Tres meses más transcurrieron y muchas cosas sucedieron en ese tiempo. Por más que traté de alejarlo de mis pensamientos, no lo conseguí. En varias ocasiones recibí e-mails de él, pero los borraba sin siquiera tomarme la molestia de leerlos. Bethany me llamaba con frecuencia para darme recados de él, pero yo colgaba antes de que me los diera. Recibí paquetes anónimos, los que nunca abrí. Los regresé sin más. Estaba llegando al último trimestre de mi embarazo y el dolor de mi alma ya no pesaba tanto. En los últimos días, me mostré sonriente al compartir con mi familia y amigos. Aproveché esos meses para retomar mis clases de piano y canto. Me refugié en la música y mis composiciones, donde volcaba mis tristezas. Lo último que escuché de Corbin fue que se rumoreaba que estaba saliendo con

