Desempolvé un vestido que compré en Londres, una semana antes de ir a Norteamérica a ver a Corbin. Pensé usarlo en una de las tantas premieres a las que iría con él, pero se quedó en su misma caja durante meses. Agradecí el hecho que mi panza aún no se notaba, pues si podría usar tan majestuoso vestido. Era una belleza de color dual, blanco y n***o. La parte superior en blanco, de mangas largas transparente y a su vez, hermosos bordados florales cubrían el torso. Entre la cintura y el abdomen se bifurcaba un bordado de color n***o que se entrelazaba con el blanco y se extendía a lo largo de la falda transparente, dejando gran porción de mis piernas a la vista. El vestido era largo, pero fresco. Esa noche, mi mejor amigo me invitó a la premier de una película estelarizada por Leonardo Án

