Luego de dos meses, Camila creía que se había acostumbrado por fin a no volver a esperar una llamada de Wilson, en las noches ya no esperaba frente a la ventana de su nueva y hermosa casa a que llegara y se levantaba más temprano de lo que era usual para ella, porque el vacío en esa cama era insoportable. Pero más insoportable aún era escuchar a Miguel preguntando todos los días por "papi Wilson". La primera vez sus ojos se cristalizaron y se dio cuenta del gravísimo error que había cometido, pero ese día Miguel le dejaría ver que era más astuto e inteligente de lo que el creía. —No va a volver, ¿verdad? —Hijo, Wilson no va a venir, no más. —Papi Wilson —aquello parecía más una corrección para Camila— ¿por qué? —El tiene cosas que hacer y por ahora no es posible que regrese. —¿Es p

