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Invierno en Blackwood

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Descripción

En la majestuosa y sombría mansión Blackwood, el invierno trae consigo más que nieve y frío. Víctor Blackwood, apodado "El Diablo de Blackwood", ha heredado un ducado cargado de responsabilidades, secretos y un pasado que lo atormenta. Ahora, una carta de la reina le exige encontrar una esposa antes del gran baile de Navidad, un evento que no solo definirá su futuro, sino también el de su familia.

Por otro lado, Eleonora Harper, la hija del panadero del pueblo, nunca imaginó que su talento en la repostería la llevaría al centro de la alta sociedad. Contratada para elaborar los postres del baile, Eleonora entra a un mundo de lujos y miradas críticas, donde cada paso que da es observado con lupa.

Pero mientras los preparativos avanzan y los villancicos llenan el aire, la calidez de Eleonora comienza a derretir las barreras de hielo que Víctor ha construido a su alrededor. Sin embargo, el baile también traerá secretos del pasado, rivalidades inesperadas y decisiones que podrían cambiarlo todo.

En medio del brillo de las luces y la magia de la Navidad, "Invierno en Blackwood" es una cautivadora historia de amor, redención y segundas oportunidades. Perfecta para los amantes de los romances de época, esta novela te envolverá en una mezcla de emociones, intriga y la promesa de que incluso en los inviernos más fríos puede florecer la esperanza.

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La Carta de la Reina
POV: Víctor Blackwood El viento golpeaba las ventanas de la mansión Blackwood, trayendo consigo la furia de un invierno que parecía interminable. La mansión, una estructura majestuosa con siglos de historia, se alzaba imponente sobre el paisaje helado. Dentro de su despacho, Víctor Blackwood, el hombre al que todos llamaban El Diablo de Blackwood, contemplaba el fuego en la chimenea con una mirada vacía. El calor del fuego no lograba derretir el hielo que lo envolvía por dentro. Había heredado el ducado hacía apenas tres meses, tras la muerte de su padre, y con ello, una carga que nunca deseó. Sus hermanas, Clara y Sophie, apenas entendían el peso que ahora recaía sobre él, y la sociedad no se cansaba de recordarle su papel como el último Blackwood en la línea. El sonido de los cascos de los caballos resonaba en la entrada de la mansión Blackwood, rompiendo el silencio que había reinado durante toda la mañana. Víctor Blackwood estaba en su estudio, rodeado de documentos del ducado, cuando Sir Edmund tocó la puerta con su habitual precisión. --- Su Gracia, acaba de llegar un mensajero con una carta oficial de la reina," dijo Edmund, sosteniendo el sobre lacrado. Víctor levantó la vista, frunciendo el ceño. ---"¿De la reina?" ---preguntó, tomando el sobre. ---"Espero que sea algo más interesante que los recordatorios usuales sobre mis deberes." El lacre real se rompió con un suave chasquido, y mientras leía las palabras impresas en el pergamino, su expresión se endureció. La carta, aunque cortés, era un recordatorio de que el baile de Navidad no solo era una tradición, sino una oportunidad para que él asegurara su legado. "A Su Gracia, el Duque de Blackwood, Es con gran estima y respeto que Su Majestad dirige esta misiva a usted, consciente del peso que el título de Blackwood impone sobre sus hombros. Desde hace generaciones, su familia ha servido fielmente a la Corona, asegurando estabilidad y prosperidad tanto en sus tierras como en nuestra sociedad. Sin embargo, Su Majestad se ve en la obligación de recordarle que la continuidad de su linaje es una cuestión de suma importancia para preservar la legitimidad de su ducado. La ausencia de un heredero pone en riesgo no solo el legado de su familia, sino también la confianza que la Corona deposita en usted como custodio de uno de los títulos más antiguos y distinguidos del reino. Por tanto, Su Majestad espera que en el próximo evento de Navidad en la mansión Blackwood, se anuncie un compromiso adecuado, conforme a las expectativas de su rango. Confiando en su buen juicio y lealtad a la Corona, Por orden de Su Majestad, Sir Reginald Ashbury Secretario Privado del Palacio Real" Víctor dejó escapar un suspiro, dejando la carta sobre la mesa. ---"La reina insiste en entrometerse en asuntos que no le conciernen. ¿Elegir una compañera? ¿Es este mi único propósito ahora?" ---"El baile siempre ha sido un evento importante para la familia Blackwood," --- dijo Edmund con calma. ---"Y, como sabe, el consejo también espera su participación activa en las festividades. Después de todo, quedan pocas semanas para prepararse." Víctor se reclinó en su silla, mirando hacia la ventana. La nieve caía suavemente, cubriendo los terrenos de la mansión con un manto blanco. --- "Semanas o años, Edmund. Nada cambiará el hecho de que estas festividades son una pérdida de tiempo." Más tarde, mientras recorría los pasillos en dirección al ala este de la mansión, donde estaban las habitaciones de sus hermanas, Víctor no podía evitar un pequeño suspiro de resignación. Clara y Sophie eran lo único que le quedaba de su familia inmediata, y aunque las adoraba, su energía y sus ideas románticas a menudo ponían a prueba su paciencia. Al llegar a la sala común que compartían, encontró a Sophie, de catorce años, sentada en el suelo frente a la chimenea, rodeada de libros de cuentos, mientras Clara, de doce, intentaba tejer algo que parecía más un nudo que un suéter. ---"¿Por qué no estoy sorprendida de verte, hermano?" dijo Sophie, levantando la vista con una sonrisa traviesa. Sus ojos azules, idénticos a los de Víctor, brillaban con curiosidad. "Aunque no lo dijera en voz alta, Sophie siempre había pensado que aquel apodo que los criados susurraban — El Diablo de Blackwood — era injusto. Víctor no era un demonio, sino un hombre atrapado entre sus deberes y su humanidad." ---"¿Vienes a regañarnos otra vez?" Víctor alzó una ceja, cruzando los brazos sobre su pecho. ---"¿Qué te hace pensar que siempre vengo a regañarlas?" ---"Porque casi siempre lo haces," intervino Clara, sin levantar la vista de su desastre de lana. ---"Pero está bien. Sabemos que lo haces porque nos quieres." Víctor dejó escapar un leve suspiro.--- "En este caso, no es un regaño. Es un aviso. La reina ha solicitado que se celebre un baile aquí en la mansión dentro de unas semanas. Será durante las festividades de Navidad." Sophie dejó caer el libro que tenía en las manos. ---"¿Un baile? ¿Aquí? ¿En serio?" ---"Es más que maravilloso," añadió Clara, con un tono más serio. "Es nuestra oportunidad de demostrar que los Blackwood aún son dignos de respeto. Y, Sophie, un baile como este podría significar algo importante para mí también." Víctor alzó una ceja, mirándola con curiosidad. ---"¿Importante? ¿Por qué lo dices, Clara?" Ella dejó su tejido a un lado, su expresión mostrando una madurez que no había tenido hasta ese momento. ---"Hermano, ya tengo doce años. Sé que no es tiempo para un matrimonio todavía, pero muchas familias comienzan a pensar en los compromisos matrimoniales a esta edad. Este baile podría ser una oportunidad para que algunas de las mejores familias de la región nos consideren." Víctor frunció el ceño, cruzándose de brazos. ---"¿Quién ha estado llenándote la cabeza con esas ideas?" ---"Nadie," dijo Clara, con una mezcla de orgullo y vergüenza. "Solo estoy pensando en nuestro futuro, en nuestra posición. Quiero hacer lo que sea mejor para la familia." Víctor se pasó una mano por el cabello, frustrado. "Clara, aún tienes tiempo para disfrutar de tu infancia. Los compromisos y los matrimonios llegarán a su debido tiempo, pero hasta entonces, esa carga recae sobre mí. A decir verdad, primero deberíamos ocuparnos de Sophie antes de pensar en ti." Sophie, siempre el espíritu más ligero, intervino con una risa. ---"Hermano, creo que estás más preocupado porque sabes que esto también significa que tú tienes que buscar una esposa." ---"Eso no es de tu incumbencia jovencita”…---"significa que ambas deberán comportarse a la altura de sus títulos y estar preparadas. Eso incluye nuevos vestidos." Clara levantó la vista, con una expresión de preocupación. ---"Pero, hermano, no tenemos mucho tiempo... ¿Cómo encontraremos algo bonito para el baile?" Víctor se inclinó hacia ella, suavizando un poco su tono. ---"No se preocupen por eso. Hablaré con Edmund para que organice las compras necesarias. Solo asegúrense de estar listas y de no causarme más dolores de cabeza de los necesarios." Sophie sonrió ampliamente. ---"¿Y tú, Víctor? ¿Qué vas a usar? Porque no te imagino bailando con nadie." Él la miró fijamente, aunque su expresión tenía un destello de humor. ---"Mis asuntos no son de tu incumbencia, Sophie. Y en cuanto al baile, recuerden que esto no es solo una celebración. Es una oportunidad para mostrar que esta familia sigue siendo digna de su posición." Clara se levantó, acercándose a su hermano y rodeándolo con un abrazo. ----"Sabemos qué haces todo esto por nosotros, Víctor. Gracias." Por un momento, su rigidez desapareció, y su mano descansó sobre el cabello de Clara. ---"Todo lo que hago es por ustedes," murmuró, más para sí mismo que para ellas. Esa noche, mientras sus pasos resonaban en los pasillos de piedra, Víctor sintió el eco frío de la soledad que envolvía la mansión. Las paredes, adornadas con retratos de sus antepasados, parecían observarlo con ojos acusadores, como si lo culparan de sus propias inseguridades. Víctor no podía dejar de pensar en las palabras de Clara. Sabía que tenía razón. A los ojos de la sociedad, Clara ya estaba en edad de comenzar a ser considerada para un futuro compromiso. Pero para él, todavía era una niña, alguien que necesitaba ser protegida de los juegos y las intrigas de la aristocracia. Sin embargo, la presión de encontrarle un esposo adecuado recaía en él. Era otra responsabilidad más en una lista interminable, y el pensamiento lo abrumaba. Si Clara debía casarse algún día, sería con alguien que la valorara por lo que era, no como un simple peón en los juegos de poder. Cuando llegó a su estudio, tomó la carta de la reina una vez más. Sus palabras eran un recordatorio de que este baile no solo afectaría su futuro, sino también el de sus hermanas. ---"Semanas," murmuró, mirando las llamas de la chimenea. ---"Semanas para demostrar algo que no deseo. Pero lo haré. Por ellas." --- "Una compañera adecuada," murmuró, recordando las palabras de la carta. La sola idea lo llenaba de frustración. Había pasado suficiente tiempo con las jóvenes de la alta sociedad para saber que ninguna de ellas le interesaba. Sus vidas eran una mezcla de intrigas, bailes y matrimonios arreglados, una farsa que él no estaba dispuesto a perpetuar. Sin embargo, sabía que el baile era inevitable. El consejo ya había insistido en que la celebración sería una muestra de la estabilidad del ducado bajo su liderazgo. Y la reina no dejaba espacio para dudas: debía cumplir con sus expectativas. --- "Si debo elegir una esposa," pensó, "será en mis propios términos." Cuando el reloj marcó el mediodía, Edmund volvió al estudio, esta vez con una lista en la mano. --- "Su Gracia, he preparado una lista de los preparativos pendientes para el baile," ---- dijo, colocando el pergamino sobre la mesa. ---"Los invitados confirmados, el menú propuesto y, por supuesto, las decoraciones." Víctor tomó la lista con desgana, sus ojos recorriendo los nombres de los invitados. Muchos eran figuras importantes de la sociedad, algunas con reputaciones impecables y otras con una inclinación por el escándalo. Entre ellos, un nombre llamó su atención: Victoria Pembroke. --- "¿Victoria estará en el baile?" preguntó, con una ceja levantada. --- "Así es. Lady Pembroke ha confirmado su asistencia. Es una figura importante en la corte, y su presencia refuerza el prestigio del evento." Víctor dejó la lista sobre la mesa. ---"Prestigio... o intrigas. Victoria siempre ha tenido un talento para ambas cosas." Edmund permaneció en silencio, sabiendo que el tema no requería más comentarios. Esa noche, mientras paseaba por los pasillos de la mansión, Víctor no podía evitar pensar en lo mucho que había cambiado su vida desde que asumió el título de duque. La mansión, con sus galerías interminables y sus ventanas que reflejaban la nieve, se sentía más fría que nunca. Había crecido aquí, había corrido por estos pasillos cuando era niño, soñando con aventuras más allá de sus muros. Pero ahora, estos mismos pasillos se sentían como una prisión, una constante recordatoria de sus responsabilidades. Al llegar a la biblioteca, se detuvo frente a uno de los grandes ventanales. Desde allí podía ver el jardín cubierto de nieve, un espacio que solía ser el orgullo de su madre antes de su muerte. Sus dedos tamborilearon contra el marco de la ventana mientras pensaba en las palabras de la reina. ---"Semanas," murmuró. "Semanas para demostrar algo que no me interesa, para buscar algo que no necesito." Y sin embargo, en el fondo, sabía que no podía ignorar las expectativas de la reina ni las del consejo. El baile sería un éxito, como siempre lo había sido. Pero elegir una compañera adecuada... ese sería su desafío personal.

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