Capitulo 2

4978 Palabras
Jared corrió sin mirar atrás ni detenerse en ningún momento, cruzó varias calles y pasó un par de avenidas, solo para evadir a ese extraño, el cual era obvio que no lo buscó para comprarle drogas ¿Qué quería? Ya no importaba, el punto importante era que no podía regresar a esa área de la universidad, a menos que deseara volverse a encontrar con ese sujeto extraño.   —Pero tengo que regresar, ahí vendo bien… aunque hoy me fue pésimo, normalmente me va bien en ese punto…—Piensa Jared descansando en una cera, luego de haber corrido tanto. Cuando sintió que había descansado lo suficiente, a paso apresurado fue al vecindario donde él sabía que podía vender algo, ya estaba anocheciendo, lo que significaba que debía moverse más rápido, porque tenía que llegar a casa para prepararle la cena a sus hermanos.    Con cada minuto que transcurría, Jared comenzaba a preocuparse, porque apenas desde el mediodía, solamente había venido 30 dólares, de los 100 diarios que se suponía tenía que llevar a las manos de Aris, eso no era bueno, habían días flojos pero sus hermanos no comprendían eso, le iban a castigar, y él deseaba dormir tranquilamente esa noche, porque su “dueño” iría por él en la mañana. Como última instancia, o más bien, como un intento desesperado por conseguir los 70 dólares restantes, Jared fue a la casa de un antiguo cliente que siempre le frecuentaba, sin embargo él dejó de venderle, porque este comenzó a pedirle otro tipo de “servicios” que él no brindaba, por ejemplo, chupar p***s. Sin embargo, en esta ocasión estaba dispuesto a ello con tal de conseguir el dinero.   —Tengo que dormir bien hoy… no voy a poderlo hacer por 2 días —Piensa Jared con mayor determinación, deseando tener esas horas de paz que precedían de los encuentros con su dueño.   Con un suspiro cansado, el chico caminó hacia esa casa maltrecha y jardín descuidado, en la casa vecina, parecían estar teniendo una especie de discusión, porque se escuchaba el escándalo fácilmente, a Jared le importó muy poco, él ya tenía sus propios problemas, es por eso que sin más llegó hasta la puerta de su antiguo cliente, tocando el timbre, sintiendo repentinamente mucho frio, al punto de que tuvo que abrazarse a sí mismo. Al cabo de posiblemente un minuto, quizás dos, el hombre abrió la puerta, y cuando vio al chico sonrió.   —¿Jared? Que sorpresa verte aquí…—Responde el hombre, viendo de pies a cabeza al muchacho —¿Qué le ocurrió a tu cabello? Lucias más lindo de rubiecito—Agrega, haciendo estremecer al chico.   —Hola… tengo todo esto—Dice sacando todas las bolsitas restantes que le quedaban —Te las vendo por 70 dólares, es una oferta muy buena. T-Tengo… de todos los tipos—Dice extendiéndole los distintos tipos de drogas que tenia guardados en bolsitas, el hombre ve la mercancía, seguidamente del muchacho.   —Pasa, estas temblando. Debes tener frio porque estas descalzo—Pide el hombre haciéndose a un lado, para que el muchacho pase, pero este de inmediato niega con la cabeza.   —¡No, no gracias, estoy algo apresurado! Eh… ¿Vas a comprar? Si no… pues, debería irme—Deja en claro Jared, pensando que definitivamente era mala idea, hacer algo de índole s****l con ese hombre.   Pero a pesar de la negativa del muchacho, el mayor sujetó la chaqueta de Jared para empujarlo dentro de la casa, el chico de inmediato entró, y el hombre lo apartó un poco para cerrar la puerta. En ese instante, Jared se mordió su labio inferior, sintiendo como su cuerpo temblaba más de lo normal, pero sacando fuerzas de donde no las tenía, intentó empujar a su antiguo cliente para apartarlo de la puerta y así escapar, pero a pesar de sus intenciones, el hombre se lo impidió sujetándole fuertemente por ambos brazos.   —¿Qué te ocurre? Si viniste a mi casa no fue para venderme drogas—Asume el hombre pretendiendo quitarle la chaqueta al muchacho, pero ese hace resistencia—¡Ya deja de resistirte, maldición! ¿Crees que no sabemos lo que te hace “el jefe”? Soy amigo de tu hermano Arthur, ese hijo de puta me cuenta todo, así que no quieras dártelas de muy puro conmigo, gatito—Confiesa entre risas, viendo como Jared se le llenaban los ojos de lagrimas.   —No… pero, p-pero si va hacerme algo, págueme. Quiero el dinero primero—Exige el muchacho con el ceño fruncido, tratando de extender su mano, pero lo que recibe es una bofetada que lo lleva directamente al suelo.   —¿Pagarte 70 dólares por una follada? ¡Tanto golpe te ha vuelto loco! Te mereces 50 centavos, y estoy siendo generoso—Vocifera al mismo tiempo que comienza a desabrocharse su pantalón.   Jared en el suelo,  retrocede como puede viendo como el hombre con su entrepierna bien erecta se acercaba a él, hasta que de un momento a otro, el timbre suena. Ese instante de distracción por parte del hombre que, se voltea viendo en dirección hacia la puerta, Jared los aprovecha cuando se pone de pie, y con todas sus fuerzas lo empuja lejos de él, para correr hacia la salida, sin embargo, el hombre que tan solo se tambaleó un poco por el empujón del delgado muchacho, lo sujeta por la punta de su chaqueta para jalarlo, pero Jared al sentir que ese asqueroso sujeto pretendía agarrarlo por detrás, lo que hizo fue quitarse la enorme prenda con rapidez, y así correr finalmente hacia la salida, la cual a pesar de estar tan cerca, lucia demasiado lejana en ese instante.    Con todo y esa torpe batalla, Jared logra abrir la puerta, y cuando lo hace corre sin mirar por donde iba, puesto que toda su atención se dirigía a su antiguo cliente que por poco, pretendió abusar de él sexualmente. El chico por no darse cuenta hacia donde corría, ni siquiera se percató cuando se chocó con una persona,  seguramente era la que estaba tocando la puerta pensó Jared, al instante que dicho individuo  se voltea, y resulta ser el chico que vio en la tarde por los terrenos de la universidad. El joven cruzó una mirada rápida a Jared, seguidamente de su vecino, el cual sin pudor alguno, se levantaba su pantalón, dejándole en claro al muchacho lo que el dealer y su vecino posiblemente estuvieron haciendo. Jared cuando ve a ese muchacho, siente una ráfaga de temor que se intensifica, cuando observa que en la mano derecha este carga una pistola.   —Con que aquí estas, vámonos—Dice el muchacho levantando a Jared del suelo para llevárselo a quien sabe dónde. El chico simplemente le sigue la corriente porque aquel extraño muchacho estaba armado.   Definitivamente su día no podía ir peor, pensó Jared, viendo como su antiguo cliente ni siquiera dijo una sola palabra, con un rostro asustado, prácticamente se fue corriendo a su casa cerrando la puerta. Jared cuando se sintió fuera de peligro por su antiguo agresor, cae en cuenta que aun seguía siendo sujetado por el otro extraño armado.   —¿Así que en las noches te prostituyes? Vaya… sí que estás bien enfermo—Exclama el muchacho extraño, mientras niega con su cabeza con una fingida tristeza.   —¿E-Eres policía, vas a arrestarme? —Pregunta el chico de cabello rosa en un hilo de voz, asumiendo que eso era lo más lógico, mientras caminaban hacia la casa de al lado, la cual Jared recordó que tenía un escándalo, cuando recién llegó donde su antiguo cliente—¿A dónde me llevas? ¿Qué hice? —Pregunta sintiéndose cada vez más nervioso.   —No soy policía… y te llevaré a mi casa. Finalmente estoy solo—Comenta el muchacho de una manera tan tranquila, que solo agudizó el temor en Jared.   —¿P-Para que me llevas a tu casa? T-Tengo que irme…—Tartamudea Jared, deseando que sus ruegos fueran escuchados por ese joven que, parecía no prestarle demasiada atención.   —Tu boca está sangrando. Te curaré, por cierto, me llamo Seth—Se presenta el joven, al instante que ya están en los territorios de su casa.   Toda esa situación era tan extraña, ese joven apareció en el momento justo, estaba armado, y además en la tarde dijo lo estuvo viendo por largo tiempo ¿Quién era, que quería, que le haría? Pensaba Jared, cayendo en cuenta que la única manera de saber la respuesta a todas sus interrogantes, era siguiéndole la corriente a ese joven, y si terminaba muerto en el proceso, le importaba poco, después de todo, tarde o temprano iba a morir en manos de sus hermanos o de su dueño.   —¿Me curarás? —Pregunta Jared, en el momento que el joven abre la puerta de su casa.   —Sí, pasa…—Pide, esta vez dándose cuenta, que el chico ya no parecía tan renuente como antes.   Cuando entraron a la casa, Jared notó que varios platos, y unas cuantas botellas estaban partidos en el suelo, sin mencionar que, las paredes de esa casa estaban todas rayadas con aerosol rojo, con escritos que decían desde: muerte maldito, jódete, y un sinfín de groserías. Los muebles estaban rotos con lo que parecían ser cuchillazos, y todo a su alrededor lucia muy descuidado, sin duda alguna esa casa era tétrica, posiblemente esa misma noche moriría, pensó Jared bajando la vista hacia sus pies, notando que gracias a esos pedazos de vidrio que había en el suelo, uno de ellos le pinchó uno de sus pies descalzos. Seth también se dio cuenta de eso, y rápidamente dejó el arma a un lado, para buscar una escoba.   —Disculpa, mi casa no siempre fue así. Digamos que… alguien quiso “decorarla”.  Mierda ¿Por qué no te compras unos zapatos? Debes ganar bien chupando p***s, y vendiendo drogas—Comenta de manera distraída, mientras barre el montón de platos y botellas—Deberías subirte al mueble, es peligroso, te puedes cortar otra vez—Ordena señalando el mueble, y Jared solo por seguir la corriente, obedece, colocando sus pies encima de ese sucio y destruido sofá.   Jared ni siquiera quiso preguntar el porqué su casa terminó de esa forma, y es por eso que simplemente se mantuvo callado, pensando que si iba a morir ahí, esperaba que tuviese una muerte rápida. Por otro lado, el muchacho llamado Seth, veía de reojos como el dealer estaba sentado sobre el mueble abrazando sus piernas, ni siquiera se quejaba por su boca lastimada, y mucho menos por el pie que se lastimó hace poco, este simplemente estaba en silencio, viendo la nada, y pensando quien sabe qué. Realmente esa actitud tan callada e incluso obediente, jamás la imaginó en ese chico.   —¿Cuál es tu nombre? —Pregunta Seth sin dejar de barrer.   —Mi nombre es solo para clientes— Responde Jared sin mirar a Seth, el cual esboza una risa.   —Entonces tengo que ser cliente para saber tu nombre—Asume Seth, viendo al chico asentir con su cabeza—¿En este instante en que trabajo estas, el de dealer, o el de prostituto? Ahora comprendo ese cabello rosa, y la perforación en la lengua. Muy típico en putas—Agrega dejando de barrer, para el ver al muchacho que, en esta ocasión le miraba con una expresión que pareció muy  graciosa, tanto que hizo estallar en risas al joven, puesto que el dealer parecía ofendido.   —Yo no…—Jared detiene su explicación, bajando su mirada hacia otra dirección, no tenía sentido explicarle nada a ese chico, él no comprendería—¿Cuándo piensas asesinarme? —Susurra en un tono de voz muy bajito, pensando que ya debía ir al grano, porque si ese chico no lo mataba hoy, sus hermanos lo iban hacer cuando llegara a casa.   —¿Qué, estás loco? No te voy a matar. Solo quiero curarte, aunque esos brazos… sí que están hechos mierda, creo que ahí no puedo hacer nada…—Dice Seth, viendo como los brazos del dealer, estaban llenos de moretones y una que otra laceración.   Jared le importaba muy poco como se encontraban sus brazos, eso era normal en él encontrarse lastimado, es por eso que luego de escuchar ese comentario, lo único que pasa por su mente es la ausencia de su chaqueta especial, sin darse cuenta la había perdido. Su alteración fue tanta, que se levantó estrepitosamente del sofá, pero a pesar de que deseaba tenerla de vuelta, ya debía darla por perdida, porque ni loco volvía a entrar a la casa de su antiguo cliente. Sin embargo, cuando deja de pensar en la única prenda, que le regalaron con lo que él creía era cariño, observa a Seth, este le miraba con una expresión extraña en su rostro, no supo como identificarla.   —Cobro 70 dólares—Dice repentinamente Jared, recordando la razón del porqué terminó en esa área de aquel peligroso vecindario—Haré lo que sea por 70 dólares—Repite, pensando que también el resto de las drogas, las había dejado en la casa de aquel sujeto.   Seth arquea una ceja, viendo como el dealer miraba el suelo, al parecer se le estaba ofreciendo sexualmente por ese precio.   —¿Y qué harás con ese dinero?—Pregunta dejando la escoba a un lado, para prestarle toda la atención a ese chico.   —Haré lo que sea por 70 dólares—Repite una vez más, sin mirar el rostro de Seth—Lo que haga con el dinero, no te importa—Murmura esta vez, viendo de reojos a Seth, por si se acercaba a golpearle o algo parecido.   —Que altanero—Dice el joven, esbozando una risa—¿Qué harás con ese dinero? —Pregunta Seth, esta vez cruzando los brazos.   —Yo…—Se detiene para morderse el labio inferior—Esa es la tarifa…—Susurra sin ver a ese chico a la cara.   Estaba desesperado, cansado, hambriento y triste. Debía irse de allí, llegar a casa darle el dinero a sus hermanos, y dormir lo que quedaba de la noche, es por eso que él sabía  a qué se refería con esa proporción de “hacer lo que sea”, porque al no tener drogas para vender, lo único que quedaba era su cuerpo. Por la cabeza de Jared pasaba, que si llegaba a tener sexo con ese muchacho, por lo menos no sería tan incomodo, porque, si lo miraba con algo de detalle, Seth era atractivo. De piel trigueña, cabello prácticamente rapado,  cuerpo tonificado, y además tenía unos lindos ojos color miel. Todo lo contrario a su dueño, que era un hombre de mediana edad, con problemas de calvicie, y cuerpo maltrecho. Por otra parte, Seth sonríe sacando su billetera del bolsillo trasero de su jean, ese simple movimiento, hizo que el dealer le mirara de reojos,  en su posición encogida, parecía sorprendido y  asustado al mismo tiempo, realmente ese chico sí que era extraño.   —Te daré 100—Confiesa Seth, sacando el billete con Benjamín Franklin impreso en él, y es en esa ocasión, que el dealer le miró más sorprendido que nunca, observando el billete, seguidamente de él.   —No es cierto… si digo 70, no puedes darme 100, es mentira—Murmura, volviendo a bajar su mirada al suelo.   Seth vuelve a esbozar una sonrisa, acercándose lentamente hacia el dealer que, inconscientemente retrocede, hasta que Seth se acerca cara a cara con el muchacho, y cuando esta cerca de él, sujeta una de sus manos para entregarle el billete,  mientras que con su otra mano, le sujeta el mentón para alzarle la mirada, sintiendo como ese chico temblaba como gelatina.   —Ahora soy tu cliente—Susurra Seth, como si le estuviera diciendo un secreto al dealer, para después guiñarle un ojo—Ahora vas hacer todo lo que yo te diga —Ordena alejándose un poco.   —S-Si…—Murmura Jared, colocándose lentamente de rodillas,  para así comenzar a chuparle el pene a su nuevo cliente. Eso no era nada, quizás ese chico por esos 100 dólares tenía pensado hacerle cosas muy sucias, pensaba Jared, mientras le desabrochaba el pantalón.   —Dije que ibas a hacer lo que yo te dijera, y eso que haces, no te lo pedí—Deja en claro Seth, haciendo que Jared quede petrificado asintiendo con la cabeza, si… definitivamente ese chico iba hacer cosas muy sucias con él—Levántate, y siéntate en el mueble—Ordena al momento que se quita las manos de Jared de su pantalón.   Seth observa como el joven obedientemente regresa al mueble, sentándose con los pies sobre este. Si lo miraba con detalle, parecía un niño de 16 o 17 años cuando mucho, es por eso que el joven de ojos miel, se sentó frente a él mirándole sin disimulo, logrando que cuando Jared se enteró de ese incomodo escaneo visual, este se encogió en el sofá, escondiendo su rostro hacia otra dirección. Eso solo ocasionó que  Seth comenzara a reírse.   —¿Quieres otro billete de 100? Te lo ganarás si respondes a todas mis preguntas con la verdad. Y créeme, he estado con muchos mentirosos, estafadores y timadores a lo largo de mi vida, por ende se cuando alguien me miente, y mucho mas lo sabré de ti, que he me dado cuenta en menos de media hora, que eres la persona más expresiva que he visto en mi vida hasta ahora. O el mejor actor, una de esas dos—Explica Seth cruzado de brazos, observando como el dealer, tragaba saliva y se mordía el labio inferior.   Lo había hecho varias veces, eso sin duda era un “tic” que tenía el muchacho, pensó Seth con cierta gracia.   —100 dólares mas, y un plato de leche con cereal…—Exige Jared, esta vez haciendo reír a carcajadas a Seth, y él sin comprender a que se debía esa risa, lo que hizo fue tornarse más nervioso, seguramente estaba jugando demasiado con su suerte, y ahora esta cambiaria en cualquier momento.   —Trato hecho—Accede Seth, haciendo sorprender aun más a Jared, quien rápidamente se llevó ambas manos a su cabello echándoselo hacia atrás, mientras no quitaba esa expresión de estupefacción en su rostro.   —Me llamo Jared—Responde el dealer, asumiendo que esa era la primera pregunta que Seth tendría.   El joven sonríe, pensando que el dealer tenía un lindo nombre.   —Bien, Jared. Espera aquí voy a la cocina a prepararte el cereal y otra cosa más, luces hambriento—Ordena Seth levantándose para ir rumbo a donde dijo que iría, mientras Jared, se mantiene sentado, viendo como el joven se apartaba de él—¿Cuánto años tienes? Luces bastante joven—Pregunta Seth ahora en la cocina.   Jared se asoma sin levantarse del sofá ¿Qué se suponía que estaba haciendo? Ya tenía 100 dólares, o mejor dicho 130 dólares, su tarifa diaria estaba más que cumplida ¿Qué hacia esperando ahí? Lo mejor era irse, pasaba por la mente del muchacho, asumiendo que ese tal Seth seguro tenía algo muy oscuro preparado para él, puesto que, en su mundo, nadie era tan amable, y mucho menos con buenas intenciones. Y así, de esa forma, reviso su pie lastimado para verificar si tenía algún vidrio incrustado, cuando vio que no tenía nada, corrió hacia la puerta alegrándose en gran manera porque esta no estaba con seguro, y sin más salió de allí corriendo lo más rápido que pudo, sabiendo que esa suerte no se repetiría dos veces.   Por otro lado, en la cocina Seth suspiró cansado cuando escuchó la puerta abrirse, y luego cerrarse de un solo portazo, por supuesto el pequeño drogadicto huyó, era algo lógico pensó, pero luego una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, cuando imaginó a ese tal Jared encontrarse con la sorpresa que ese billete que le dio, era falso. Por supuesto, él no iba a ser cómplice de financiarle el vicio a ese muchacho, quizás fue una mala jugada, pero poco le importaba, fue divertido.   —Sabia fingir bien que era un niño bueno—Murmura encaminándose hacia el refrigerador para sacar una cerveza, recordando las expresiones que ponía cada vez que él le hablaba, o se le acercaba.   Sin embargo Seth no era estúpido, él estaba consciente que ningún chico de la calle era bueno, y mucho menos inocente, en la calle debes ser rudo para poder sobrevivir, y más si trabajas vendiendo drogas o tu cuerpo. Él sabía eso a la perfección, tampoco era alguien que vivía muy decentemente.   —Mañana le daré una sorpresa…—Murmura Seth con una sonrisa, mientras bebe de su lata de cerveza.   ***   Una hora después, Jared llega a casa. Sus hermanos estaban en la sala comiendo comida china. Eso sí que era un problema, pero cuando vieran que trajo más dinero de lo estipulado, posiblemente le iban a perdonar el hecho que llegó tarde para hacerles la cena.   —Hasta que al fin llegas—Exclama Austin encaminándose hacia Jared, para darle un manotazo en la cabeza.   —Lo siento, tuve que ir a otros lugares para vender… pero me fue bien—Responde con cierto temor, porque los otros dos hombres se levantaron para también ir a su lado, hasta el punto que terminaron acorralándole.   Aris, el hermano mayor se da cuenta que Jared no tiene esa horrible chaqueta que el jefe le regaló, además tenía el labio hinchado de un golpe que parecía reciente, le pareció extraño verle así, pero por supuesto, no le dio la mas mínima importancia.   —Ya, saca el dinero—Exige Arthur empujándolo un poco para que se apresure.   Jared no se hace esperar, y saca los 130 dólares,  entregándoselos a Aris, quien era el que se encargaba del dinero en la casa, el hombre  con las ganancias de Jared en sus manos, se mantiene en silencio examinando más de la cuenta el billete de más alta denominación, luego de un minuto suspira riéndose.   —¿Quién te pagó estos 100 dólares? —Pregunta Aris, entregándole el dinero a Arthur —Mira esto…—Murmura cuando su hermano recibe el dinero, este al cabo de unos segundos logra darse cuenta, y así le entrega el dinero a Austin para que también vea “las grandes ganancias”,  que hizo el hermano menor.   —Un cliente nuevo…tuve un cliente nuevo hoy, él me pagó ese dinero—Murmura Jared, viendo que sus hermanos estaban actuando extraño—¿Qué ocurre? —Pregunta de forma más baja, comenzando a asustarse, cuando Aris lo sujeta fuertemente de su nuca para llevarlo hacia otro lugar.   —Pues ese maldito cliente nuevo te dio un billete falso ¡Es que acaso eres estúpido! —Grita dándole una fuerte bofetada con el reverso de su mano, para después  arrojarlo al suelo—Austin, tráeme el palo, este hijo de puta dejó que lo timaran—Vocifera mientras Jared en el suelo negaba con la cabeza retrocediendo.   —¡Yo… yo no sabía, por favor hermano, mañana vendrá mi dueño! A él…   —¡Cállate! —Grita Aris interrumpiendo las palabras de Jared, dándole un puntapié directo en las costillas—  ¡Duraste todo el puto día en la maldita calle, para que solo trajeras 30 dólares, y un billete de 100 falso! ¿Crees que vas a salir ileso después de eso?—Grita mas fuerte pateándolo una vez más, hasta que Arthur le entrega el palo, y así este comienza a pegarle con todas sus fuerzas.   Austin y Arthur con unas sonrisas en sus labios, observan gustosos como Aris golpeaba sin cansar a Jared, el cual se cubría la cabeza con sus brazos magullados por ese mismo palo, con el cual todos los días era golpeado. Sin descanso, y su mano bien empuñada sobre aquella arma blanca, Aris se ensañaba con cada golpe, viendo como Jared hecho un ovillo en el suelo, se quejaba casi en silencio, sin decir en ningún instante que se detuviera, y ni que lo hiciera, porque le iría peor.   —Debiste morir congelado, cuando la loca de tu madre suicida te dejó en esa tina. Es una lástima que el imbécil de tu padre llegó antes—Comenta Arthur entre risas, cruzándose de brazos, hasta que Austin sintiente que Aris ya estaba llegando muy lejos con los fuetazos.   —Aris, creo que ya es suficiente… uno de sus brazos está sangrando—Dice con precaución, sujetando un hombro de su hermano mayor, este con una respiración agitada, golpea a Jared un poco más, hasta que decide detenerte.   —Quítate de en medio, estúpido—Gruñe Arthur, dándole una patada a Jared para que se levantara de allí, y el chico como puede se arrastra hacia la cocina donde dormía, escuchando como sus hermanos comenzaron a discutir acerca de si seguir golpeándolo o no.   Cuando Jared llega a su rincón, piensa que ese chico llamado Seth era justamente como el resto, alguien déspota que solo tenía malas intensiones. Era una suerte que escapó antes, porque si hubiese llegado con 200 dólares falsos, en ese instante sus hermanos estuviesen turnándose para golpearle.   —Ah…—Se queja en un hilo de voz, sintiendo como sus brazos y espalda temblaban del dolor, en eso aparece Austin, yendo directamente a su dirección, y Jared cuando lo ve, retrocede lo mas que puede.   Austin se coloca en posición de cuclillas, viéndole fijamente.   —¿Cómo no pudiste darte cuenta que el billete era falso? Ahora vas a quedar vuelto mierda cuando el jefe venga a buscarte mañana—Susurra haciendo que los ojos de Jared se humedezcan un poco.   —No… no sabía. Nunca he visto un billete falso, pero reconozco que fue mi culpa, siempre es mi culpa… debí ser más precavido y yo…—Musita sintiendo como Austin le sujetó el brazo donde vio que sangraba—Ah… no lo toques tan fuerte—Susurra, viendo como el hombre lo chequeó rápidamente, y se dio cuenta que solo tenía un raspón.   —No tienes ningún hueso roto, y ya no llores estúpido. Mejor hazte el dormido, que Arthur tiene ganas de darle una paliza, lo convenceré  para que no lo haga, en fin. Intenta dormir — Susurra en un tono no de voz donde solo Jared y él podían escucharse.   El joven asiente con la cabeza, recostándose viendo como Austin se marchaba. De los tres hermanos, Austin era el que mostraba ciertos rasgos de humanidad con Jared, ya que este era el que lo vestía, alimentaba de vez en cuando, y en algunas ocasiones, era el que detenía los castigos cuando eran demasiado excesivos, todo porque no deseaba que Jared muriera tan pronto ya que, él si estaba al tanto que el jovencito era su principal fuente de ingresos, desde que el jefe se “enamoró” de él. Por supuesto, esa “preocupación” que sentía Austin hacia Jared era egoísta, sin embargo Jared no lo veía de esa forma, creyendo que el menor de los tres hermanos, era el que realmente lo quería.   Al día siguiente   Era sábado, y como todo fin de semana, tocaba pasarlo con “su dueño” el jefe que les proporcionaba la droga a todos los vendedores de ese barrio. Como todos los sábados, el jefe llegaba bien temprano para buscar a su gatito, que era un hermoso niño rubio que tenía desde los 11 años. Actualmente tenía 17, pero aun continuaba con esa aura infantil que a él le encantaba. El jefe tenía pensado deshacerse de él cuando este cumpliera 20 años, ya que a partir de esas edades,  a él ya no les resultaba atractivas sus mascotas.   —¡Levántate! Llego el jefe a buscarte—Grita Aris sujetando de un fuerte jalón, el brazo de Jared quien de inmediato se despertó. A tirones, Aris comenzó a desvestir a Jared y este cuando quedó complemente desnudo, se colocó de rodillas gateando rumbo a su amo, ya sabía qué hacer.   El jefe cuando vio a su gatito llegar hacia él, sonrió gustoso viendo como el chico se colocó a sus pies, al parecer muy alegre por verle.   —Me encanta su cabello rosa, quedará perfecta con su nueva colita—Dice el hombre, sacando del bolsillo de su chaleco, un plug anal que tenía una larga cola color rosa.   Los tres hombres sonrieron gustosos, por saber que el jefe estaba feliz.   —¡También tiene una perforación en su lengua! Me alegra mucho que le guste jefe—Exclama Aris de una forma muy aduladora, observando como el hombre se agachó para acariciar el enmarañado cabello del muchacho.   —¿Estuvieron castigando a mi gatito más de la cuenta otra vez? No me gusta verlo con demasiados moretones y raspones—Pregunta, mientras pasa sus dedos sobre espalda repleta de contusiones, que variaban en tonos verdes, rojos y violetas.   Los tres hombres tragaron saliva casi de manera sincronizada.   —¡Su mascota se porto mal esta semana, jefe! Tuvimos que darle varias lecciones. Me alegra que haya venido, ese gatito rebelde necesita que su dueño lo ponga en cinta—Deja en claro Arthur con una sonrisa malvada en su rostro, viendo como Jared a los pies de su dueño, comenzó a temblar sin disimulo alguno.   — Ya veré que haré con mi mascota, vámonos “Pinky” —Ordena el hombre esperando que “Pinky” le siguiera caminando en cuatro patas, por supuesto. Jared mientras caminaba, o más bien, gateaba, pensaba que ese fin de semana seria larguísimo.
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