una amarga verdad. Solo porqué, a pesar de que me gustan los sabores amargos, no sé qué tanta verdad haya en aquel sabor amargo. ¿Me estoy dejando llevar por las metáforas? Mejor paro y te cuento lo que pasó la semana después de aquella anécdota que te dije, ¿te parece? Claro que sí, siempre estás de acuerdo con mis ideas, me gusta mucho eso de ti, siempre eres abierto ―lo dice mirando sus cuencas, para enfatizar indirectamente en su punto de «abierto», pues le hablaba a un cráneo con múltiples orificios―.
Bueno, volviendo. Me las arreglé para poder salir la semana próxima, y tomé el mismo destino. Exactamente el mismo día y a la misma hora (un sábado a las 1pm, olvidé mencionarlo antes, disculpa), en cierta parte, procuré hacerlo así, pues tenía la esperanza de toparme nuevamente con el anciano padre y su hijo, cosa que así fue, pues me los encontré, pero esta vez no en el mar, sino en la orilla, cuando estaban a punto de salir.
Me acerqué despacio para no interrumpir su conversación con mi presencia. Aunque ellos no repararon en mí en ningún momento. Tenía que ir al lado de ellos para desamarrar la otra canoa del puerto, así que eso me bastó como excusa para permanecer cerca de ellos y esta vez oír cómo rezaban. Y así fue, el padre y el hijo rezaban, el hijo iba repitiendo lo que el padre decía.
No recuerdo cómo decía la oración con exactitud, pero sí sé que en efecto le pedían guía al río, que les permitiera unírseles y brindarles un poco de comida, que les permitiera estar seguros mientras estuvieran con él, y que les ayudara a volver sanos y salvos. También dijo que sin importar qué se escuchara o qué viera, debía permanecer en el bote, pues de esa manera se mantendría seguro. Aquello lo decía como si fuera un trato con el río, que mientras ellos estuvieran en el bote, el río no podría hacerles daño ni llevárselos. Era la única barrera que no debía cruzar.
Ahora que lo pienso, tiene mucho sentido ese trato. ―el estar enfocado en su relato de alguna manera le ayudaba a mantener el curso, y no reparaba en lo realmente grande que era el lago, pues aún ni a la mitad había llegado, y el arroyo era muy distante―. Digo, mientras no se cruce la puerta que separa aire de agua, dos mundos distintos, dos reinos de dos dioses diferentes, todo estaría bien. Mientras no se cruce al reino de Poseidón, nadie de su reino iría a atacarlos.
Aunque con ello queda raro entonces la cuestión de la pesca, pero a la vez no, ¿sabes? Ya que no están como tal entrando en ningún sitio, pero la caña sí, y ella es quien saca habitantes del reino de Poseidón para servirse de alimento. Por lo tanto, no se infringe ninguna norma del trato y todo se hace de forma legítima. Todo bien cuadrado, la verdad. El padre debió ser un señor muy sabio. Quisiera que el mío hubiera sido así…
Pero no tenemos que hablar tanto de mí, ¿cierto? A ti no te interesan esas cosas, solo quieres navegar con tu viejo. Aunque no estoy viejo. Bueno no sé, olvidé qué edad tenía y no sé cuanto tiempo llevo aquí. Meh, mejor no darle muchas vueltas a eso. En fin, ¿cómo te sientes? ¿Todo bien de aquel lado? Je, venga, si estás de maravilla, mira esa sonrisa. Claro que sí, lo estás disfrutando. Me encanta pasar el rato contigo, hijo, no como ese pez…
Bueno, ¿quieres que te cuente qué más pasó aquel día con el padre y el hijo? ¿Sí? Tomaré tu valioso silencio como un: “Sí, papá, adoro tus historias. Cuéntame más”, eres muy tierno, hijo. Bien, ¿dónde me quedé? Ah, claro, bueno, luego de rezar, me di cuenta que seguía escuchando sin moverme de donde estaba, y estaba cerca de ellos.
En eso el padre me mira, me sonríe y dice afablemente: “Buenas tardes, joven, es usted aquel que nos acompañó la plácida tarde de la semana pasada. ¿Gusta en disfrutar con mi hijo y su servidor, una vez más, de la encantadora calma de las aguas tranquilas? Claro que sí, venga, toma tu canoa, zarpemos.” y de pronto ahora iba con ellos, sin molestar ni nada, él mismo me había invitado; me sentí feliz, la verdad.
Claro, no cabía en el mismo bote que ellos, así que igual me tuve que ir a otro, pero ahora al menos podía permanecer cerca de ellos sin que se viera raro. Entonces, todos zarpamos y nos dirigimos al centro del lago. Ahora que recuerdo, antes dije río, pero realmente es un lago, solo que hay que pasar por un río que es más como un arroyo para llegar al lago, y antes estábamos en el lago, no en el río. Disculpa la confusión, como sea, volviendo.
Regresamos al mismo punto que ayer. Noté que nuevamente el chico perdía su mirada entre las extensiones de las profundidades del mar, el padre le dijo algo similar pero con menos palabras y más directo que la vez pasada. Sin embargo, esta vez noté algo curioso en la mirada del chico, me daba la impresión de que ahora estaba viendo más allá de los límites, que el lago le estaba mostrando un poco más de aquello de lo que estaba escondido.
Decidí entonces unirme a él y observar hacía el fondo. Y en efecto, el lago también me enseñaba un poco más allá, seguía viendo figuras, pero esta vez se distinguieron unos matices, y también había más movimiento (pues algunas criaturas pasearon bajo la luz y reflejaron un poco de su belleza; en fin, veía vida. Ahora el lago me estaba dejando ver más profundo, y sin darme cuenta me estaba acercando al agua, como si aquel distante fondo me estuviera atrayendo.
El chico del otro bote hacía lo mismo, claro, hasta que el anciano nos detuvo a los dos. Pronunció en voz alta que debíamos tener cuidado. Que no olvidáramos lo que dijo la vez pasada, que si mirábamos mucho, el lago nos tomaría el alma y nos llevaría junto a todos esos espíritus de personas que el lago ha arrebatado, y nosotros seríamos los siguientes como siguiéramos.
¿Sabes? Me sigue dando curiosidad aquel dato, o sea, ¿el hombre lo diría en serio? ¿O solo no quería que nos cayéramos al agua? Ya que sería un marrón enorme de ser así, el tener que ir a rescatarnos, y si nos hundimos y eso. Ya que ninguno teníamos chaleco salvavidas, y recordando lo de no cruzar las puertas al reino de Poseidón y el trato, hubiera sido un problema.
No obstante, ahora no está ese señor, no es el mismo lago, y este mundo es tan extraño que seguro ni me ahogo en el agua ―paró de remar, se detuvo ahora sí, en el medio del lago―, ¿tú qué dices, hijo? ¿Debería ir a nadar? Es tentador, y las ganas están allí, pero no estoy seguro, la verdad. Puede que esté equivocado y si me termine ahogando. Aunque la verdad no sé si es la muerte lo que más miedo me de, pero bueno, igual sigo pensando.
A ver, ¿qué tal si primero echo un vistazo? Veamos ―se asoma al lago, y atisba hacía sus profundidades buscando algo lo suficientemente atractivo que lo hiciera querer ir a ver. En eso, nota tres fuentes de luz peculiares, allí flotando tranquilamente, casi estáticas en posición de triángulo. Debajo de ellas, hacía el fondo del lago, parecían haber objetos varios, pero no se distinguían, abriendo a la tentación del chico para decidirse a ir―.
No puedo, tengo que ir, espérame aquí, hijo, Será rápido, ir y sa... ―en eso, el chico se para en la canoa, provocando que se volteara interrumpiendo su frase y haciéndolo caer de bruces al agua...