Capítulo 120

971 Palabras

La voz de alguien me hizo despertar de golpe. Al ver quien era, me cubrí el rostro con la almohada. —¡Arriba! De pie. Sal de la cama. ¡Ya! —Déjame en paz, Adrián. ¿Quién te dejó entrar? —Tu hermosa madre. Después de que le conté lo que hiciste, me dejó entrar sin más. Hasta ella se horrorizó. —¿De qué rayos hablas? —murmuré entrecerrando los ojos y quitándome la almohada de encima. —¿Cómo se te ocurre rechazar a Leonardo? —¡Ah! ¿Eso? —Sí. Eso… ¿Te volviste loca? Moví las sabanas para poder sentarme y encarar a mi amigo. —¿Sabes una cosa? —Salí de la cama—. Me harté de que tú, mis padres, mi familia y hasta la gente que no me conoce me digan que debo o no hacer —me acerqué a él, quien me miró con miedo—. Si no me da la gana de estar con un hombre al cual no amo… ¡No estoy! Si me da

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