Miré a Sarah antes de pararme de mi silla, tragando saliva. Arreglé mi vestido a medida que me acercaba a la mujer de piernas delineadas, para seguirla hasta la oficina. Todo a mi alrededor se había convertido en una burbuja, donde lo único que escuchaba eran los latidos constantes de mi corazón y las pulsaciones de mi cuerpo, tratando de controlar mis sentidos. Los sonidos externos no me molestaban. Con una mano en la espalda, la mujer me obligó a ingresar al salón, llamando la atención completa de las cuatro miradas penetrantes que habían allí, dejándome pegada al techo. Si ya de por si mantener una sola era difícil, tener a los cuatro devorarndome, como si tuviese una deuda que pagar, me comía por dentro de los nervios. A primera vista me encontré con la mirada oscura e intimidante

