Hice lo que me pedía. La besé con pasión. Sentí que el tiempo se detenía en su boca. La saboreé después de tanto tiempo y no me importó que todo el mundo nos estuviera viendo. »Sabes que nunca podría negarme a perdonarte. Que tan solo basta una mirada tuya para enternecerme el alma, así seas el tonto más tonto del mundo —dijo ella y la volví a besar. —Te amo tanto, Jessica —susurré, mientras la volvía a besar. —No creo que más que yo —dijo ella. ¡Dioses! Cuanto la extrañaba. Esos ojitos lindo me habían estado robando la calma desde la última vez que los vi. —No me pongas a prueba, señorita Sandoval —la besé otra vez—. ¡Hey! —Me separé un poco para poder ver bien su rostro—. A todas estas. No me has dicho ni sí ni no. Ella me sujetó con fuerza de la solapa de mi chaqueta y me atrajo

