Me despertó el sonido del teléfono. La alarma estaba programada para sonar a las siete en punto. Salí de la cama poco a poco entre bostezos y estirones. El sonido que emitió mi columna vertebral me recordó que necesitaba algo de ejercicio, pues estaba fuera de forma. La última vez que salí a correr un buen maratón fue... Mi mente se perdió entre los recuerdos. Después de una larga noche de amarnos sin cesar, Corbin y yo nos quedamos dormidos y abrazados. Era el día antes de mi regreso a Londres. Éramos un bultito compacto sobre una gran cama. Corbin se removió y comenzó a llenarme el rostro de besitos. Entreabrí mis ojos... —Arriba dormilona. Ya amaneció —me dio un besito en los labios. Yo me engurruñé entre las sábanas, negándome a levantarme—. ¡Vamos amor! La mañana está excelente

