—No, no, no —Jessica se recostó en la puerta de su trailer en cuanto cerró la puerta y se llevó las manos a la cabeza—. ¿Qué estás haciendo, estúpida? —se recriminó—. Se supone que ibas a mantener tus ridículos arrebatos hormonales a raya —gruñó y resopló con frustración. Alguien llamó a la puerta, haciendo que ella diera un brinco. »¿Quién es? —indagó ella. —Soy yo, Marcus. ¿Podemos hablar? —No me siento bien en este momento —respondió ella—. Vete. —No me iré —dijo él—. No hasta que hablemos. Necesitamos hablar. Ella hizo una mueca de desagrado y resopló con resignación. Abrió la puerta. —¿Puedo pasar? —inquirió él. Ella no respondió, solo se limitó a moverse a un lado. Marcus entró y se situó en frente de ella. »Lamento mucho lo que pasó en el set. No… —él farfulló—. No me gu

