—Es muy grande —dije en medio de un jadeo, rasguñando su espalda. El se estaba deleitando por qué lo estaba recibiendo con mucha presión y eso parecía estimularlo, lo que me ponía a mi mal. —Aguanta —murmuró en mi oído y sentí como las piernas me empezaban a temblar por el dolor que estaba sintiendo, ya que mis paredes se estaban expandiendo alrededor de su m*****o. Comenzó a hacer embestidas suaves para liberar la tensión, por lo que no pude callar los gemidos que me estaban provocando y cada vez iba aumentando la velocidad. El dolor se mezclaba con el placer que sentía y cuando la velocidad aumentó demasiado, tuvo que recostarme en las paredes metálicas del baño y obligarme a sostener de la parte de encima para dejarle libertad a embestirme con fuerza. A comparación de él, era de

