—¿Puedes creer que a Matt le empezó a escribir una de las locas psicópatas? —contó Evan, llamando mi atención. Estaba acostada en suelo, bebiendo agua de a poco. Habíamos estado ejercitandonos en una especie de rutina extraña en unos trampolines con una mujer y me ardían las piernas, pero había sido muy divertido también. Hacia años no me subía a uno, desde que mi familia dejó de ser una familia. —¿Y eso? —pregunté inocente. —No lo sé, no sabe como consiguió su número, pero ahora lo acosa —se pasó la mano por la frente, donde había sudor y se le había pegado el cabello—. Le dijo que si no hablaba con ella, iba a terminar por viralizar su número a todas las de la universidad —sonrió divertido. —¿Y que hizo? —Cambió de número. Matt no es idiota, ¿como iba a dejarse amenazar? —bufó y ase

