—A mi me da tanta curiosidad saber cómo son esos hombres. Quien me dijo del trabajo me dijo que nadie los conoce en persona, más que el gruñón amenazador del inicio —comentó Erik mientras caminabamos por el pasillo para bajar al primer piso a tomar algo; aunque eso no lo debíamos hacer, de hecho, no nos importaba. Era el único lugar que tenía algo que nosotros queríamos y aunque no podíamos beber alcohol, los baristas sabían cómo hacer bien su trabajo. —A mi también me dijeron lo mismo —respondí y Sarah nos miraba expectante. —¿Como que no les mostraron nada de ellos? —preguntó incrédula y miré a mi compañera extrañada. —¿Que dices, Sarah?, ¿Tu sabes cómo son ellos? —la miró con ganas de ahorcarla si no lo decía la verdad y sinceramente, yo también estaba curiosa. —No se los voy

