Capitulo 3

3832 Palabras
En el auto, rumbo a la mansión del “dueño” de Pinky, este se encargó de colocarle a Jared sus orejas peludas de gato, el collar, y la cadena para pasearlo. Cuando llegaron a los dominios del dueño de, prácticamente todos los barrios bajos de esa ciudad, una docena de guardaespaldas le esperaban en la entrada,  sin contar los que igualmente resguardaban dentro de aquel palacio, construido bajo los cimientos de las drogas, y el lavado de activos . Todos los subordinados que tenían varios años trabajando para “el jefe”, conocían a Jared, incluso algunos recordaban lo penoso que lucía el niño a los 11 años, cuando aquel hombre para “domesticarlo”,  lo castigaba lastimándole de formas muy crueles, a la vista de todos. Pero ahora, 6 años después, Jared era todo un gatito domesticado que, ya no necesitaba  ser el protagonista de castigos exhibicionistas. Sin embargo, según sus hermanos, de vez en cuando presentaba sus dosis de rebeldía, que el jefe las adjudicaba a su edad, lo único que tenía que hacer como buen amo,  era recordarle su entrenamiento, para que regresara a ser la mascotita sumisa que era.   —Te iba a dar de comer, y permitirte tomar una siesta antes de jugar, pero si tus hermanos te castigan  tanto, deben tener una razón para ello. Has sido un gatito muy desobediente, Pinky. Debo darte una lección—Indica el jefe, mientras jala a Jared para que camine más rápido, rumbo a su habitación.   ¡Sus hermanos lo castigaban hasta por respirar! Pensaba Jared queriendo decirle todo eso a su dueño, pero sabía que cuando estaba con él, no podía hablar, tampoco caminar correctamente, ni siquiera mostrar repulsión por lo que sufría, en pocas palabras, no podía actuar como una persona, porque en ese instante era “Pinky”,  el gatito del jefe. Al principio detestaba eso, pero al cabo de dos años terminó resignándose a ser tratado como un animal, y así, sus horribles fines de semana, pasaron a ser más llevaderos. Por lo menos el domingo en la tarde todo terminaba, y cuando llegaba a casa, sus hermanos no lo molestaban durante todo el día, y le permitían tener el lunes libre. Aparte de que, Austin  le permitía dormir en su cama el tiempo que él quisiera, ya que cuando regresaba, les traía mil dólares, que era lo que costaba pasar todos los fines de semana, sufriendo con aquel hombre.    Cuando llegaron a la recamara, su dueño comenzó a pasearlo a lo largo de toda la habitación, esta era enorme, y diseñada exclusivamente para los fetiches de aquel individuo. Jared gateaba sintiendo sus rodillas arder, porque desde que llegó, había estado en esa posición de cuatro patas, posiblemente ese “paseo” a lo largo de la recamara, era parte de su castigo, sin mencionar que desde ayer no comía nada, y ya las pocas fuerzas que le quedaban, las estaba quemando justamente en ese instante, pronto colapsaría, y su dueño no le iba a agradar.   —Muy bien Pinky, ya es suficiente—Ordena el amo, y al instante Jared se acuesta en el suelo. Deseaba estirar sus piernas, pero ese deseo no podría cumplirlo—Dije que era suficiente, mas no que te acostaras. Otra vez siendo un gatito rebelde—Agrega jalando de la cadena, para estrangularlo un poco, y así levantarle.   —Miaw…—Murmura Jared, diciéndole de esa forma que le había lastimado, y además que había entendido lo que su dueño quería decirle.   El hombre sonríe, agachándose para acariciar el cabello color rosa de su gatito. De esa misma manera, con parsimonia desliza su mano acariciando suavemente una mejilla de su mascota, sintiendo como el diestro gatito inclinó su rostro, para buscar su mano y así lamerla. Mientras Pinky le lamia, mantenía su vista en otro lugar, principalmente porque  al jefe no le gustaba ver a sus mascotas a los ojos, y su gatito, sabia eso a la perfección. Este incluso fue más allá, y comenzó a lamerle de manera más sugerente.   —Gatito malo, se lo que intentas hacer. Quieras o no, te daré una lección. Los castigos son necesarios para educarte—Murmura el jefe, con una leve sonrisa.   —Miaw…—Susurra bajito Jared, encogiéndose de hombros.    Con tranquilidad, el jefe le quita la cadena del collar, encaminándose sin mucha prisa hacia el closet, donde tenía toda la indumentaria que utilizaba con su mascota. y  en este buscó un fuete de cuero n***o,  que utilizaba para castigos leves, porque Pinky estaba lastimado, y no deseaba dejarle más marcas de las que ya tenía, pero luego vio con detalle su cuerpo delgado, y se dio cuenta que su trasero y piernas estaban intactos, al notar eso sonrió pensando que por ahí comenzaría.   —Voltéate—Ordena el amo, y Pinky de inmediato obedeció, sabiendo lo que le esperaba.   El chico, con ademanes completamente resignados y sumisos, se acostó en el suelo, dejando su trasero bien levantado, a total merced de su dueño, el cual veía embelesado, como la colita peluda  lucia hermosa, incrustada en el trasero de Pinky. El color rosa pálido de su colita, era exactamente igual al de su cabello, y sus orejitas, sin mencionar que ese hermoso lienzo blanco, es decir, su piel, se encontraba perfectamente coloreado  con hermosos moretones, que variaban entre el azul, violeta, y algunos lindos tonos verdosos tan excitantes, que  hicieron despertar la sexualidad del hombre al instante que, alzando su mano, dio el primer latigazo directo en un glúteo de su mascota.   Pinky se estremeció un poco, al recibir el impacto del cuero sobre sus glúteos, pero no se quejó. Uno, dos, tres, cuatro, cinco latigazos, y el jefe ni se inmutaba, cada vez le excitaba mas, ver como esa piel blanca ya estaba al rojo vivo, y su linda mascota, como un roble soportando el castigo sin siquiera emitir un solo quejido, pero lo que no sabía el jefe, era que Jared con su frente pegada en el suelo, lloraba con cada fuetazo que recibía, pero lo hacía de una forma tan silenciosa, que cuando su jefe terminara, ni cuenta se daría, porque este nunca iba a ver sus ojos rojos, ni su rostro enrojecido, ya que a fin de cuentas, a ese hombre no le importaba. Y así, unos 15 o 20 minutos después, el jefe con una respiración entrecortada, a causa de aquel trabajo físico, da por terminada la sesión.   —Ya es suficiente, Pinky—Dice el hombre, cuando ve que el trasero y las piernas del chico, están completamente marcados con el fuete, lo que significaba que el castigo fue consumado.   —M-Miaw…—Susurra Jared, mientras disimuladamente con sus manos, se limpia sus lágrimas.   El chico se mantiene en esa posición, hasta que siente como su amo se acerca una vez más, solamente para quitarle la colita lentamente. Al sacarla, el jefe observa cómo la zona intima de Pinky ya se encuentra preparada, es decir, su linda mascota está lo suficientemente dilatado, para comenzar a jugar. Es por eso que sin esperar más, le introduce un vibrador en aquella estrecha área,  haciendo que el chico en esta ocasión, emita un quejido por sentir ese objeto extraño dentro de él. El jefe sonríe, levantándose de la posición donde estaba, para  ir una vez más al closet, y así buscar un par de esposas. Cuando las tiene en su poder, se las coloca a Pinky poniendo sus manos tras su espalda, el chico lo permite con su vista baja, el lado positivo, era que las esposas tenían bordes esponjosos, y estas no le lastimaban las muñecas.   —Vamos a comenzar con velocidad media—Dice el hombre, buscando el pequeño control remoto, con el cual controlaba las vibraciones del juguete s****l.   En el instante que el juguete se encendió, Jared gimió involuntariamente, sintiendo como ese objeto vibraba de una manera inquietante dentro de su zona intima. Su amo con una sonrisa, le acarició el cabello, ordenándole al chico que se colocara en la cama. Jared con sus manos atadas tras la espalda, y el vibrador en velocidad media en su trasero, se puso de pie a duras penas, pero en el instante que estaba de pie, su dueño intensificó las vibraciones al máximo, haciéndole tambalear, al punto que terminó de rodillas, mientras gemía más fuerte.   —Dije que te levantaras y vinieras a la cama, no seas desobediente, Pinky—Reprende el hombre, viendo como el tembloroso chico intentaba ponerse de pie nuevamente, pero este al ver que su gatito no parecía tener mucho control sobre sus piernas, volvió a incrementar las vibraciones del juguete dos veces más, haciendo que Jared débilmente pudiera mantenerse de pie.   Mientras caminaba hacia la cama, su amo parecía divertirse subiendo y bajando las velocidades de la vibración, mientras que él sufría porque la sensación era muy tortuosa para él, sin embargo su entrepierna parecía pensar lo contrario, ya que el chico tenía su m*****o bien erecto por toda esa situación. Cuando finalmente Pinky llegó a la cama y se sentó, el jefe puso las vibraciones más altas del juguete s****l, y Jared completamente rojo y excitado, no pudo evitar acostarse en la cama, gimiendo y temblando por lo que estaba sintiendo, el hombre al ver como su gatito parecía estar disfrutando, acercó el rostro de Pinky hacia su sexo, el cual desde hace mucho estaba muy duro, y sin más le obligó a que se lo chupara.   Jared de inmediato comenzó a darle placer al hombre, metiéndose por completo aquel falo de carne vieja en su boca, chupándolo, lamiéndolo, justo como él mejor sabia hacerlo, sin ver en ningún momento a los ojos del jefe, mientras por su mente no pasaba absolutamente nada. Sintiendo ese sabor salado en su boca, él continuaba chupando la entrepierna ajena, al mismo tiempo que su cuerpo involuntariamente excitado, se encontraba en modo automático, muy enfocado en cumplir con su trabajo, hasta que el jefe sintió que estaba a punto de venirse.   El hombre de inmediato sacó su pene de la boca de Pinky, y con una de sus manos le sujetó el mentón levantándole el rostro, solamente para cubrir la fisonomía de su linda mascota con su espeso y tibio semen. Después de haber acabado, el hombre le ordena a Jared que termine de limpiar su sexo, y este obedientemente comienza a lamer el pene de su dueño lentamente. Y así, cuando su trabajo ya estaba realizado, el hombre se levantó de la cama para ir hacia el closet una vez más, buscando en el otro de sus juguetes. La fiesta apenas había iniciado, y Jared, de rodillas en la cama, sabía eso a la perfección.   —Pinky, te va a encantar lo que compré—Comenta el hombre de una forma muy entusiasmada, eso solo significaba que ese “nuevo juguete” era aterrador, pensaba Jared, el cual de espadas a su amo, no veía lo que este hacia.   Jared quería voltearse para ver que hacia su dueño, pero sabía que no podía hacerlo, porque a él no le gustaba que se moviera del sitio donde le dejaba. Mucho ruido hacia ese hombre, al parecer el nuevo “juguete” era grande y engorroso, asumía el jovencito, porque el hombre emitía quejidos por levantar algo pesado, eso solo ocasionó que “Pinky” comenzara a temblar en su posición, y a sudar frio, porque no tenía idea que le iba hacer ese hombre.   —Ya está listo. Pinky, bájate de la cama y ven aquí. Puedes caminar, porque no puedes usar tus “patitas” delanteras por estar atado—Ordena el jefe con voz apacible, y de inmediato el chico se levanta de la cama, para ir en dirección hacia donde su dueño le pedía.   Cuando se volteó, lo que vio le horrorizó. El nuevo “juguete” que había adquirido su amo, era una especie de máquina, en la cual se mostraba un tubo de metal alargado que, en la punta, descansaba un enorme pene de goma. El chico cuando vio ese extraño artefacto, lo único que pasó por su cabeza fue que persona retorcida, pudo inventar algo como eso. Su dueño, por supuesto que vio esa expresión asustada en Jared, sin embargo la omitió al instante que encendió la maquina, la cual con un sonido bastante mecánico, comenzó a mover ese tubo de metal de adentro hacia afuera, simulando la penetración humana. Porque algo que tenía “el jefe”, era que nunca le gustó tener sexo real con Jared, este simplemente jugaba con su mascota de manera s****l, sin nunca caer en la penetración, para eso existían los juguetes, puesto que, desde el punto de vista de aquel hombre, lo más “osado” que podía hacer su mascota con él, era sexo oral.     —Muy bien, Pinky. Te amarraré en el lugar de siempre, ven aquí—Pide el jefe, viendo como su obediente mascota se dirigía a él con la vista baja.   —Miaw…—Susurra Jared, completamente derrotado.   Cuando el hombre tiene al chico, le quita las esposas solamente para cambiarlas de posición, en esta ocasión delante de él, en forma de plegaria. Al estar mediamente libre, Jared que ya sabía esa rutina, se pone de rodillas,  para que su amo pueda colgar sus manos en una cadena que estaba en la pared, justo al frente. El jefe, ata la cadena a las esposas del muchacho, y así comienza a levantarle los brazos, hasta buscar una posición en donde su gatito se encontrase incomodo. En el instante que todo está preparado, el hombre con una palmada en los glúteos de Jared, le hace entender que debe levantar un poco mas su trasero, para que él pudiese quitarle el juguete que aun estaba alojado en su ano. Al quitárselo, Jared emitió un respingo, sintiendo como su dueño introdujo dos de sus dedos, empapados con un ungüento, posiblemente para lubricarle aun mas, esa dilatada zona.   —Pinky, estas temblando ¿Tienes frio? No puede ser, porque mi habitación tiene una temperatura perfecta—Comenta de forma sarcástica el hombre, sabiendo a la perfección el por qué el chico temblaba—Ya deberías ser más fuerte. Por eso siempre tengo que darte lecciones, nunca quieres aprender…—Reprende, dándole una palmada en la espalda lastimada del chico.   —M-Miaw…—Musita Jared, sintiendo como sus ojos volvían a humedecerse.   Luego de eso, el hombre rueda la maquina y sin más le introduce la forma de pene en la parte intima de Jared. En esta ocasión, Pinky susurra un “ahh” involuntario, porque el juguete además de ser grande, era grueso en comparación a los que anteriormente su dueño utilizaba en él, por ende, al instante fácilmente pudo sentir la gran diferencia de tamaño y grosor.   —Bien… comenzaremos lento—Explica el hombre, sentándose en la cama viendo el primera fila, como su delgado y apaleado gatito estaba amarrado, y en posición de rodillas con un enorme pene incrustado en su trasero, ver aquello, de inmediato hizo que su entrepierna volviera a tornarse dura.   El hombre sin esperar más, encendió la maquina, observando gustoso como esta comenzó su función de penetrar a “Pinky” una y otra vez, entrando por completo, y saliendo de la misma forma, mientras su gatito arqueaba su espalda, y empuñaba sus manos atadas, seguramente lo estaba disfrutando, pensaba “el jefe”.   —Así es gatito, disfruta… mmmm que lindo te vez en este instante. Vamos a subir la velocidad un poco ¿Qué te parece? —Propone el hombre, cumpliendo sus palabras. 1 hora después   —Bien, creo que ya es suficiente—Dice el jefe, luego de mantener a Jared siendo penetrado por esa máquina, durante una hora sin descanso.   El chico prácticamente ya no siente sus brazos,  tampoco sus piernas, al igual que su trasero, más bien era un milagro que aun seguía consiente luego de haber pasado una hora arrodillado, bajo esa máquina infernal. Jared desde hace mucho había dejado de llorar, y mientras pasaba por aquella tortuosa penetración frenética, pensaba que realmente su vida no tenía mucho sentido, porque esta luego de la muerte de su padre, se resumía en dolor, miedo y sufrimiento.   —Mamá, hubieses llenado la tina hasta el tope… quizás ahora estuviese en el cielo, y no aquí…—Piensa Jared, cuando siente como su amo le quita las esposas, para liberarlo.   El chico al tener los brazos dormidos, y sus piernas al punto máximo de aguante, se desploma en el suelo como un castillo de naipes.  Su dueño en esta ocasión lo permite, y lo deja ahí tirado por unos minutos que el chico agradeció en gran manera, hasta que finalmente aparece una vez más, para colocarle un envase doble de mascotas, con agua y un guiso de carne que olía espantoso, pero con lo hambriento y sediento que se encontraba Jared, metió su cabeza en el agua, y comenzó a beberla como un animal, sin importarle que su rostro estuviera sucio de semen y sudor, este simplemente metió su cara allí, bebiendo hasta donde pudo, para después seguir con esa horrible carne que realmente era comida enlatada para gatos. Jared comía aquello con desesperación, atiborrándose, y llenándose todo el rostro mojado de aquel guiso nauseabundo,  todo bajo la mirada fija de su amo, el cual esperaba que este terminara de comer, para limpiarle.   —Mi pobre Pinky, estas hambriento. No te preocupes, tu dulce dueño ya te está alimentando, vamos comételo  todo—Alaga el hombre, sintiéndose excitado, viendo como su gatito devoraba su comida, como todo un animal desastroso.   Al terminar, Jared gateó hasta su dueño, y este con una toalla que ya tenía preparada en sus manos, se acercó para limpiarle el rostro lentamente, viendo como su lindo gatito, poco a poco volvía a estar limpio. Y en eso, mientras le “daba cariño” a su mascota, la puerta suena.   —Adelante—Grita el jefe, sin quitar su atención de Pinky. Ya que en ese instante, era uno de los pocos momentos, que se permitía contemplar debidamente, el rostro de su gatito   El hombre del otro lado de la puerta, entra de inmediato luego de escuchar la aprobación de su jefe, viendo al instante ese sádico escenario con aquella maquina extraña a un lado, un plato de mascotas hecho un desastre en el suelo, el chico lastimado desnudo de rodillas ante su jefe, mientras este parece estar limpiándole, toda una escena cotidiana de fin de semana.   —El hombre ya llegó ¿Le digo que espere, o que venga el lunes…?—Pregunta el trabajador del dueño de “Pinky”, al saber que su jefe siempre estaba muy ocupado los fines de semana con ese chico.   —Dile que espere. Mándalo a mi oficina, estaré allá en 15 minutos. Gracias Luis—Agradece amablemente el hombre, sin dejar de mirar a Jared.   El trabajador asiente con su cabeza y sin más se marcha, dejando a su jefe a solas con su “mascota”, la cual lo único que deseaba era dormir un poco, tanto así que sus ojos comenzaban a cerrarse solos. El jefe lo notó, y por eso mientras le acariciaba su cabello sucio, pensó que no sería mala idea que Pinky tomara una siesta, de todas formas, tenía el resto de la noche para jugar con él.   —Pinky, ve a tu rincón. Duerme un poco—Ordena el hombre apaciblemente.   Esas palabras  fueron el cielo para Jared, quien gateando lentamente, fue al rincón que le pertenecía, el cual estaba repleto de cojines mullidos, y uno que otro juguete para felinos. Jared de inmediato cayó como peso muerto entre ese montón de cómodos cojines que, sin duda alguna, era lo mejor del mundo, puesto que en su casa, dormía en el suelo frio bajo la poca ropa que tenia. El chico ni siquiera escuchó más a su amo, porque este simplemente cerró sus ojos, y en cuestión de segundos, quedó rendido en un sueño profundo.   ***   —Así que te llaman “El conserje”. Para ser un sicario profesional, te creí mayor. Quizás unos 30 o 40 años cuando mucho—Comenta el jefe, ya sentado en su escritorio, frente al nuevo trabajador—¿Quieres whisky? —Ofrece haciendo un ademan, para que uno de sus empleados, sirviera las bebidas.   —Mejor llámeme Seth, ese es mi nombre. Y por lo de la edad, como dicen por ahí, es solo un numero—Dice con una sonrisa, recibiendo el vasito de vidrio lleno de whisky. Le da un sorbo, y decide ir al grano—Entonces son tres los que tengo que matar ¿Son de cargos mayores o menores? —Pregunta, volviendo a beber otro sorbo.   —Son soplones. A cuatro de su grupo los metieron en prisión, quieren ayudar a la policía a encontrar el cartel, y así les rebajen la condena a sus amiguitos. Es mejor “callar a esos perros” para que dejen de hacer tanto ruido ¿Me comprendes? —Se detiene para reírse, y después beber un sorbo de su whisky— Quiero que parezca un accidente, nada escandaloso, ni sangriento. Eso lo dejo para malditos que valen la pena. Para estos perros, quiero todo muy limpio, que no quede ni un solo rastro que fue un asesinato, según escuché, eres muy bueno en eso— Asegura el jefe, viendo a Seth sonreír de forma prepotente.   —No por nada me llaman “el conserje”, siempre hago bien la limpieza...  a menos que el cliente quiera “que ensucie la casa”.  Siempre me moldeo a lo que pida el que paga— Se detiene para reírse—El precio es lo que acordamos. En efectivo. Mañana los tendrá “silenciados”, la mitad al comenzar, y el resto al terminar—Deja en claro, esta vez con mayor seriedad.   El jefe, por saber que ese chico tenia buena fama en su inusual oficio, decide confiar en él, y con otro chasqueo de dedos, aparece uno de sus hombres con dos fajas de dinero dejándolas en el escritorio. El jefe las coge solamente para entregárselas al muchacho en sus manos.   — Diez mil en efectivo. Cuando termines vienes por el resto—Ordena el Jefe, también con mucha seriedad.   —Vendré mañana en la tarde. Una vez termine el encargo, le envío unas fotos para que vea que el trabajo fue realizado. Bueno, sin más que decir, me retiro—Dice Seth, no sin antes tomarse de un solo sorbo, su bebida de whisky, para después ponerse de pie.   —Perfecto… —Murmura el hombre, levantándose de igual forma, pensando que su lindo Pinky, ya había descansado demasiado, y de tan solo pensar que volvería a jugar con él, siente como su entrepierna vuelve a ponerse dura nuevamente.  
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