Siete meses después. El sol se coló por la ventana y el silencio era absoluto, excepto por el llanto de mi pequeño. Lo tomé entre mis brazos para calmarlo. —Deprisa —la puerta se abrió de golpe—. Se nos hará tarde. Dame. Yo me encargaré del niño —dijo Bethany —Apresúrate hija. La estilista ya llegó —indicó mi madre. —Amor. ¿Dónde pusiste mi traje? —le preguntó Benjamín a Bethany. —Está en el Armario, búscalo bien —le respondió su esposa. —¡Oh! Mi pequeño ya despertó —mi padre se acercó a su nieto y lo abrazó con ternura. —Todos fuera. La novia debe prepararse —ordenó mi mamá. Bethany abrió mi armario y sacó una enorme caja blanca, la abrió, sacó el vestido y lo colocó sobre mi cama. No terminaba de creérmelo. Frente a mi estaba mi vestido de novia, de satén blanco, con lindos pli

